Capuchinas: Orsola Benincasa
[Grabado] Giovanni Bagatta, Vita de della ven[erabil] serua di Dio Orsola Benincasa; napolitana Dell'ordine de Chier'regolari; fondatrice delle Vergini Teatine della Congregatione et Eremo dell'Inmacolata Concessione di Maria Vergine, Roma: Per Francesco de Lazari, 1696, s.f.
[Grabado] Anónimo, en Vita della venerabil madre Orsola Benincasa, napoletana orignale da Siena dell'ordine del B[eato] Gaetano Fondatrice delle Vergini della Congregatione e dell'eremo della mmacolata Concepttione. Parte Prima. Roma: Nella Stampia d'Ignatio de' Lazzerie, 1655, s.f.
El 21 de octubre[1] de 1547 −o 1550-1551− nacía en el reino de Nápoles (Cetara) la Venerable Orsola Benincasa, cuyo caso fue tan célebre en la época que, tan solo cincuenta años después de su muerte, ya había treinta volúmenes en circulación dedicados a la Venerable, quien vivió toda su vida entre la ortodoxia y la heterodoxia; hasta el punto de que algunos de estos impresos fueron incluidos en el ÍIndice de Libros Prohibidos de 1678. Según sus biógrafos, desde niña ya apuntaba a la santidad. Un episodo muy resonado versa sobre cómo siendo una niña, su madre la descubrió doblada sobre sí misma, llorando, hundiendo su rostro sobre las rodillas. Esta le preguntó qué le ocurría, y Orsola respondió que lloraba por todos los pecados de los hombres. Poco menos de treinta años después, Orsola irá ante el Papa para “entornar la misma copla”: el pecado. Aunque en primera instancia ella optó por entrar en el convento de las Capuchinas de Santa María de Jerusalén (Nápoles)[3]−fundado por la Beata María Lorenza Longo−, no tardó en dar muestras de una religiosidad que, repleta de misticismo, la llevaba a experimentar éxtasis, visiones y revelaciones[2]. De hecho, en el año 1582 viajó a Roma para exhotar al Papa Gregorio XIII que debían llevarse a cabo medidas, pues Dios le había revelado que estaba cansado de los pecados de los cristianos. Ante su exaltación y fevor místico, la religiosa llegó incluso a sufrir un exorcismo por parte de Felipe Neri, quien debía diagnosticar si sus visiones eran obra del demonio o del Santísimo. Orsola, vigilada por el Papado, se marcha de Roma para regresar a Nápoles, donde se forjó una gran fama como mujer de gran santidad. De hecho, todos los virreyes que se sucedieron en el dominio napolitano sintieron la necesidad de acudir en devota peregrinación a San Telmo y a Orsola en busca de consejo[4]. Por otro lado, el culto a sor Orsola alcanzó una gran fama popular, pues existen testimonios sobre cómo cada vez que una epidemia, terremoto o catástofe (como la erupción del Vesubio) azotaba Nápoles, las rogativas a la venerable se empleaban como intercesoras para erradicar los males que azotaban la ciudad.
Finalmente, sor Orsola decidió asentarse en un eremitorio situado en la colina de San Telmo, hecho que causó un gran revuelo y controversia. Junto a ella se establecieron otras quince personas, conformándose una familia religiosa que se denominó la “Congregación de la Santísima Concepción de la Madre de Dios” −o “Congregación de las romitas de la Inmaculada Concepción de la Virgen María”− tras sufrir una visión de la Virgen, quien se encontraba envuelta en una túnica blanca sobre la que resaltan un manto y un escapulario azul, convertiéndose este último elemento en un símbolo de la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción −y que la propia Orsola lleva en el grabado situado a la izquierda del presente texto−. En efecto, a comienzos del siglo XVII se produjo una gran ofensiva diplomática por parte de la Monarquía Hispánica para que el Papado reconociera la pureza de la Virgen María; hasta el punto de que el Inmaculismo iba a ir mucho más allá de las negociaciones con la Corte romana o con estregias de promoción sociopolítica, sino que iba a convertirse en un medio de afirmación por parte de las instituciones y distintos niveles sociales hasta llegar a definirlas a ambas. Dicho de otro modo, la defensa de la Inmaculada Concepción se convirtió en un símbolo comunitario y definitorio en los mundos ibéricos, tanto en América como en Asia o distintas partes de Europa.
Ahora bien, volviendo a las distintas biografías y trabajos que conocemos actualmente sobre la vida de la Venerable Orsola Benincasa, estos rescatan una figura femenina que, si bien no resulta atípica en la Edad Moderna, anunciaba la renovación de la Iglesia; vinculada por sus visiones a la Virgen María. Ideas que predicarían sus “hijas” religiosas, las teatinas, asociadas desde entonces a la Congregación y santuario dedicados a la Inmaculada Concepción −e icónicamente, al escapulario azul−, tal y como había dejado descritas en las Reglas de su orden bajo su firma: “fundada por mí, Orsola, una pobrecilla pecadora”. Por tanto, cabría preguntarse hasta qué punto estas congregaciones religiosas fundadas por mujeres −cuyo legado llega hasta la actualidad− fueron consecuencia y al mismo tiempo un foco activo de la defensa de la pureza de la Virgen, que no se reconocerá como dogma de la Iglesia católica hasta mediados del siglo XIX. No obstante, como ya ha tratado el autor Manuel Rivero Rodríguez, detrás de la impresión y divulgación de estas biografías de sor Orsola −de la mano de los teatinos− se esconde también el objetivo ya no solo de beatificar a la religiosa, sino de convertir a la orden teatina en la congregación hegemónica de Nápoles a partir de la santificación de sus miembros.
ANDREA LECHA GONZÁLEZ
[1] Otros autores, como Giuseppe Polignano, sostienen que nació el día 10. En suma, no hay acuerdo en su fecha de nacimiento.
[2] También se hace hincapié en las fuentes sobre cómo, a causa de su modestia y fervor religiosos, maltrataba su cuerpo con cilicios y disciplinas; utilizaba de almohada una dura piedra; ayunaba a menudo; se alimentaba de pan, hierbas y desdeñaba el consumo de vino.
[3] A pesar de los óptimos informes con los que Orsola se postuló para entrar, se le negó la entrada al contar con muy corta edad, tener una débil complexión y al estar el monasterio al completo.
[4] Si bien es cierto que también fue a verla otras personalidades importantes de la época: don Juan de Austria; el príncipe Filiberto Manuel, hijo del duque de Saboya; el duque de Mantua, don Vicente Gonzaga; don César Gonzaga, príncipe de Guastalla, etc.
Fuentes y bibliografía
Bagatta, Giovanni. Vita della ven[erabil] serva di Dio Orsola Benincasa, napolitana. Dell’Ordine de’Chier. Regolari. Fondactricedella Vergini Teatine della Congregatione et Eremo dell’Immacolata Concettione di Maria Vergine. Roma: Per Francesco de’Lazari, 1696.
Berti, Evandro. La Teatina estatica. Nápoles: Per Girolamo Fasulo, 1668.
Maggio, Francesco Maria. Compendioso ragguaglio della Vita, Morte e Monasteri della Venerabil Madre D. Orsola Benincasa napoletana. Fondatrice Teatrine dii sessantatré Verginii dell’Eremo teatinodi trentatré Monache e di sette Converse, e del ritiramento di dodici Sacerdoti de’ Padri Chierici Regolari sotto titolo della Inmaculata Concezione. Napoles, 1619.
Oliver, Antonio. Úrsula Benincasa. Una vida entre el Cielo y la Tierra. Madrid: Delegación Española de Religiosas Teatinas, D.L. 1983.
Polignano, Giuseppe. Venerable Madre Úrsula. Fundadora de las religiosas teatinas y de las hermanas de la Inmaculada Concepción. Madrid: Religiosas Teatinas de la Inmaculada: 2014.
Pronzato, Alessandro. Una ventana con vistas al cielo. Madrid: Art&Press, 2005.
Rivero Rodríguez, Manuel. «Sor Orsola Benincasa: magisterio y memoria de la beata en las revueltas de Sicilia y Nápoles de 1647». En Salir a la luz. Mujeres a la sombra de los Austrias (siglos XVI-XVII), coordinado por Porfirio Sanz y Antonia María Ortiz Ballesteros, 123-136. Granada: Comares, 2025.
Rivero Rodríguez, Manuel. «Los santos los crea el pueblo: el inquisidor García de Trasmiera y la venerable sor Orsola Benincasa». En Subir a los altares: modelos de santidad en la Monarquía Hispánica (siglos XVI-XVIII), editado por Inmaculada Arias de Saavedra, Esther Jiménez de Pablo y Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz, 401-422. Granada: Universidad de Granada, 2018.
Ruiz Ibañez, José Javier y Gaetano Sabatini (eds.). La Inmaculada Concepción y la Monarquía Hispánica. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2019.