Descalzas: Catalina de Este y Saboya
Escuela Madrileña, Retrato de Sor Margarita de la Cruz, Sor Ana Dorotea y Sor Catalina María. Monasterio de las Descalzas Reales, Patrimonio Nacional.
El dos de febrero de 1613 nacía en Módena la cuarta descendiente del matrimonio entre Alfonso III de Este −duque de Módena y Reggio− e Isabel de Saboya −hija de Catalina Micaela de Austria y, por tanto, nieta del monarca Felipe II−: Catalina María de Este, cuyo prestigioso linaje determinará su fugaz existencia.
Con el objetivo de reforzar las relaciones políticas entre los Este y los Habsburgo, Catalina fue enviada a temprana edad a Madrid, a desempeñar un papel fundamental en un centro de poder que no pasaba desapercibido para los embajadores y personas principales que se acercaban a la Corte madrileña durante los siglos XVI y XVII: el monasterio de las Descalzas Reales. Esta “otra Corte” fundada por la princesa de Portugal, Juana de Austria (1535-1573) a mediados del Seiscientos es todo un ejemplo de cómo, para estudiar la política en los siglos modernos, no podemos hacernos una idea cercana y correcta hasta que no tenemos en cuenta que la religión y la política eran dos caras de la misma moneda, en especial, para las mujeres de la alta política moderna y, en este caso, de las pertenecientes a la Casa de Austria. Aunque, por supuesto, tampoco se puede entender la ida de la joven princesa de Módena a las Descalzas sin la labor diplomática de la sobrina de la fundadora: Margarita de la Cruz. Bajo el pretexto de aumentar la presencia de los Habsburgo en el monasterio y al amparo de su estrecha relación con Emmanuele Filiberto de Saboya, Margarita consiguió que Isabel de Saboya −la madre de Catalina− enviase a la que por entonces era su hija menor a las Descalzas. Estrategia que sirvió a los Este para mostrar su afinidad a los Habsburgo y reafirmar su influencia, en especial, tras la pérdida del ducado de Ferrara en el año 1598. Así pues, Margarita, figura muy influyente al ser prima del rey Felipe III y muy cercana a la reina Margarita, se convirtió en la protectora de la joven Catalina; en quien, a su vez, su Casa depositaba una gran responsabilidad. Según estudios recientes, la labor política y diplomática de la princesa de Módena se puede constatar a través de correspondencia conservada, a través de la cual Catalina describe tanto su trato con las personas de la familia real Habsburgo, como los ceremoniales litúrgicos y religiosos llevados a cabo en las Descalzas; así como el intercambio de regalos que, entre otras cuestiones, materializaba los afectos con su Corte de proveniencia.
El viaje de Catalina a Madrid estaba planeado hasta el más mínimo detalle, desde el séquito de cortesanos hasta el ceremonial y los distintos objetos que la princesa se llevaría al convento (joyas, cuadros, reliquias, etc.). De hecho, gracias a crónica del ducado de Módena escrita por Spaccini, podemos conocer los nombres de algunos de los acompañantes de la joven princesa:
"Dopo pranzo verso li 22 hore s’e partito la Principessa Cattarina per Spagna accompagnata delli Infante Duca, filli, Principessa Giulia et Principessa di Venosa, Duchesa della Mirandola e guardia e nevicava forte et l’hanno accompagnata sin a Marsaglia, che tutti di tenerezza piangevano, ma lei per esser di gran animo no a mostrato molto dolore nella partenzza, essendo accompagnata a Reggio dalli Principi filli, Francesco Opizzo e Cesare, va con lei la Contessa Arsiglia Palavicina Montivecchi; la Contessa Arsiglia Covapani ed suo Marito, il conde Giovanni Antonio Montivecchi, figliolo della Contessa Arsilia. Di Dami: Dona Isabella Manfredi da Reggio, Dona Emilia del Conte Fabio Scotti Desfuria Regi; Bartolomea Rangoni e Margherita Boti, e li loro creati Girolamo Amigono per Thesoriero..."[1]
Finalmente, Catalina llegó a Madrid el tres de mayo recibida por Felipe IV y la Corte con grandes honores. Así, entró en las Descalzas como “sor Catalina Este y Saboya”, lugar donde tristemente fallecería siete años después, sin siquiera llegar a profesar como monja. De este modo, llegaba a su fin la vida de la joven princesa de Módena, figura donde la faceta política −como princesa− y religiosa −como monja, aunque no profesa− representa a la perfección las dinámicas llevadas a cabo en el Monasterio de las Descalzas Reales por gran parte de sus integrantes durante los siglos XVI y XVII; hecho que también nos permite entrever la "porosidad" de las paredes de un convento de clausura.
ANDREA LECHA GONZÁLEZ
[1] Giovanni Battista Spaccini, Cronaca da Modena (1621-1631), Vol. VII, fol.2r
Fuentes y bibliografía
Anselmi, Alessandra. I rapporti tra Roma e Madrid nei secolo XVI e XVII: arte, diplomazia e politica. Roma: Gangemi, 2014.
Checa, Fernando (dir.). «La otra corte. Piedad femenina y gusto cortesano en los monasterios reales de las Descalzas y la Encarnación de Madrid». En La otra corte. Mujeres de la Casa de Austria en los Monasterios de las Descalzas Reales y la Encarnación, dirigido por Fernando Checa Cremades, 15-41. Madrid: Patrimonio Nacional, 2019.
García Sanz, Ana. «Juana de Austria: un modelo de intervención femenina en la Casa de Austria». En Mujeres en la Corte de los Austrias: una red social, cultural, religiosa y política, editado por María Leticia Sánchez Hernández, 249-274. Madrid: Polifemo, 2019.
Martinelli Braglia, Graziella. La politica del monastero: Caterina Maria d’Este (1613-1628) nelle Descalzas Reales di Madrid. Abstract della relazione presso la Deputazione di Storia patria per le antiche provincie modenesi, Modena, 25 novembre 2023.
Palma, Juan de. Vida de la serenissima Infanta sor Margarita de la Cruz, religiosa descalza de Santa Clara. Dedicada al Rey Nvuestro Señor Philippe IIII. Impreso en Madrid en la Imprenta Real, en el año 1636.
Sánchez, Magdalena, S. The Empress, the Queen, and the Nun. Women and Power at the Court of Philip II of Spain. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press, 1998.