Dominicos: Diego Aduarte

Pareja de Sangleyes. Códice Boxer. Indiana University Library.

Macao. Antonio Bocarro. Livro das Plantas de todas as fortalezas, ciudades e povoações do Estado da Índia Oriental. Évora: 1635.

Malaca. Antonio Bocarro. Livro das Plantas de todas as fortalezas, ciudades e povoações do Estado da Índia Oriental. Évora: 1635.
Aduarte, Diego. Historia de la Provincia del Sancto Rosario de la orden de predicadores en Philipinas, Japón y China. Manila, Colegio de Sancto Tomás: Luís Beltrán, 1640.
Juan Diego Aduarte nació en 1569 en Zaragoza, donde pasó los primeros años de su vida. Por azares de la historia, en 1584, cuando contaba con 16 años, Aduarte se cruzó en Alcalá de Henares con el dominico Juan Crisóstomo, que estaba preparando la fundación en Filipinas de una nueva provincia de su Orden. Parece ser que este encuentro le llevó a tomar el hábito en Alcalá en 1586. Desde entonces, se dedicó a su formación y estudio dentro de la Orden con la vista puesta en pasar a las misiones de ultramar cuando tuviera la oportunidad.
En 1594, siendo ya sacerdote del convento complutense, llegó Alonso Delgado quien, en nombre de Miguel de Benavides, estaba reclutando frailes que quisieran evangelizar las Indias Orientales. Aduarte se presentó como voluntario junto con el hermano Francisco Blancas, y ambos se dirigieron hacia Sevilla para esperar la salida de la flota de Indias. En la ciudad del Guadalquivir se reunieron con el resto de voluntarios de la expedición, entre los que se encontraba Gabriel de San Antonio, con el que Aduarte acabó teniendo una estrecha relación.
Tras la partida de la flota, el zaragozano comenzó a demostrar sus capacidades para asumir responsabilidades, aprender las lenguas y culturas de los pueblos a evangelizar y ganarse la confianza de sus compañeros. Un primer indicio de ello se dio en Nueva España, mientras esperaban la salida del Galeón Manila. El vicario de la expedición, Alonso Delgado, murió y Aduarte, a instancias del resto de miembros de la expedición, asumió el liderazgo, existiendo otros frailes que le superaban en edad y experiencia. Esta era la primera vez que asumía este tipo de responsabilidades, pero en el futuro lo haría en repetidas ocasiones.
En Filipinas se le encomendó el ministerio de los chinos de Manila —sangleyes— y se dedicó con gran profusión al aprendizaje de su lengua, habilidad que le sirvió notablemente en sus viajes por las costas de Asia oriental. Además, siguiendo el camino marcado por Domingo de Salazar y la práctica común en los dominicos del momento, actuó como defensor de los sangleyes frente a los castellanos y sus autoridades. Prueba de ello es la Carta de los chinos infieles de Luzón al Rey[1], en la que un grupo de sangleyes pedían la protección y compensación por parte de la Corona ante los malos tratos sufridos por los soldados castellanos. En el documento aparece el texto y las firmas de los sangleyes en caracteres chinos al lado de la traducción realizada por el padre Aduarte.
Pese a los esfuerzos de los dominicos de Manila por penetrar en el Imperio Celeste, las puertas de China estaban todavía cerradas a los misioneros mendicantes. Dominicos y franciscanos buscaron entonces alternativas para la expansión de su misión en Asia oriental y comenzaron a penetrar en la península Indochina en los reinos de Camboya y Siam —Tailandia—, donde ya se encontraban algunos dominicos portugueses. De esta forma, cuando ene 1596 el rey de Camboya pidió el apoyo castellano frente a la invasión del rey de Siam, los dominicos de Filipinas vieron la coyuntura como una oportunidad magnífica para consolidar su presencia en el reino y la corte camboyanas. Desde Manila, los castellanos prepararon varias expediciones para intervenir en el conflicto y en ellas participaron también los padres dominicos, entre ellos el propio Aduarte. Pese a que la intervención castellana en Camboya fue un fracaso, las expediciones llevaron a Aduarte y a otros de sus hermanos no solo hasta Camboya, si no que por distintas vicisitudes también pasaron por los reinos de Siam, Champa, Tonkín e, incluso, la propia China.
En Cantón, donde había naufragado la última expedición castellana después de haber escapado de Tonkín en 1598, Aduarte hubo de dialogar con las autoridades chinas para que les permitiesen ir hasta Macao y desde allí volver a Filipinas. Allí coincidió con el jesuita Diego de Pantoja, que iba camino de la capital china. El dominico consiguió convencer a unos desconfiados mandarines que pensaban que el naufragio castellano era una excusa para penetrar en China —como había ocurrido en otras ocasiones—, demostrando así su dominio del chino. Sin embargo, cuando los castellanos partieron de vuelta a Manila, el zaragozano permaneció en Macao durante un año.
En 1600, Aduarte intentó volver a Manila, pero la embarcación en la que iba sufrió daños en unas tempestades que la llevaron a enclave portugués de Malaca, donde ya había estado tras el fracaso de la primera expedición castellana a Camboya. Allí se encontró con fray Gabriel de San Antonio, que había sido nombrado procurador de los dominicos de Filipinas y enviado a la Corte en la Península para conseguir el apoyo de la Corona a una expedición de mayores dimensiones para intervenir en Indochina.
En el enclave portugués, al que llegó al poco de finalizar unos duros disturbios en los que participó el propio fray Gabriel, Aduarte conoció que también había sido nombrado procurador de la provincia de Filipinas ante la Corte, por lo que se le encomendaba preparar su viaje de vuelta a la Península. Como hizo fray Gabriel, decidió tomar la ruta portuguesa, partiendo a finales de 1600, pasando por Ceilán en enero de 1601 y desde allí llegando a Goa poco después, donde permaneció un tiempo junto con fray Gabriel. En septiembre de 1603 se embarcaba rumbo a la Corte vallisoletana. Ante la Corona expuso lo sucedido en Camboya y pidió el envío de una expedición desde la Península junto con otros compañeros. Además, se le encomendó reclutar religiosos para enviarlos a Filipinas mientras fray Gabriel preparaba la expedición desde Valladolid. Finalmente, en 1605, partía hacia México con 34 hermanos rumbo a las Islas de Poniente.
A su vuelta en Manila a principios de 1606 fue elegido prior del convento de Santo Domingo, pero, poco tiempo después, llegaba noticia desde México de la muerte del nuevo procurador enviado a la Corte, por lo que Aduarte volvió a embarcare en julio de 1607 hacia la Península. Esta vez pasó algún tiempo más en Europa, preparando expediciones, recabando apoyos para consolidar la presencia castellana en Filipinas y un mayor compromiso de la Corona con la misma, mientras esperaba poder entrevistarse con el general de la Orden. Finalmente lo consiguió viajando a Francia en 1611 donde, además, fue nombrado definidor del Capítulo General celebrado en París.
De vuelta a la Península continuó, esta vez asumiendo toda la responsabilidad, preparando expediciones hacia Filipinas: una que partía en 1611 con 32 religiosos, otra en 1615 con otros 32 y un última con 27 religiosos, a los que él mismo acompañó de vuelta a Filipinas, aunque al llegar a México, sus superiores le ordenaron volver a la Península. Esto provocó que permaneciera en Castilla durante otros diez años, tiempo que probablemente empleó para comenzar la escritura de su obra, a la vez que continuaba con su labor de procurador de su provincia consiguiendo cédulas reales y permisos para seguir ampliando y consolidando la presencia dominica en Asia. Por fin, pudo regresar a Manila en 1628 junto con unos 20 religiosos más. Poco tiempo después de su llegada conocía que había sido nombrado obispo de Nueva Segovia en Filipinas. Terminó su obra, Historia de la Provincia del Sancto Rosario de la orden de predicadores en Philipinas, Japón y China, en los primeros años de la década de 1630, poco antes de su muerte en 1635, aunque esta no se imprimió hasta 1640 en el colegio de Santo Tomás de Manila. Su último año de vida lo pasó dedicado a su diócesis, recortando gastos personales y destinando la mayor parte de sus rentas a la ornamentación de la iglesia y a las limosnas.
ÁNGEL GARCÍA RUBIO
[1] Archivo General de Indias, Filipinas, 1, n. 268.
Fuentes y bibliografía
Fuentes
Aduarte, Diego. Historia de la Provincia del Sancto Rosario de la orden de predicadores en Philipinas, Japón y China. Manila, Colegio de Sancto Tomás: Luís Beltrán, 1640.
San Antonio, Gabriel de. Breve y verdadera relación de los successos del Reyno de Camboxa. Al rey don Philipe nuestro señor. San Pablo de Valladolid: Pedro Lasso, 1604.
Archivo General de Indias, Filipinas, 1, n. 268.
Bibliografía
Busquets, Anna. «La Fundación de la Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas y las primeras acciones de apostolado en las islas». Archivo Dominicano, XLIV (2022): 71-87.
Cervera Jiménez, José Antonio. Tras el sueño de China. Agustinos y dominicos en Asia Oriental a finales del siglo XVI. Madrid: Plaza y Valdés Editores, 2013.
González García, Teodoro. «Aduarte, Juan Diego. Zaragoza, 1569 - Nueva Segovia (Filipinas), 1636. Dominico (OP), historiador, obispo». Historia Hispánica: https://historia-hispanica.rah.es/biografias/502-juan-diego-aduarte.
Ollé, Manel. Islas de plata, imperios de seda. Juncos y galeones en los Mares del Sur. Barcelona: Acantilado, 2022.