Jesuitas: Diego de Torres Bollo
[Portada] Diego de Torre Bollo, Relatione Breve del P[adre] Diego de Torres della Compagnia di Giesù, Procuratore della Provincia del Perù... In Milano: Per l´her. del quon. Pacifico Pontio, & Gio Battista Piccaglia compagni, 1603.
[Portada] Diego de Torres, De Rebus Peruanis Rdi. P. Dieghi de Torres, Societatis Iesu Presbyte... Auntuerpiae: Ex Officina Typographica Martini Nutti, ad intersigne duarum Ciconiarum, 1604.
Diego de Torres Bollo (ca. 1550-1638) nació en 1550 o 1551 en Villalpando (Zamora), proveniente de una familia probablemente acomodada. Después de haber estudiado en Palencia y Salamanca, decidió entrar en el noviciado jesuita en diciembre 1571. Cursó filosofía en Ávila y teología en Valladolid (1576-1580). Finalmente, fue ordenado sacerdote de la Compañía de Jesús en 1580, y este se ofreció rápidiamente como voluntario para la misión en Perú. Llegado a Lima el 20 mayo 1581, le fue asignada la importante “doctrina de indios” (una especie de parroquia enteramente dedicada a la conversión y a la formación católica de los amerindios) en Juli (1581-1585)[1]. Diego se dedicó a aprender los idiomas quechua y aymara. Luego, fue enviado como rector a los colegios del Cusco (1586-1592) y Quito (1592-1596). Entretanto había emitido el cuarto voto jesuítico en Lima (1588). Durante su estancia en Quito, el religioso logró apaciguar el conflicto entre los amotinados y el virrey García Hurtado de Mendoza. Pasó a ser rector (1597-1599) del colegio de Potosí (Bolivia), y, en 1599, acompañó al visitador Esteban Páez, por casi toda la vastísima provincia jesuítica del Perú.
Un momento fundamental en su trayectoria fue, en 1600, el nombramiento como procurador de la provincia peruana en Roma y Madrid. En particular era el encargado de tratar con el general de la Compañía, Claudio Acquaviva, la creación de dos viceprovincias vista la dificultad creciente de atender desde Lima las casas y colegios jesuitas desde Panamá hasta Chile y el Paraguay. Llegó a la Península en abril de 1602 desde donde, después de unos meses, viajó a Italia a través de Francia, llegando a Milán en octubre de 1602, donde conoció al arzobispo, cardenal Federico Borromeo, coleccionista de arte y bibliófilo. De allí el religioso fue a Roma, donde estuvo por tres meses, para luego volver a Castilla por el mismo camino llegando a Valladolid, donde se encontraba la corte de Felipe III en agosto 1603. El cardenal Borromeo le había conferido la tarea de llevar unas reliquias de Carlo Borromeo, para conseguir el apoyo real a su canonización.
En Madrid, Diego presentó en 1603 un detallado Memorial a Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos y presidente del Consejo de Indias, en el cual defendía la legitimidad de la conquista de América, afirmando, sin embargo, que el uso de este don de Dios al rey católico se había ido pervirtiendo con la explotación de los indios. En práctica, el jesuita subrayaba la obligación de la Corona en la conversión y defensa de los amerindios en cambio de los metales preciosos americanos. En Roma, Diego publicó en italiano la Relatione breve […] circa il frutto che si raccoglie con gli Indiani di quel regno [del Perú], en la que utilizaba de manera original los relatos de misioneros en varias partes del mundo. Este texto dio a conocer a un amplio público la acción de las misiones jesuíticas en el mundo conocido. Como parte de la estrategia de divulgación de los éxitos de la Compañía, el texto fue no solo reeditado en Milán (1603) y en Venecia (1604), sino también traducido al alemán, francés, latín y polaco. Entre tanto 1603, el general Acquaviva decidió crear la viceprovincia del Tucumán con los territorios de esta Gobernación, y de la Audiencia de Charcas y la del Nuevo Reino de Granada -con los actuales territorios de Panamá, Ecuador y Colombia-. Sin embargo, poco después, ante las repetidas peticiones de reforzar la acción de la Compañía, sobre todo en el Paraguay y Buenos Aires, el mismo general se resolvió instituir con estas dos tierras, el Tucumán y la Capitanía General de Chile, la nueva provincia jesuítica del Paraguay. La Audiencia de Charcas quedó dentro de la del Perú. Acquaviva encargó a Diego de Torres de fundar concretamente esta nueva provincia del Paraguay. En abril 1604, el religioso regresó de Europa con cuarenta y seis jesuitas, de los que diez iban destinados a la provincia del Nuevo Reino. Dejándolos en Cartagena (Colombia), siguió con los demás a Lima, adonde llegó el 22 noviembre 1604. El provincial de Perú, Esteban Páez, haciendo caso omiso del nombramiento del religioso como provincial del Paraguay, le designó viceprovincial del Nuevo Reino. Diego se dedicó igualmente a la tarea y viajó a Quito y a Santafé de Bogotá.
De toda forma, Acquaviva desautorizó la decisión del provincial peruano e insistió que Diego tomase posesión del cargo de provincial del Paraguay. Así que, a finales de 1607, el jesuita llegó a Córdoba del Tucumán con trece jesuitas. Durante su provincialato se volvió a abrir la casa de Asunción (cerrada por Páez), se inauguró el colegio de Córdoba y se fundó la residencia de Santa Fe. En 1608, llegaron ocho jesuitas, y dieciséis, en 1610. Con ese refuerzo Diego de Torres comenzó el sistema de “reducciones” de indios en las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay. Se trataba de algo que había sido experimentado por los franciscanos y un jesuita: Diego añadió su propia experiencia en la doctrina aymara de Juli. Dispuso que los pueblos se hiciesen "al modo del Perú", con el establecimiento de una plaza central con iglesia, casa de los padres, casa de gobierno, y calles con cuadras regulares. Es posible que también en la organización interna hubiera habido alguna influencia del mundo aymara, como la distribución del pueblo por grupos étnicos, a semejanza de los ayllus andinos, con alcalde propio. En sus cartas anuas al general de la Compañía de 1610, 1611 y 1612, Diego relató la fundación de los primeros pueblos, abriendo así la abundantísima historiografía sobre las reducciones guaraníes. En 1608 se tuvo la primera Congregación provincial del Paraguay en Santiago de Chile. En consideración de las inmensas distancias, fue aprobada la creación de la viceprovincia de Chile, dependiente de la provincia del Paraguay. Durante su provincialato, Diego impulsó también las misiones en las islas de Chiloé, y dio instrucciones sobre la acción de los miembros de la Compañía en contra del servicio personal de los indios. Su actitud decisiva (1612) en este aspecto repercutió sobre todo en Chile fue abolido el servicio personal de los amerindios. Acabado su provincialato en 1615, pasó a Córdoba, de cuyo colegio fue rector poco después. Hacia 1621, volvió a la ciudad de Chuquisaca (Sucre), donde murió en 1638.
MASSIMO CARLO GIANNINI
[1] Ciudad peruana a orillas del lago Titicaca.
Fuentes y Bibliografía
Obras de Diego de Torres Bollo:
Relatione breve del P. D. de Torres della comp. di Giesù, procuratore della provincia del Perù, circa il frutto che si raccoglie con gli Indiani di quel regno. Roma: Appresso Luigi Zannetti, 1603.
Bibliografía:
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Maldawsky, Aliocha. “Memorial de Diego de Torres Bollo al presidente del Consejo de Indias (1603)”. Travaux et Documents Hispaniques TDH, n. º 3 (2012) : 1-9.
Massimi, Marina. “Temperamentos e qualidades anímicas dos jesuítas nos primórdios da Provincia jesuítica do Paraguay: Analise do Catálogo redigido por Diego de Torres Bollo (1614)”. IHS. Antiguos Jesuitas en Iberoamérica, n.º 12 (2024): 4-25.
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Piras, Giuseppe. “P. Diego de Torres Bollo S.J. (1550-1638) e gli inizi delle reducciones nel Paraguay”. En Il Sacro e il paesaggio nell’America indígena. Atti del Colloquio internazionale, Bologna, 1-2 ottobre 2002, 1-10. Bologna: CLUEB, 2003.
Piras, Giuseppe. “P. Diego de Torres Bollo, il potere coloniale spagnolo e la «salvación y libertad de los indios»”. Archivio per l’Antropologia e la Etnologia, CXXXV (2005): 83-94.
Storni, Hugo. “Torres Bollo, Diego de”, en Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, editado por Charles E. O’Neill, Joaquín María Domínguez IV. Roma: Institutum Historicum Societatis Iesu, 3824-3825.