Agustinos recoletos: Rodrigo de San Miguel
[Portada] Fray Rodrigo de Aganduru Moriz, Historia general de las islas occidentales a la Asia adyacentes, llamadas Philipinas. Madrid: Imp. de Miguel Ginesta.
[Grabado. Técnica: aguafuerte], Anónimo, Llegada a la bahía de Manila, 1614-1617. Rijksmuseum: FMH 1055-AII(5)/18.
Rodrigo Aganduru Moriz (1584-1626) nació en Valladolid, fruto de la unión conyugal entre "Antonio" y "Catalina", de familia guipuzcoana. De su infancia y formación religiosa no se tiene noticia. En el año 1600 vistió el hábito recoleto en el convento de los agustinos recoletos de Nuestra Señora de la Fuensanta (Valladolid), donde profesó el 5 de julio del año siguiente. En diciembre de 1604 se matriculó en la Facultad de Teología de la Universidad de Salamanca. Sin embargo, antes de graduarse, fue destinado a la misión de Filipinas: en julio 1605, zarpó rumbo a México en un barco con trece compañeros, formando parte de la primera misión recoleta.
El 10 de septiembre de 1606 el grupo se instaló en un lugar en la zona extramuros de Manila. Allí fray Rodrigo se dedicó al estudio del tagalo y recibió la ordenación sacerdotal, cuando todavía no había cumplido los 23 años. Ejerció su ministerio de misionero en Bataan y Zambales. Su dominio del idioma zambal le permitió componer una gramática y un copioso vocabulario. En su obra evangelizadora recurrió, como tantos otros misioneros de su tiempo, a la demostración plástica de la impotencia de los dioses locales y a la medicina popular, e hizo abundante uso de la música y de las representaciones teatrales. A mediados del 1614 viajó a España con el encargo de reclutar misioneros que llenaran el vacío que iba dejando la muerte prematura de muchos agustinos. En enero de 1616, Rodrigo presentó al Consejo de Indias un memorial en que solicitaba el envío de 30 frailes para la misión recoleta. En mayo le fueron concedidos veinte religiosos que irían de capellanes de la armada que estaba a punto de viajar a las Islas por el cabo de Buena Esperanza. Sin embargo, las cosas salieron mal: a principios de 1617 se canceló la expedición de la armada; mientras, los frailes enfermaron, murieron o se volvieron a sus conventos. Fray Rodrigo pidió al Consejo de Indias licencia para substituir las bajas sufridas por otros tantos voluntarios. También esta vez las cosas se torcieron: en vísperas del embarque, los 18 voluntarios que había encontrado se habían reducido a seis. Finalmente, el 18 de julio, a la hora de embarcar, se presentaron solo cuatro, de los que solo dos formaban parte de las listas anteriores
Tras un año de viaje la expedición de los agustinos recoletos, en compañía de doce dominicos y ocho agustinos calzados, llegó al puerto filipino de Cavite en julio de 1618. Fray Rodrigo había sido nombrado vicario provincial de su orden en Filipinas, cargo que desempeñó hasta 1622. En febrero de 1617, mientras se encontraba en México, en su viaje de vuelta, el fiscal de la Inquisición, Blas de Velasco, pidió que se abriera una información sobre él, por hallarse en posesión de libros de quiromancia e incluso de haber caído él mismo en prácticas mágicas. El asunto, de toda forma, se quedó sin consecuencias para el padre Rodrigo. El 2 de abril 1617 pudo embarcar en Acapulco rumbo a Manila. Aquí el presbítero Hernando de los Ríos Coronel, personaje muy conocido en Manila, se autoacusó ante el tribunal de la Inquisición de haber practicado la astrología judiciaria en el pasado: entre los que denunció se encontraba el nombre de fray Rodrigo. El 9 de diciembre de 1618 dos frailes dominicos denunciaron al mismo tribunal de la Inquisición el sermón –con atención a una serie de asuntos doctrinarios, entre los cuales la Inmaculada Concepción– que Rodrigo de San Miguel había predicado el día anterior en la catedral de Manila. Esto se sumó a que, en los primeros meses 1622, estalló un escándalo, en cuanto el mismo arzobispo de Manila denunció al fraile agustino –ante su orden– a la Inquisición de México por haber cometido violencia hacía un clérigo. El Santo Oficio mexicano esta vez emitió una condena a entregar su oficio de calificador y prohibió a Rodrigo participar en los actos públicos de la Inquisición.
Durante los cuatro años que estuvo al frente de los recoletos filipinos el vicario provincial ultimó la construcción del convento de Manila, donde estableció los estudios de la provincia, y fundó los conventos en los extramuros de Manila (1621) –en cuya iglesia se venera una imagen, tenida por milagrosa, de Nuestra Señora del Carmen, que trajera de México– en Cebú y Caraga (Mindanao). Para evitar las consecuencias del proceso inquisitorial, renunció a su cargo de vicario y el 24 de diciembre de 1622 salió de Manila, iniciando así un larguísimo viaje. La primera etapa duró tres meses y le condujo hasta a Malaca, pasando por Timor, las Molucas, Borneo y Sumatra. Su barco llegó a Malaca en marzo de 1623. La segunda etapa del viaje empezó en enero de 1624 y concluyó en Goa en una fecha imprecisada, pasando por varias islas del Mar de Birmania y del Golfo de Bengala, Sri Lanka, cabo Comorin y la ciudad de Cochin. La tercera tapa llevó al fraile de Goa, a fines del 1624, a la ciudad de Basora (Irak), a la cual arribó el 12 de marzo del año siguiente, después de haber pasado por Chaul, la isla Misirah, Ormuz y Mascate, e isla de las Cabras. En esta etapa se unió a una flotilla de doce naves en la que viajaban también el viajero romano Pietro della Valle, y Juan de Segovia, un franciscano español. La cuarta etapa, iniciada vía tierra desde Basora en abril de 1625, le hizo llegar a Roma, en febrero de 1626, después de un viaje difícil y penoso por Bagdad, Alepo, Damasco, Antioquia, Chipre, Creta, Corfú, Dalmacia y Venecia. Desde su salida de Basora –hasta, al menos, el 2 de junio– Rodrigo escribió un diario de su viaje en el cual recopiló informaciones. Durante su estancia en Basora, el agustino intervino también en el asunto de los “mandeos”, unos 25 mil cristianos de san Juan de los Caldeos –de origen nestoriano– que vivían dispersos a ambos lados del golfo Pérsico, y que formaban una especie de secta de marginados. Ya carmelitas y agustinos estaban tratando de convertirlos al catolicismo, logrando, en abril de 1625, que 25 jefes firmaran en la iglesia de los agustinos un documento en que reconocían la Trinidad, la existencia de una Iglesia universal y el primado del Papa. Fray Rodrigo, que estaba a punto de partir hacia Roma, se encargó de entregarlo a este en persona. Finalmente, el 11 de febrero de 1626, el agustino recoleto llegó a Roma, siendo recibido el 28 por papa Urbano VIII, a quien entregó el documento de los “mandeos”. Durante los cuatro meses de su estancia en Roma, el fraile fue consultado por las Congregaciones del Santo Oficio y de Propaganda Fide. De hecho, el propio Urbano VIII le mandó que pusiese por escrito un resumen de sus actividades y le pidió informaciones sobre las cristiandades orientales. Fruto de ese interés del Papa, el agustino escribió el texto manuscrito: “Conversión de Pilippinas y Japón”, ultimado el 19 de mayo de 1626. Por las mismas fechas terminó su escrito sobre los ritos de los indios orientales.
La Congregación de Propaganda Fide examinó los dos memoriales en que Rodrigo había expuesto la finalidad de su viaje. En el primero, tras resumir la labor de los frailes en Filipinas, el agustino criticó la intromisión en su obra del arzobispo de Manila y, en menor grado, de los demás obispos de Filipinas, que, al no respetar los privilegios de los religiosos, estaban entorpeciendo la conversión de los indígenas. La Congregación decidió mantener la sujeción de los religiosos a los obispos, ya que los breves papales que las ordenes religiosas revindicaban, no contenían los supuestos privilegios. Otro memorial se centraba en la cuestión de los “mandeos”: el agustino no solo se ofreció para volver como misionero, sino que omitió el aporte de los misioneros agustinos y carmelitas, quienes llevaban tiempo trabajando en la región, atribuyéndose méritos que no eran suyos. Este segundo memorial tuvo muy buena acogida por Propaganda Fide, que ignoraba totalmente la real situación religiosa de la región. Urbano VIII concedió a Rodrigo un breve para que, acompañado por otros agustinos recoletos, fuera como delegado apostólico para anunciar el Evangelio a los “mandeos”. El 4 de mayo el mismo Papa autorizó al fraile para fundar conventos en la India Oriental -en Goa, Ormuz, Mascate y otras ciudades- con los mismos privilegios de que gozaban los carmelitas descalzos. A finales de junio, con permiso del general de su orden, Rodrigo salió rumbo a España para visitar a sus parientes en Orio (Guipúzcoa). Allí enfermó gravemente y murió el 26 de diciembre de 1626, a los cuarenta y dos años. Le acompañó en sus últimos momentos el filipino Miguel Calimpas Móriz, uno de sus primeros conversos, a quien había bautizado y que había estado siempre a su lado, incluso en la audiencia con el Papa. La inesperada muerte del agustino recoleto produjo la dispersión y pérdida de casi todos sus textos en forma manuscrita, entre los cuales se contaban la Historia General de Filipinas, una historia de la Persecución en el Japón, sus sermones, el Diccionario y Gramática Tagalos, un escrito Contra los rabinos, la Origen de los Imperios Orientales.
MASSIMO CARLO GIANNINI
Fuentes y bibliografía
Obras de Fray Rodrigo de San Miguel:
Historia General de las Islas Occidentales a la Asia adyacentes, llamadas Philipinas, ed. parcial de S. Rayón y Zabalburu, marqués de la Fuensanta, en Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, vols. 78-79, Madrid, Miguel Ginesta, 1882.
San Miguel, Rodrigo de, OAR. "Conversion de Philippinas y Japon de los Agustinos Descalzos [1626]", en Boletín de la provincia de San Nicolás de los Agustinos Recoletos, n. º 7 (1916) 349-352, 409-416, 448-454, 507-512, 549-554 y 581- 590; 8 (1917) 31-42, 100-107, 132-138, 165-170, 203-209, 252-258, 284-292, 323-331, 392-96, 432-442, 472-480 y 514-520.
Manual de medicinas caseras para consuelo de los pobres indios, Manila, s. f. (edición de J. Álvarez Guerra, Catálogo Oficial de la Exposición Filipinas, 1887).
Bibliografía:
Alonso, Carlos. “Misiones de la Orden de San Agustín entre los mandeos (1623-1668)”. Missionalia Hispanica, n.º 16 (1959), 323-362
Euba, Carlos. El padre Rodrigo de San Miguel (Aganduru M.riz). Su labor misional y su labor histórica (1584-1626). Roma: Universidad Gregoriana, 1943.
Martínez Cuesta, Ángel. “Vida y Obra del Padre Rodrigo Aganduru de San Miguel, (1584-1626)”. Philippiniana Sacra, LVI (2021): 29-70.
Sádaba del Carmen, F. Catálogo de los Religiosos Recoletos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Filipinas. Madrid: Imprenta Ávila, Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1906.