Capuchinos: fray Arcángel Alarcón
Nació en Tordesillas (Valladolid) en Castilla hacia el 1530 de Ana de Hinestrosa, una dama de la corte real, y de Diego de Alarcón de la orden de Santiago, comendador de Segura y mayordomo de la reina Juana, madre de Carlos V. Tuvo dos hermanos, que al igual que él abrazaron la vida capuchina: Juan y Francisco de Alarcón. Quedó huérfano de padre muy joven, tras la muerte de éste en una caída de caballo. Su madre, una vez concluido su servicio en la corte, adoptó una vida de profunda espiritualidad dedicada a obras pías y de caridad, falleciendo con fama de santidad.
Tras cursar estudios de Derecho, Fray Arcángel viajó la Italia por medio de una embajada a Venecia. No se conoce con exactitud la fecha de su llegada, pero se sabe que tomó el hábito capuchino en el convento de Soncino (provincia de Milán), donde ejerció los cargos de guardián y maestro de novicios. Allí se reunió con su hermano Juan, también capuchino, y juntos partieron hacia Nápoles, en un contexto en el que Juan de Austria estaba reclutando a un buen número de capuchinos para el servicio espiritual en las galeras españolas que zarparían hacia Lepanto (1571). Mientras su hermano se embarcaba en esta misión, fray Arcángel permaneció en Nápoles, donde continuó su labor religiosa.
En 1577, el padre general Girolamo da Montefiore, al obtener la aprobación para introducir la Orden Capuchina en España, designó a los hermanos Alarcón para fundar los primeros conventos en los reinos hispánicos, comenzando por Cataluña. Arcángel de Alarcón, acompañado por otros cinco hermanos, llegó a Barcelona en marzo de 1578 a bordo de una galera del duque de Sessa, capitán general del mar del rey Felipe II. Se establecieron en la rectoría de San Gervasi, en las afueras de la ciudad, donde, junto con otros franciscanos inclinados a la reforma, orientaron su vida comunitaria hacia el ideal capuchino. En agosto de 1578 Juan Terré, señor de Barcelona, les ofreció una casa con un oratorio en el barrio de Sarriá, en el lugar que la tradición señalaba como el nacimiento de Santa Eulalia, en unos terrenos que se conocían como el Desierto. Esta primera fundación capuchina inspiró en el padre Arcángel una singular devoción hacia la santa, que, junto a la Virgen de Montserrat, fue proclamada protectora de la nueva comunidad. A su muerte en 1598, el convento de Santa Eulalia la zona de Cataluña contaba con doce conventos fundados bajo su comisariado general, además de los establecidos en Valencia y Aragón, alcanzando un total de veinte fundaciones. Su influencia también se extendió a la rama femenina de la orden. En 1584, durante su estancia en Manresa, conoció a sor Ángela Serafina Prat, con quien estableció un vínculo decisivo para la expansión en España de la reforma de las clarisas capuchinas que entonces se difundió por Italia. La espiritualidad de Fray Arcángel, de marcado carácter místico, quedó plasmada en su Vergel de Plantas Divinas, donde se advierten las huellas del pensamiento de los grandes maestros de la mística hispana e italiana, como el agustino Luis de León y el carmelita Juan de la Cruz. Su obra y su labor fundacional lo convierten en una figura clave de la espiritualidad capuchina y del proceso de implantación de la orden en la Península Ibérica.
VERÓNICA GALLEGO MANZANARES
Fuentes y bibliografía
Cargnoni, Costanzo “Arcángel Alarcón de Tordesillas”, en Pasquale, Gianlugi (ed.), Mistici francescani. Secolo XVI, vol. IV, Padua: Editrici Francescane, 2010, pp. 2295-2297.
Germán Zamora, “Testimonianze sui primi cappuccini in Spagna (1578-1619)”, en Cargnoni, C., I Frati cappuccini. Documenti e testimonianze del primo secolo, Perugia-Roma: Edizioni Frate Indovino, 1992, pp. 883-1183.
Serra de Manresa, Valentí, Les Clarisses-Caputxines a Catalunya i Mallorca: de la fundació a la guerra civil (1599-1939), Barcelona: Facultat de Teologia de Catalunya, 2002.