Proyectos de Investigación

Capuchinas: María Lorenza Longo

[Grabado] Michael Van Lochom, "Retrato de María Lorenzo Longo" en la Colección de grabados del príncipe Luis Felipe, prínicipe de Orleans, 1639. París: Palacio de Versailles.


Anónimo, Beata María Lorenzo Longo giunto a San Francesco di Paola, San Tommaso d’Aquino, San Gaetano e San Francesco d’Assisi. Pala d'altare presente nella chiesa di Santa Maria del Popolo degli Incurabili e oggi esposta nel Museo delle Arti Sanitarie.


Anónimo. Compañía de los Blancos, Retrato de María Lorenza Longo. Óleo sobre tela. Siglo XVII.


El capuchino Mattia Bellintani da Salò −primer biógrafo de nuestra Beata− describió a María Lorenza Longo como “Una Señora española de Cataluña, que se llamaba María Laurentia, de noble casa llamada Richenza”. En efecto, son pocos más los datos fidedignos que se tienen sobre los primeros años de vida de María Longo. A pesar de que durante décadas se haya mantenido que era oriunda de Nápoles por sus apellidos, hoy se sostiene que estos se corresponden a una italianización de “Lorenza” −en catalán Llorenç− y de “Longo” −que se deriva del apellido de su marido “Llonc” −. Con base en un documento encontrado en el Archivo de las Clarisas Capuchinas (Nápoles), se certifica que un sobrino suyo fue un célebre clérigo de Lérida, por lo que esta última fue catalogada como su posible  ciudad de origen. No obstante, a partir de su matrimonio, las fuentes arrojan más información sobre su vida.

En efecto, María Longo contrajo matrimonio con Joan Llonc, Regente de la Regia Cancillería del Reino de Aragón, quien se convertirá en un hombre de confianza del rey Fernando el Católico. De hecho, los biógrafos que han relatado su vida la describieron como una “donna vivace e allegra, dedica allá vita mondana e al ballo”[1]. En este contexto, Mattia da Salò hace referencia a un episodio sucedido en los primeros años de su vida matrimonial, que marcaría en lo sucesivo la aventura religiosa de nuestra Beata. El biógrafo describe cómo a causa de la dureza con la que María Longo trató a una de sus criadas, esta aprovechó que su señora le pidió de beber después de un intenso baile, para verter un veneno que la dejó paralítica[2]. Este padecimiento físico limitó su movilidad física, hasta tal punto que casi renunció a acompañar a su marido, por mandato de Fernando el Católico, a Nápoles, ciudad donde María Lorenza Longo alcanzaría una fama de santidad que la llevaría a su beatificación en el año 2021.

En efecto, María Longo llegó a Nápoles en el séquito de Fernando el Católico junto a su marido nombrado miembro del Consejo Colateral del Virreinato napolitano −órgano similar al Consejo de Aragón−. Era el 1 de noviembre de 1506. En los años inmediatamente posteriores dos acontecimientos marcaron la vida de la Beata: en primer lugar, la muerte de su marido en 1508; y, en segundo lugar, el recrudecimiento de su enfermedad. Para combatirla, María decidió ir a la Santa Casa del Loreto en 1509 por los milagros que allí se realizaban, atravesando media Italia −se cree que en litera− [3]. Una vez hubo llegado al Santuario del Loreto −famoso por ser uno de los grandes centros de peregrinación del mundo católico− se dice que en medio de la misa María sintió como si le fuese dada una mano por todos sus miembros perdidos y rígidos, lo cual le habría restituido a su primer estado. Los ecos del milagro corrieron como la pólvora por todo Nápoles y María Lorenza fue  reconocida por su prodigiosa curación en el Loreto. En suma, a través de su relación con la Corte en Nápoles, tuvo ocasión de estrechar relaciones con los grupos de poder napolitanos y aragoneses presentes en ese momento en la ciudad. Gracias a sus contactos y le mediación de Ettore Vernazza[4] se consiguió fundar en Nápoles el equivalente al Hospital de los Incurables[5] que ya había conseguido establecer en Génova o Roma anteriormente. También se fundarían otros análogos hospitales en Venecia, Brescia, Piazenca o Florencia.

El 23 de marzo de 1522 los enfermos del Ospedale San Nicola se trasladaban en procesión al nuevo hospital denominado Santa Maria del Popolo degli Incurabili -pensado para acoger a enfermos de sífilis y a convertidas− y desde entonces, nuestra Beata: “abrazó con grande espíritu esta empresa, asumiendo el gobierno de los enfermos, tanto de hombres como de mujeres, haciéndolo todo con maravilloso ejemplo y edificación no solo en toda la ciudad de Nápoles, sino también fuera”[6]. Asimismo, hemos de pensar que Nápoles se presentó en el Renacimiento  como una ciudad dinámica y con un mundo religioso heterogéneo y variado en el cual las mujeres tenían un protagonismo notable −como se puede  contemplar  a través del perfil de otra religiosa, Orsola Benincasa−. Por ende, no es de extrañar que el hospital fundado por María Lorenza se convirtiera en un polo de atracción de otras órdenes, en  este caso, de los capuchinos  y los teatinos.

Tanto las fuentes teatinas como las capuchinas aseguran que fueron miembros de estas respectivas órdenes quienes movieron a la Beata María Lorenza Longo a la decisión de llevar a cabo una nueva fundación bajo la regla de Santa Clara para su propio retiro, especialmente, bajo el influjo de Cayetano de Thiene. De hecho, es la bula Debitum pastoralis officii del 19 de febrero de 1535 la que aprueba las constituciones de una nueva rama de la familia clarisa que nuestra Beata había decidido fundar: las clarisas capuchinas. En este contexto se fundó el Monasterio de Santa María de Jerusalén[7], que sería conocido en lo posterior como cenobio femenino más estricto y observante de la ciudad de Nápoles. Fundación que, además, contó con el apoyo de importantes figuras femeninas de la sociedad napolitana de la época como Caterina Cybo o Vittoria Colonna, célebres por su  implicación con círculos humanistas. María Longo, ya incapacitada por una grave enfermedad, dejó toda responsabilidad y actividad en el hospital sucediéndole en el cargo la que había sido su más estrecha colaboradora: María de Ayerbe. Según las más recientes  investigaciones, la muerte de María Lorenza fue en 1539 en Santa María de Stalleta de los teatinos.

Así pues, trayectorias como la de María Lorenza Longo nos permite acercarnos  al contexto de efervescencia y de aspiración de reforma religiosa del Nápoles de comienzos del siglo XVI y de la participación activa de distintas mujeres que formaron parte de estas convulsiones que acabarían derivando en la celebración del Concilio de Trento (1543-1563). Un contexto del que María Lorenza Longo supo sacar partido a partir de sus contactos con las élites italianas y aragonesas del virreinato napolitano; posición desde la que tejería distintas relaciones con la nobleza (por ejemplo, a través de personajes femeninos tan relevantes como Vittoria Colonna) y las órdenes religiosas italianas que en ese momento apostaban por una reforma integral de la iglesia católica a partir de la vuelta a los ideales de la extrema pobreza y la oración continua. De este modo, la fama de María Lorenza y su ejemplo de santidad trascenderían las fronteras del mundo napolitano a partir de su empuje en la reforma de las monjas capuchinas adscritas a la regla de santa Clara; orden que superó el marco temporal y geográfico de su fundadora como se puede ver a partir de la fundación de múltiples conventos en los siglos posteriores por Europa y América. Cuestión que se puede comprobar a partir de los otros perfiles de monjas clarisas capuchinas de la presente página, cuyas trayectorias también son ejemplificantes de un mundo religioso móvil y transnacional.

ANDREA LECHA GONZÁLEZ

[1] Adriana Valerio, «Un tantillo di fe mi ha salvata!», 9.

[2] No obstante, Giulano Passaro habla con convicción de que lo que padecía era el mal francés, identificable con la sífilis que podía causar una parálisis progresiva, además de enfermedades de la piel.  Passaro, Storia in forma di giornali, 293.

[3] Se estima que la ruta seguida sería la siguiente: Aversua, Capua, Francolise, atravesando el Garigliano y prosiguiendo por Mola de Gaeta, Itri, Terracina, Sezze, Sermoneta, Castelli Romani (Velletri  y Marino), Roma, Foligno, Colfiorito, Macerata, Loreto.

[4] Notario, hijo espiritual de Catalina de Génova, quien comenzó la Compañía del Divino amor y las obras a ella asociadas.

[5]  Edificado en la zona denominada Sant’Angello en Caponapoli. Hoy en día, santa Maria del Popolo degli Incurabili se ha convertido en el Museo delle Arti Sanitarie di Napoli.

[6] Mattia da Salò, Historia Capuchina II, 259. Rosa Lupoli, Del grito de los últimos al silencio de Dios, 59.

[7] Al que la Venerable Orsola Benincasa trató de ingresar casi un siglo después.  


Fuentes y bibliografía

Falanga, Agostino. The Venerable Maria Lorenza Longo. Foundress of the Hospital of the Incurables and the Capuchin Poor Clarises of Naples (1563-1547). Nueva York: Paulist Press, 2009.

Lupoli, Rosa. Del grito de los últimos al silencio de Dios: biografía de la beata María Lorenza Longo, fundadora del Hospital de los Incurables de Nápoles y de las Monjas Capuchinas (aprox. 1463-1539). Madrid: Provincia de Hermanos Menores Capuchinos de España, 2024.

Mastroiannni, Fiorenzo F. María Lorenza Longo: fundadora de las Clarisas Capuchinas y del Hospital de los Incurables. Pamplona: Curia Provincial de Capuchinos, 2005.

Valeri, Adriana. «Un tantillo di fe mi ha salvata!»: Maria Lorenza Longo, fondatrice dell’Ospedale  degli Incurabili e delle Monache Capuccine. Milán: Paoline, 2023.