Terciaria: Giovanna Maria della Croce
[Grabado] Anónimo, en Vita della Venerabile Madre Giovanna Maria della Croce di Roveredo. Fondatrice de due Monasteri di Monache di S[anta] Chiara, dette Urbaniste, di S[an] Carlo in Roveredo e di S[anta] Anna In Borgo di Valsugana, scrittada unreligioso della riformata provincia di S[an] Vigilio. Trento, Per Giambattista Monauni, 1780, s.f.
[Grabado] Anónimo, Giovanna Maria della Croce di Roveredo, Biblioteca Nacional de Austria (Bildarchiv und Grafiksammlung). Signatura: PORT_00018330_01
Imaginar un convento de clausura femenina −en especial, después del Concilio de Trento− nos puede llevar a construir en nuestra mente un espacio sobrio, desolado, alejado de cualquier lujo o adorno. Sin embargo, trayectorias como la de Bernardina Floriani −también conocida por su nombre de religiosa: Giovanna Maria della Croce− nos acercan al complejo mundo de las religiosas del Antiguo Régimen, más diverso y heterogéneo de lo que la Iglesia católica estaba dispuesta a admitir.
Bernardina nació el 8 de septiembre de 1603 en el seno de una familia de clase urbana; su padre, Giuseppe Floriani era un pintor no demasiado conocido y su madre, Girolama Tessadri, era maestra de una escuela para niñas. Bernardina comenzó desde muy joven a trabajar en la escuela de su madre y, de hecho, −según se defendió en la causa de su beatificación− sus lecciones atraían a las hijas de los nobles de Rovereto con su cristianísima piedad. En 1615 Bernardina conocerá Tomasso Acerbis de Viani (1563-1631) un terciario franciscano que cambiará la vida de la religiosa no solamente por ser quien le animó a fundar el primer monasterio femenino de Roverete, sino por sus contactos con la Corte de Viena, concretamente, con Leopoldo V. En 1626 Claudia de Medici, hija del gran duque de Toscana, Fernando I, y de Cristina de Lorena, realizó una parada en Rovereto de camino a Innsbruk conde se casaría con el archiduque de Austria, Leopoldo V. Mientras esta se encontraba rezando en el oratorio de San Carlos, conoció a Bernardina, quien le expresó sus inquietudes religiosas y profecías. A partir de ese momento no cesaría el contacto entre ellas y Claudia de Medici se convertiría en la principal protectora de la santa viva[1]. Ante la ausencia de un convento que permitiera la clausura femenina en Rovereto, Bernardina se reunía en la casa de Elena Gertrude Simoncini junto a otras mujeres devotas de la ciudad para realizar prácticas religiosas comunes. Se conformó así un grupo de laicas que acabaron viviendo en cohabitación, lo cual no estaba bien visto por los cánones tridentinos, pues estos solo aprobaban la estricta clausura femenina conventual. No obstante, en la década de 1630 Bernardina conocería a quien haría material dicho proyecto monástico: Sibilla Függer-Lodron, de cuyo potencial económico y redes sociales se serviría la santa viva para fundar sobre la antigua iglesia de Santa Maria del Giglio el monasterio de Carlos Borromeo; conjunto engrandecido tras la adquisición de las casas de alrededor. Por parte de Tommaso Acerbis se conseguirían 15.000 florines para dicha empresa otorgados por el propio Leopoldo V. En 1648 se inaugura el monasterio de San Carlo Borromeo y tres años después, Bernardina entró en profesión en el mismo bajo el hábito de terciaria franciscana y con el nombre de Giovanna Maria della Croce. De hecho, la aprobación pontificia para dicha congregación no llegó hasta 1665. La prosperidad que alcanzó dicha congregación fue tanta que les permitió la compra de un palacio en el centro de la ciudad de Roverete: el Palazzo Del Bene-d’Arco, aunque esto se produciría tras la muerte de la fundadora. Igualmente, como anexo al monasterio de San Carlo, la venerable mandará construir entre 1668 y 1672 el monasteriode Sant'Anna di Borgo-Valsugana bajo el amparo del emperador Leopoldo III, justo un año antes de la muerte de su fundadora (1673).
Asimismo, ciertos testimonios nos hablan de la trascendencia que tuvo la religiosidad de nuestra fundadora. Fue en la Iglesia de San Carlo donde fundó el “Oratorio delle Donne”, donde cada día festivo, antes de las Vísperas, las religiosas se reunían para realizar oración mental mientras leían libros devotos y repetían algunos rezos en voz alta con el objetivo de, mutuamente, adentrarse en los discursos espirituales y acerarse a los deales de piedad y virtud cristianas. En suma: “La Serva di Dio reggeva, e dirigeva tutte le altre, e non permetteva, che in quel tempo parlassero di cose non appartenenti, o a Dio, o al bene dell’anima; ma […] in riguroso silenzo”[2]. De hecho, Giovanna consideraba que fuera cual fuera su edad o condición −noble, plebeya, vieja o joven−, las mujeres debían acogerse al mayor recogimiento no solamente a través de la oración, sino también portando un velo negro sobre sus cabezas; práctica que no era común en este ámbito. Pronto, la ardiente religiosidad de Bernardina traspasó fronteras y llegó a la ciudad de Trento, donde se reunió con el conde Mattia Galasso −estrecho colaborador del emperador Fernando III− en su palacio, junto a otras damas y mujeres importantes de la ciudad trentina. Allí, Bernardina dio a conocer sus métodos, empleados en el “Oratorio delle Donne”; lo cual se dice que llevó a la fundación de un oratorio en Trento que siguió las mismas instrucciones. De hecho, bajo las enseñanzas de Bernadina, Mattia Galasso fundaría poco tiempo después el convento alle Laste, que por entonces eran las afueras de la ciudad. Es más, con el objetivo de que sus enseñanzas perduraran en el tiempo y superaran la dimensión de la oralidad, Bernardina optó por hacer imprimir las instrucciones con las que esta regía el Oratorio delle Donne, bajo el título: Breve Instruzione per la Compagnia dell’Oratorio delle Donne,dedicato all’ Illustrissima Signora Contessa Giovanna Madruzzi Bolckestain, che fu eletta prima Priora del medesimo (Trento, 1636).
Por ende, nos encontramos no solamente con una religiosa que desde su ciudad natal tejió una serie de redes personales y políticas que le permitieron llevar a cabo una tarea fundacional y de patronazgo religioso -llegando a adquirir distintas propiedades-. Por otro lado, la trayectoria de Bernardina Floriani, nos ayuda a ver como en muchos casos la práctica irrumpía con esa teoría triunfalista de los cánones tridentinos, en torno a la férrea clausura que se quiso insturar y que impediría a estas mujeres vivir reunidas sin seguir una regla y la clausura; al menos en un principio, tal y como hemos visto a través de las reuniones de estas mujeres "santas" en la casa de Elena G. Simoncini. Así pues, nos topamos con una religiosa que hizo que viajara tanto ella como sus ideas a través de la cultura material: para este caso, varias fundaciones religiosas alentadas por personajes influyentes como el conde Mattia Galasso y a través de la cultura escrita.
ANDREA LECHA GONZÁLEZ
[1] Asimismo, otros miembros femeninos de la dinastía Habsburgo contactarían con Bernardina para pedirle consejo, tales como la archiduquesa Ana o las emperatrices Margarita Teresa y Claudia Felicidad del Sacro Imperio.
[2] Vita della Venerabile Madre Giovanna Maria della Croce di Roveredo. Fondatrice de due Monasteri di Monache di S[anta] Chiara, dette Urbaniste, di S[an] Carlo in Roveredo e di S[anta] Anna In Borgo di Valsugana, scrittada un religioso della riformata provincia di S[an] Vigilio. Trento: Per Giambattista Monauni, 1780, 72.