Proyectos de Investigación

Carmelitas Descalzas: Ana de San Bartolomé

Ana García Manzanas nació el 1 de octubre de 1549 en el seno de una familia humilde, dedicada al pastoreo. En 1570, con 21 años, accede al Carmelo Descalzo de Ávila, pronunciando los votos en 1572. En sus años dentro del convento ocupó diferentes oficios como el de portera, el de enfermera o el de cocinera. Pese a pasar algunas temporadas enfermas, acompañó a santa Teresa de Jesús en las fundaciones de Palencia, Soria, Burgos y Villanueva de la Jara.

En 1604, tras el fallecimiento de la santa, formó parte del grupo de monjas enviadas a consagrar la expansión de la orden en Francia y los Países Bajos. Junto a Isabel de los Ángeles, Beatriz de la Concepción, Leonor de San Bernardo e Isabel de San Pablo participó en la fundación del Carmelo de la Encarnación de París (1604) —del que llegará a ser priora—, en la del Carmelo de Pontoise (1605), en la del Carmelo de Tours (1608) y en la del Carmelo de Amberes (1612). Durante esta última estancia ya definitiva en Flandes, Ana de San Bartolomé entabló una relación íntima con la infanta Isabel Clara Eugenia. De hecho, muchas de sus damas entrarán a formar parte de la orden, tal es el caso de sor Clara de la Cruz, quién llegará a ser una de las hermanas de mayor confianza de Ana de San Bartolomé. 

“En los Estados de Flandes, también fue provechosa la venerable madre Ana de San Bartolomé, pues como se escribe en su vida, dos veces libró por sus oraciones la Villa y Castillo de Amberes, y en ella, a todas las Provincias, que obedecen y reconocen a nuestro rey católico”[1].

Su participación en este viaje y su posterior estancia en los Países Bajos ha hecho de su figura y de sus escritos una muestra viva del alcance e importancia que tuvo la orden carmelita a finales del XVI y durante la primera mitad del XVII. La expansión del Carmelo permitió a estas monjas rebasar las fronteras de la clausura. Prueba de ello son las más de 700 cartas de Ana de San Bartolomé repartidas por los archivos de la orden tanto en Bélgica y España como también en Austria, Francia, Italia o Inglaterra. Además, su autobiografía ha sido otro de los testimonios que ha quedado de su figura con ejemplares en francés, castellano o neerlandés.

[1] (Reforma de los descalzos de nuestra señora del Carmen de la primitiva observancia, hecha por santa Teresa de Jesús, en la antiquísima religión, fundada por el gran profeta Elías. Tomo IV, Libro XVIII, Urb. VIII, p. 754. Madrid: Díaz de la Carrera, 1683. Biblioteca estatal de Baviera (Deutsche Digitale Bibliotheck)