Proyectos de Investigación

Descalzas: Jerónima de la Asunción

Diego Velázquez, La venerable madre Jerónima de la Fuente, 1620. Madrid: Museo Nacional del Prado.


[Grabador] Joseph Mota, Verdadero retrato de la Venerable Madre Geronima de la Asumzion, en fray Ginés de la Quesada, Exemplo de todas las virtudes y vida milagrosa de la venerable madre Gerónima de la Assumpción, Abadesa y Fundadora del Real Convento de la Concepción de Virgen Nuestra Señora […] (En México: por la viuda de Miguel de Ribera, 1713).


Jerónima de la Fuente nació en Toledo, a 9 de mayo de 1555, el día de la Traslación de san Jerónimo. Fue la tercera descendiente de la familia formada por Pedro García Yáñez, destacado jurisconsulto; y Catalina de la Fuente, quien, según uno de los biógrafos de la religiosa, fray Bartolomé Letano[1], sería la que marcó la senda espiritual y virtuosa de la pequeña Jerónima. Este mismo nos relata cómo “del exemplo de la madre emano el raudal, ó pielago de las insignes virtudes déla hija”[2], debido a su extensa dedicación a obras caritativas y de ayuda a los pobres y necesitados. Tanto fue así que acabaría por fundar el beaterio de San Antonio de Toledo, que más tarde se convirtió en el convento de Franciscanas de San Antonio[3]. En efecto, como suele ser habitual, a través de los escritos que revelan las biografías de estas “santas” mujeres, se apela a la “nobleza” y ejemplaridad de su linaje, así como a los signos que esclarecían desde un inicio su predisposición a la santidad, a partir de diferentes testimonios. Por ejemplo, Letano recogió que: “acavada de destetar solia de ordinario llorar diçiendo que no quería ser niña sino niño por poder ser Saçerdote, y disponerse para decir Missa cada día. La noche antes de la Comunión nunca dormia, sino que la pasaba en Oraçion, siliçios y disciplinas á exemplo de su Madre, que assi lo hacia”[4].

Gozase o no de esta fuerte propensión religiosa, lo cierto es que Jerónima de la Fuente profesó como monja clarisa en el convento de Santa Isabel de los Reyes[5] cuando contaba 16 años, el 17 de agosto de 1571, tomando Jerónima de la Asunción como nombre de religiosa[6]. Esta vivió en la clausura de Santa Isabel durante 41 años, entre 1617 y 1619, pasando por distintos trabajos –enfermera, gallinera, vicaria de coro, maestra de novicias, etc.–. Se desconoce cómo y cuándo Sor Jerónima tuvo noticia de la existencia de las Islas Filipinas y de qué manera comenzó su proyecto de fundación en Manila de una filial de su convento toledano. Sí se sabe que fue el padre dominico Diego de Soria –obispo de Nueva Segovia y, posteriormente, de Filipinas–, quien viajó a España y Roma en el año 1599, y a su paso por Toledo, se entrevistó con Jerónima. Sería este el encuentro en el que el fraile le expresó, supuestamente, la necesidad de una evangelización femenina en Manila. Años más tarde, sería el franciscano Pedro Matías de Andrade quien tuvo una conversación con sor Jerónima de la cual acabaría por fraguarse el proyecto que la llevaría a embarcarse rumbo a Manila. Sin embargo, ciertos obstáculos acabaron por retrasar la misión, principalmente: “lo uno por haber pocos españoles, y lo otro porque era tierra nueva a la vista de muchos enemigos”[7]. A la postre, Pedro Chaves –maestre de campo– y su esposa, Ana de Vera, donaron en el año 1612 una serie de casas que eran de su propiedad; contribución que dio un gran impulso al proyecto de la Venerable. Sin embargo, como ya se ha señalado, la empresa tardaría años en materializarse. En 1612, el franciscano José de Santa María escribió un memorial dirigido al Duque de Lerma por el cual solicitaba que fuese Jerónima de la Asunción la encargada de llevar a cabo la fundación del convento de Santa Clara en Manila. No sería hasta el acuerdo alcanzado por el Consejo de Indias del 29 de febrero de 1620 que se daría licencia para “llevar 6 monjas de Santa Clara Descalzas para fundar un monasterio por no haber ninguno de religiosas, que es muy necesario para el buen ejemplo de todas aquellas nacionales y para remedio de algunas siervas de Dios e hijas de conquistadores”[8].

Como se desprende del arreglo alcanzado por el Consejo de Indias, el objetivo principal de dicho cenobio femenino debía de ser el de acoger a las hijas solteras de los castellanos en Manila; lo cual explicaría que dicha fundación contase con el apoyo de las élites españolas afincadas en Filipinas, pues veían en el proyecto de la Venerable una vía para solucionar la preocupación en torno al patrimonio familiar y la descendencia. Además, se esperaba que sor Jerónima, dada su fama de santidad[9], en su paso por México se encargase de examinar la observancia de los conventos de franciscanas que allí existían. Así fue como las seis religiosas –Jerónima de la Asunción, Leonor de San Francisco, Ana de Cristo, Magdalena de la Cruz, Magdalena de Cristo y María de la Trinidad[10] partieron de Toledo rumbo a Sevilla el 28 de abril de 1620. El 22 de junio viajaron de Sevilla hacia Cádiz –travesía en la que Diego Velázquez pintó el famoso retrato de la religiosa que hoy en día se encuentra en el Museo Nacional del Prado[11]–, hasta llegar a México, donde arribaron en el mes de septiembre. Allí se alojaron en el convento de la Visitación, donde distintas religiosas se unieron a estas en su expedición. De este modo, las religiosas se dirigieron a Acapulco desde donde más tarde zarpó el barco que las conduciría a Filipinas.

Cuando Jerónima y sus compañeras pisaron tierras filipinas en julio del año 1621, esta primera contaba ya con sesenta y seis años, y hacía tan solo cincuenta que Legazpi había fundado la ciudad de Manila. Por lo tanto, no existía un control sobre la mayor parte del territorio que, por aquel entonces, se estima que contaría con entre unos 2.000 y 3.000 castellanos[12]. Partimos, por ende, de una gran desventaja numérica respecto al número de chinos (sangleyes), filipinos de Luzón, núcleos de mercaderes de otras zonas del Sudeste asiático, junto con una minoría de japoneses cristianos que ya se encontraban en las islas. El mismo día de su llegada, las monjas se alojaron en las infraestructuras donadas por Ana de Vera y su esposo, aunque, en segunda instancia, mientras se adecentaban las casas que constituirían el cenobio femenino, estas se trasladaron a Sampaloc, a 2 km al norte de Manila. El 10 de agosto de 1621 se celebraría por primera vez en las Filipinas la festividad de Santa Clara, con el pronunciamiento de un sermón realizado por el santo mártir del Japón, fray Luis Sotelo[13]. No sería hasta el 31 de octubre de ese mismo año que las monjas harían toma efectiva del convento conocido como Real Convento de Santa Clara de Manila, el cual puede aparecer también en las fuentes como Santa Isabel de Manila, por su filiación con su homónimo en Toledo. No obstante, la construcción no logró aguantar los terremotos de los años 1645 y 1658. Finalmente, el convento se reconstruyó y aguantó hasta 1945, cuando fue destruido por el bombardeo de Manila en el contexto de la Segunda Guerra Mundial[14].  

A pesar de las múltiples dificultades que sufrió Jerónima de la Asunción al frente de la comunidad de religiosas –principalmente, provenientes de las autoridades religiosas masculinas de su propia orden– y las disputas generadas en torno a cómo debía regir el convento, la Venerable ocupó un lugar preminente en la dirección del mismo hasta su defunción. Sor Jerónima falleció el día 22 de octubre de 1630, a la edad de setenta y cinco años, cuyo cuerpo fue expuesto públicamente también a partir de sus retratos funerarios, a través de los cuales se veló su cuerpo en Manila, México y en Santa Clara de la Puebla de los Ángeles. Efigies que, aunque no han sobrevivido, se cree que pudieron inspirar la producción de efigies, o verdaderos retratos, de la Venerable, que se conservan en diferentes grabados del siglo XIX. A este respecto, destaca el verdadero retrato del pintor Joseph Mota en 1712, cuya primera edición se publicó en México en 1713[15]. No obstante, el legado material de Jerónima de la Asunción consiguió trascender en el espacio y en el tiempo. Tras su muerte, distintas monjas que habían participado de la empresa filipina de sor Jerónima se trasladaron a Macao para fundar allí un convento adscrito a la primera regla de Santa Clara y bajo la advocación de la Concepción de María, cuyo éxito quedó bajo el amparo de la Unión de Coronas entre Portugal y Castilla. Empresa que, al igual que en Manila, podría ser fruto de un interés por promover fundaciones católicas femeninas en Macao; a lo cual se incorporaría la experiencia previa de estas religiosas en Filipinas. Sin embargo, como consecuencia de la separación entre ambos reinos, en 1644 la fundación llegó a su fin tras la expulsión de las religiosas castellanas de tierras portuguesas. Estas retornaron a Manila donde su viaje llegó a su fin.

En conclusión, a pesar de las imposiciones establecidas por el Concilio de Trento en lo que corresponde a la estricta clausura conventual femenina, se ha podido comprobar cómo las religiosas no solamente velaron por la preservación del catolicismo desde el interior de los muros de la clausura, sino que, a su vez, contribuyeron a su expansión a partir de diferentes fundaciones que las llevarían a recorrer tierras americanas y del sudeste asiático, como resulta del paradigmático caso de sor Jerónima de la Asunción y sus compañeras.  La fama de santidad de Jerónima le granjearía no solamente notoriedad entre sus contemporáneos, sino también su perdurabilidad en la memoria colectiva a partir del periplo que esta realizó, ya en edad avanzada, pasando por México hasta llegar a las Islas Filipinas, que por aquel entonces eran consideradas tierras ignotas, mal comunicadas y, en la práctica, casi despobladas. Sin embargo, el horizonte fundacional de sor Jerónima no descansó en Manila, sino que su proyecto se extendió, postmortem, a Macao. Por último, resulta perentorio destacar el viaje de la imagen de la Venerable, cuyos retratos acabaron por quedar grabados en el imaginario colectivo y por traspasar las fronteras del espacio y del tiempo. Así, la memoria de su misión y fundación quedó inmortalizada en un contexto amplio que la llevó a traspasar los límites de la clausura femenina a través de su legado material y su cuerpo físico, así como de las representaciones que de este se hicieron, tanto viva como difunta. Lo cual, a su vez, nos conduce a reflexionar sobre las distintas formas de articular un discurso para la confección de la santidad femenina, construida en torno a la circulación impresa y manuscrita como a partir de las imágenes, y en el valor que cobró en la época la travesía de estas mujeres.

ANDREA LECHA GONZÁLEZ

[1] Este fraile franciscano escribió su biografía de Jerónima de la Fuente, más bien conocida como Jerónima de la Asunción, basándose en un escrito anterior que no llegaría a publicarse, escrito por Ana de Cristo, religiosa que acompañó a la Venerable en el proceso de fundación y construcción del convento de Santa Clara de la Concepción de Manila. Religiosa que, a su vez, inmortalizó la vida de Jerónima a partir de la autobiografía que ella misma había escrito y que hoy en día se encuentra en paradero desconocido. Irene Llorens Martos, «Vida y escritura conventual en Manila: Jerónima de la Asunción y Ana de Cristo», Gerónimo de Uztariz, n. º 38 (2024): 235-236.

[2] Bartolomé de Letona, Perfecta Religiosa (Impresso en la Puebla: por la uiuda de Juan de Borja, 1662), Libro I, fol. 3r. También cabe mencionar la otra biografía que se popularizó de la religiosa, escrita por el franciscano fray Ginés de la Quesada, bajo el título: Exemplo de todas las virtudes y vida milagrosa de la venerable madre Gerónima de la Assumpción, Abadesa y Fundadora del Real Convento de la Concepción de Virgen Nuestra Señora […] (En México: por la viuda de Miguel de Ribera, 1713).

[3] Herbet González Zymla, «Los viajes de sor Jerónima de la Fuente: claves de la proyección de la espiritualidad franciscana femenina en México, Manila y Macao», en Arte Barroco y vida cotidiana en el mundo hispánico. Entre lo sacro y lo profano, coord. por Paula Revenga Domínguez (Córdoba: El Colegio de Michoacán, 2017), 304.

[4] Letona, Perfecta Religiosa, fol. 4v.

[5] Herbert González Zymla, «Sor Jerónima de la Asunción y la Inmaculada Concepción de Santa Isabel de los Reyes en Toledo», en Copia e invención. Modelos, réplicas, series y citas en la escultura europea (Valladolid: Museo Nacional de Escultura, 2013), 269. Este fue el segundo cenobio de monjas franciscanos que hubo en Toledo. Este fue fundado por María de Toledo, hija de los señores de Pinto, quienes estaban emparentados con los Duques de Alba. 

[6] Ibidem.

[7] González Zymla, «Los viajes de sor Jerónima de la Fuente», 308.

[8]  Ibidem, 309.

[9] Entre las diferentes anécdotas que fijaron en la memoria colectiva la santidad y el misticismo de sor Jerónima, destaca la ocasión en la que la reina Margarita de Austria-Estiria, en su visita al convento de Santa Isabel, le comunicase a la religiosa los problemas que estaba experimentando para quedarse embarazada. Jerónima le impuso las manos sobre el vientre y oró ante una imagen de la Virgen de Belén. A los 9 meses de la visita, la reina Margarita dio a luz al heredero al trono, Felipe IV. González Zymla, «Los viajes de sor Jerónima de la Fuente», 307.  

[10] A este grupo se unirían otras dos seglares: Juana Jiménez y Luisa (de la que se desconoce el apellido).

[11] Aunque lo cierto es que se conocen tres ejemplares. Uno de ellos localizado en el Museo del Prado (Madrid); el siguiente, copia casi exacta del anterior, se encuentra en Madrid, en la Colección Fernández Araoz; por último, el tercer retrato, en el que la Venerable aparece retratada de tres cuartos, se encuentra en Londres en The Apelles Collection. Juan Miguel Serrera afirma que el retrato de Jerónima de la Fuente, obra de Diego Velázquez, habría tenido un primer ensayo en los Retratos femeninos de la familia Caballero, obra de Pedro de Campaña, de la segunda mitad del siglo XVI (Sevilla: Retablo de la Purificación, Capilla del Mariscal). Juan Miguel Serrera, «Velázquez y la pintura sevillana de su tiempo», en Velázquez y Sevilla, Vol. I (Sevilla: Junta de Andalucía, 1999), 55. [Catálogo] Velázquez y Sevilla, Vol. II (Sevilla: Junta de Andalucía, 1999), 206.

[12] Cayetano Sánchez, «La madre Jerónima de la Asunción y su fundación del monasterio de Santa Clara de Manila. Incidencias y consecuencias», en Las clarisas en España y Portugal, Congreso Inetrnacional. Salamanca, 20-25 de septiembre 1993, Vol. I (Salamanca: Junta de Castilla y León, 1994), 381.

[13] González Zymla, «Los viajes de sor Jerónima de la Fuente», 319.

[14] Las religiosas se trasladaron a Cubao, Quezón City. 

[15] Wei Jiang, «Funerary Emblemss in Manila and the Rise of Devotion to Jerónima de la Asunción, osc (1555-1630)», Estudios de Historia Novohispana, n. º 71 (2024): 98


Fuentes y bibliografía

 [Catálogo] Velázquez y Sevilla, Vol. II (Sevilla: Junta de Andalucía, 1999).

González Zymla, Herbert. «Los viajes de sor Jerónima de la Fuente: claves de la proyección de la espiritualidad franciscana femenina en México, Manila y Macao». En Arte Barroco y vida cotidiana en el mundo hispánico. Entre lo sacro y lo profano, coordinado por Paula Revenga Domínguez, 301-330. Córdoba: El Colegio de Michoacán, 2017. 

González Zymla, Herbert. «Sor Jerónima de la Asunción y la Inmaculada Concepción de Santa Isabel de los Reyes en Toledo». En Copia e invención. Modelos, réplicas, series y citas en la escultura europea, 269-281. Valladolid: Museo Nacional de Escultura, 2013.

Jiang, Wei. «Funerary Emblemss in Manila and the Rise of Devotion to Jerónima de la Asunción, osc (1555-1630)». Estudios de Historia Novohispana, n. º 71 (2024): 85-116.

Letona, Bartolomé de. Perfecta Religiosa. Impresso en la Puebla: por la uiuda de Juan de Borja, 1662.

Llorens Martos, Irene. «Vida y escritura conventual en Manila: Jerónima de la Asunción y Ana de Cristo», Gerónimo de Uztariz, n. º 38 (2024): 235-252.

Quesada, Ginés de la. Exemplo de todas las virtudes y vida milagrosa de la venerable madre Gerónima de la Assumpción, Abadesa y Fundadora del Real Convento de la Concepción de Virgen Nuestra Señora […] (En México: por la viuda de Miguel de Ribera, 1713).

Sánchez, Cayetano. «La madre Jerónima de la Asunción y su fundación del monasterio de Santa Clara de Manila. Incidencias y consecuencias». En Las clarisas en España y Portugal, Congreso Internacional. Salamanca, 20-25 de septiembre 1993, Vol. I, 379-400. Salamanca: Junta de Castilla y León, 1994.

Serrera, Juan Miguel. «Velázquez y la pintura sevillana de su tiempo». En Velázquez y Sevilla, Vol. I. Sevilla: Junta de Andalucía, 1999.