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Dominicos: Gabriel de San Antonio

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Convento de Santo Domingo de Ocaña. Importantes dominicos que pasaron a Filiipinas habían tomado los hábitos en este convento. Antes de fray Gabriel lo hicieron Juan Cobo y Diego de Soria. Más tarde lo hizo Beato José Salvanés de San Jacinto. La vinculación de este convento con grandes figuras de la primera expansión dominica en Filipinas hizo que en tiempos de Fernando VII fuese establecido como Colegio-Seminario de Religiosos Dominicos con destino a Filipinas.


Ortelius, Abraham. Theatrum Orbis Terrarum. Amberes: Coppenium Diesth, 1570, p. 48. Biblioteca Nacional de España: GMG/795.


Gabriel Quiroga de San Antonio es un personaje de orígenes inciertos. Es desconocida la fecha de su nacimiento, aunque este ocurrió en el seno de una familia de la baja nobleza castellana, probablemente antes de 1550. En su juventud, tomó el hábito de Santo Domingo en Ocaña y fue enviado al convento salmantino de San Esteban para completar su formación. Más tarde, se estableció como predicador en el convento de Guadalajara, donde pasó la mayor parte de su vida. Aunque ninguno de estos acontecimientos ha sido datado con precisión, es todo lo que se sabe del fraile hasta 1594. Aquel año, tras una vida de dedicación a las labores del hábito, con una edad que debía ser cercana a los cincuenta años, fray Gabriel decidió unirse a la expedición que entonces preparaba fray Miguel de Benavides para consolidar la presencia dominica en Filipinas junto con otros veintisiete de sus hermanos. Entre ellos destacaba fray Diego Aduarte, con el que fray Gabriel acabaría construyendo una estrecha relación en los siguientes años. Reunida en Sevilla, la expedición partía hacia Nueva España en julio de 1594 para, desde Acapulco, cruzar el Pacífico y alcanzar Filipinas en junio del año siguiente.

En Manila[1] se le encomendó el ministerio de los castellanos y se convirtió en el confesor del gobernador, Tello de Guzmán, y de otros importantes personajes, como el padre Antonio de Morga. La cercanía al poder que disfrutó durante sus cerca de tres años de estancia en el archipiélago lo hicieron partícipe de la toma de decisiones, convirtiéndose en una persona de confianza para las autoridades de Filipinas. Por este motivo, en 1598, fray Gabriel fue nombrado representante del gobernador y procurador de la Provincia del Santo Rosario de Filipinas de la Orden de Santo Domingo. Su misión consistía en acudir a la Corte para requerir los recursos y reformas que consideraban necesarios para la consolidación de la presencia castellana en Asia, así como conseguir el apoyo de la Corona a los planes de expansión en Indochina de los castellanos y las órdenes mendicantes de Filipinas.

Frente a la tradicional ruta castellana del Galeón Manila, se decidió que fray Gabriel volviese a la Península a través de la ruta portuguesa, por lo que partió hacia Malaca en febrero de 1598. Poco después de su llegada al enclave portugués comenzaron unos disturbios que pusieron en jaque a las autoridades lusas y que obligaron a fray Gabriel a permanecer en la ciudad durante dos años, participando en los conflictos del lado de los dominicos locales. La insurrección comenzó cuando las élites de la ciudad, agrupadas en torno a los casados, y con un fraile franciscano a la cabeza, atacaron a los servidores del obispo y destruyeron una imagen de Felipe II mientras el franciscano, Bernardo de Lemos, gritaba “ahora seremos todos unos […], todos españoles y no portugueses ni castellanos”. Fray Gabriel se opuso a Lemos, al que acusaba de hereje y de confabularse con los ingleses que comenzaban entonces a navegar las aguas del Sudeste Asiático. El conflicto continuó con los asesinatos del oidor enviado por el virrey de Goa y de los representantes de la Inquisición, hasta que nuevos refuerzos llegados desde Goa acabaron con los cabecillas de la rebelión[2].

Al poco de finalizar los conflictos de Malaca, llegaba a la ciudad el mencionado fray Diego Aduarte, que volvía a coincidir con fray Gabriel unos meses antes de que este partiera en continuación de su viaje a la Península en febrero de 1600. Unas semanas después llegaba al suroeste de Ceilán, isla que decidió cruzar a pie para pasar al continente, comenzando así un viaje por la costa de Coromandel, al sudeste del subcontinente indio, hasta Santo Tomé de Meliapor —Chennai—. El dominico visitó en esta ciudad portuguesa los restos del apóstol Santo Tomás, a quien se atribuía la predicación de la fe por la India, explicando así la presencia de comunidades de cristianos nestorianos en la región. Tras la visita a los restos del santo, decide partir hacia Cochín, otro enclave portugués en la costa oeste de la India, atravesando a pie el interior del subcontinente.

En su trayecto a través de diferentes reinos locales, el dominico ofrece una descripción detallada, impresionado por sus abundantes riquezas, la sabiduría de sus brahmanes y la grandeza de sus ciudades. Durante el viaje entabló disputas filosóficas y teológicas con algunos Brahmanes a los que atribuye el conocimiento del latín; fue capturado por musulmanes y liberado poco después gracias a la intercesión del monarca de Madurai a instancias de un jesuita establecido en su Corte. Por último, afirmaba haber persuadido a ciertas comunidades de cristianos nestorianos para que aceptaran la autoridad papal e implementaran las reformas tridentinas. Unos logros probablemente exagerados que lo vinculaban a los recientes éxitos del arzobispo de Goa, el agustino Aleixo de Meneses, en lo concerniente a la integración al catolicismo de estas comunidades.

Finalmente, llegaba a Goa en enero de 1601, donde permaneció en el Colegio de Santo Tomás de su Orden durante dos años. Su estancia en la ciudad la compartió, de nuevo, con fray Diego Aduarte, que había llegado desde Malaca poco después del propio fray Gabriel. El dominico afirma haber disfrutado de la confianza del obispo y el virrey de la ciudad, así como de sus compañeros de orden. Es posible que entablar conversaciones con los dominicos y autoridades del imperio portugués fuera también parte de su misión, en busca de una acción conjunta luso-castellana en el Sudeste asiático, lo que explicaría la elección de la ruta portuguesa para volver a la Península. Finalmente, en enero de 1603, Diego Aduarte y Gabriel de San Antonio partían en la Armada da Índia para alcanzar la corte vallisoletana en agosto de ese mismo año.

En la Corte, junto con otros agentes enviados desde Filipinas ­­—entre ellos los dominicos Diego Aduarte y Diego de Soria—, promovieron los planes de penetración en Indochina y un mayor compromiso de la Corona con el archipiélago y con las órdenes mendicantes que se encontraban en él. En apoyo de estas peticiones fray Gabriel escribió y publicó en 1604 en el convento de San Pablo de Valladolid su Breve y verdadera relación de los successos del Reyno de Camboxa, en la que relataba las expediciones castellanas a dicho reino y su viaje hasta la Península para terminar proponiendo una actuación más decidida en Indochina[3].­­­­

Durante los siguientes años, fray Gabriel se dedicó junto con Diego Aduarte, a reclutar dominicos y preparar dos expediciones a Filipinas. La primera de ellas partió en 1605 a las órdenes de Aduarte y la segunda, que debía partir en 1607, fue encomendada al propio fray Gabriel. Sin embargo, aquel año la flota de Indias no salió, lo que dejó la expedición dominica estancada en Sevilla, costeando la estancia con los recursos destinados a sostener el viaje. La incertidumbre ante la partida hizo que muchos de los religiosos volvieran a sus conventos, obligando a fray Gabriel a buscar nuevos voluntarios a toda prisa y sin apenas dinero para mantenerlos, a la vez que peleaba con la burocracia regia las ayudas de costa y los permisos para los nuevos frailes. Los ingentes esfuerzos de fray Gabriel le granjearon el obispado de Nueva Cáceres en Filipinas. Una recompensa que no pudo disfrutar debido a que, tras conseguir partir en la flota de 1608 con una expedición menguada, fray Gabriel encontró la muerte en el viaje a México.

Aduarte, que ese año volvía hacia la Península en busca de nuevos misioneros, se cruzó con la expedición y conoció las graves dificultades que pasaron. Por ello, decidió escribir un memorial en el que excusaba a su fallecido compañero, fray Gabriel, por la precaria situación en la que se vio, endeudado, y con una Corona que le reclamaba no haber llevado ni en cantidad ni calidad, los religiosos que su Majestad había pagado[4].

 

ÁNGEL GARCÍA RUBIO

 

[1] Primera representación de Manila conocida. Se encuentra en un arcón filipino de mediados del siglo XVII, de autor anónimo. Museo Julio Bello y González, Puebla, México. Las imágenes de las plazas portuguesas han sido extraídas de: Antonio Bocarro. Livro das Plantas de todas as fortalezas, ciudades e povoações do Estado da Índia Oriental. Évora: 1635.

[2] La huida de algunos de los casados partícipes en los disturbios junto con fray Bernardo de Lemos es relatada por fray Gabriel aportando pocos detalles. Es posible que en este caso el dominico oculte una verdad que no le interese. En 1602 es procesado por la inquisición de Goa un tal Tomás de Lemos, alias fray Bernardo, por haberse escapado del convento franciscano en el que estaba recluido como castigo por un proceso anterior. Los procesos acaecidos en Goa fueron enviados al Conselho Geral para que se revisase el caso. Desde el Canselho Geral se condena a fray Bernardo de Lemos a ser encarcelado de nuevo en un convento de su orden, esta vez de forma perpetua y pasando los tres primeros años de condena en las galeras del Estado da Índia. Processo de Tomás de Lemos, alias fray Bernardo. Goa, desde el 6 de diciembre de 1602 hasta el 18 de febrero de 1604. ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, 028-12789.

[3] En el momento de su publicación, además, se asistía a un auge de las impresiones sobre temáticas asiáticas en Valladolid, alentado por el traslado de la Corte a la ciudad, por la búsqueda da las órdenes religiosas del apoyo regio en su competencia misional en Asia y, probablemente, por el renovado interés que, el conde de Lemos, presidente del Consejo de Indias desde 1603, dedicó a Filipinas y la proyección castellana en Asia. Los libros impresos en Valladolid entre 1599 y 1610 pueden consultarse en: Mariano Alcocer y Martínez, Catálogo razonado de obras impresas en Valladolid. 1481-1800, (Valladolid: Imprenta de la Casa Social Católica, 1926): 175-226. Curiosamente, el memorial de Pedro Sebil fue publicado por los agustinos de Valladolid: Pedro Sebil, Memorial que el capitán Pedro Sevil de Guarga dirigió al Rey exponiéndole las razones que había para emprender una expedición española a Cambaja con el fin de ganar este Reyno para España y la Religión y extender el dominio de Castilla a Siam, Champaan, Cochinchina y aun la China, (Valladolid: fray Agustín Antolínez, 1603). Por otro lado, interés del Conde de Lemos por estas publicaciones también se aprecia en el encargo que realiza tras la conquista de Ternate (1606), para que se haga una publicación que publicite este éxito: Bartolomé Leandro de Argensola, Conquista de las Islas Molucas, (Madrid: Alonso Martín, 1609).

[4] AGI, Filipinas, 1, n. 31. AGI, Filipinas, 79, n. 78. AGI, Filipinas, 1, n. 106; y Fray Diego Aduarte, Historia de la Provincia del Sancto Rosario, 356.


Fuentes y Bibliografía

Fuentes

Aduarte, Diego. Historia de la Provincia del Sancto Rosario de la orden de predicadores en Philipinas, Japón y China. Manila, Colegio de Sancto Tomás: Luís Beltrán, 1640.

San Antonio, Gabriel de. Breve y verdadera relación de los successos del Reyno de Camboxa. Al rey don Philipe nuestro señor. San Pablo de Valladolid: Pedro Lasso, 1604.

Archivo General de Indias (AGI), Filipinas, 1, n. 31.

Archivo General de Indias (AGI), Filipinas, 1, n. 106.

Archivo General de Indias (AGI), Filipinas, 79, n. 78.

Arquivo Nacional de Torre do Tombo (ANTT), Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, 028-12789

 

Bibliografía

Alcocer y Martínez, Mariano. Catálogo razonado de obras impresas en Valladolid. 1481-1800. Valladolid: Imprenta de la Casa Social Católica, 1926.

Cabaton, Antoine. Brève et Véridique Relatioin des événements du Cambodge par Gabriel Quiroga de San Antonio de l’Ordre de Saint Dominique. Nouvelle Édition du Texte Espagnol avec une traduction et des notes par Antoine Cabaton ancien membre delÉcole Française d’Extrême-Orient. Paris: Ernest Leroux, 1914.

Gil Fernández, Juan. Conquistas prohibidas: españoles en Borneo y Camboya durante el siglo XVI. Relaciones de viaje, memoriales y Breve y verdadera relación de los sucesos del reino de Camboya de fray Gabriel de San Antonio. Madrid: Fundación José Antonio de Castro, 2024.

Groslier, Bernard Philippe. Angkor et le Cambodge au XVIe Siécle d’après. Les sources portugaises et espagnoles. Paris: Ministère de l’Éducation Nationale, 1958.