Alberto Pacheco, creador de La Tundra: “Si está hecha con IA, ¿por qué lo vas a esconder?”
16 oct 2026 - 09:42 CET
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MIHAELA DONCHEVA |
No sabe cantar ni producir música profesionalmente, pero ha creado a La Tundra, una artista virtual que ha alcanzado las 85.000 reproducciones con una de sus canciones sin invertir dinero en publicidad. Detrás del proyecto está Alberto Pacheco, fundador de La Condesa Music, que utiliza la inteligencia artificial para construir una artista con personalidad, historia y propósito propios. Su iniciativa abre un debate sobre la creatividad, los derechos de autor y el futuro de la industria musical.
La inteligencia artificial está cambiando la forma de crear música y ampliando las posibilidades de quienes hasta ahora no contaban con conocimientos técnicos para hacerlo. En ese nuevo escenario aparece La Tundra, una artista virtual que no solo publica canciones, sino que también tiene una biografía, unos gustos y una vida en redes sociales. Su creador, Alberto Pacheco, ha convertido la experimentación con herramientas de IA en un proyecto musical que busca conectar con el público más allá de las canciones.
Para empezar por el principio, ¿cómo surgió la idea de crear La Tundra?
Siempre me ha gustado cantar, aunque canto muy mal. A finales de 2023 descubrí que podía hacer música con inteligencia artificial, incluso sin saber cantar bien, y empecé a interesarme mucho por ese mundo.
Al principio hacía canciones personalizadas para bodas y eventos. Pensé que podía ser una buena idea crear canciones que hablaran de cómo se había conocido una pareja o de algún momento especial de su historia. Sin embargo, después de aproximadamente un año intentando poner en marcha ese servicio, no conseguí que funcionara como esperaba.
A mediados de 2024 empecé a publicar canciones bajo el nombre de La Condesa Music en las plataformas musicales (Spotify, Apple Music y Amazon Music). Una de las primeras fue Mujer Independiente, inspirada en la historia de una mujer emprendedora que aparecía en un libro escrito por un vecino de mi pueblo, un hombre de más de ochenta años. La canción llegó a unas 10.000- 12.000 reproducciones, que para mí eran muchas, porque no me conocía nadie y no había invertido dinero en publicidad.
Aquello me hizo pensar que podía replicar ese resultado si me centraba en una identidad musical más definida. Así nació La Tundra, en noviembre de 2025.
¿Por qué decidiste crear un personaje femenino y darle una identidad propia en lugar de limitarte a publicar canciones generadas con inteligencia artificial?
Me di cuenta de que, si un artista es también un producto, podía crear uno virtual. Empecé a preguntarme qué diferencia a un artista virtual de uno real, más allá de que no puedes tocarlo físicamente.
Desde el principio quise que La Tundra tuviera personalidad y propósito. No quería crear un personaje simplemente por crearlo. Su objetivo es ayudar a las personas en esos días en los que están más decaídas. Su lema es “Frío fuera, fuego dentro”: aunque fuera haga frío y parezca que apenas queda vida, siempre puede surgir algo que te ayude a seguir adelante.
La hice pelirroja porque yo también lo soy y le di el pelo rizado. Su rostro fue cambiando hasta que encontré el que me gustaba. Después empecé a construir su universo y a pensar en cómo podía hacer que la gente conociera su historia.
¿Cómo se construye la vida de una persona que no existe físicamente?
A través de las redes sociales. Yo no quería explicar toda su vida en una canción, así que decidí crearle un Instagram donde contar qué hace, qué le gusta, quiénes son sus amigos o qué lugares visita. La Tundra tiene una vida propia, aunque es cierto que forma parte de la mía. Por ejemplo, le gusta el vino porque a mí también me gusta. Le gusta correr y la naturaleza porque son cosas que me gustan a mí. Cuando voy a un restaurante, puedo hacer una publicación como si hubiera ido ella.
Intento que tenga sus propios gustos y una personalidad coherente. Si en algún momento quiero que colabore con una bodega o con una marca de ropa, necesito que la gente conozca su estilo y entienda por qué esa colaboración tiene sentido. No puede ser un personaje que un día haga una cosa y al siguiente otra completamente diferente sin ningún criterio.
¿En qué momento te diste cuenta de que La Tundra puede convertirse en algo más que un proyecto musical?
Durante el Camino de Santiago, que hice solo, empecé a contarles a las personas que conocía la historia de La Tundra. Al principio les sorprendía que tuviera canciones interpretadas por una mujer que no existía físicamente. Pero, al final del camino, algunos me pedían hacerse fotos con ella.
Yo pensaba: “¿Cómo que una foto con ella?”. Pero colocábamos su imagen y nos hacíamos fotos juntos. Entonces empecé a entender que, aunque no pudieras hablar directamente con La Tundra, sí podías relacionarte con su personaje.
Hubo una situación que me llamó especialmente la atención. Unas personas con las que había coincidido reservaron una mesa en un restaurante a nombre de La Tundra. Ahí tuve una especie de clic. Hasta entonces había creado canciones y contado su vida, pero ahora estaba relacionándose con el mundo real a través de otras personas.
Me di cuenta de que podía hacer colaboraciones, aparecer en fotografías y desarrollar un universo propio. Salvo por el hecho de que no puedes tocarla, empecé a ver que había muchas posibilidades similares a las de un artista real.
¿Cómo ha respondido el público hasta ahora?
Una de las canciones de La Tundra, Primero Yo, llegó a las 80.000 reproducciones. Para mí fue una locura, sobre todo porque no había invertido ni un euro en marketing o publicidad. Todo había sido orgánico.
También tengo acceso a las estadísticas de Spotify for Artists y descubrí que aproximadamente el 85% de quienes escuchaban a La Tundra eran mujeres. México era su principal mercado y España ocupaba el segundo lugar.
Al principio hacía canciones dirigidas a cualquier persona, pero cuando vi que la mayoría de mis oyentes eran mujeres empecé a orientar el proyecto hacia ellas. También intento mantener el contacto con el público mexicano y español a través de TikTok y las redes sociales.
En el momento de la entrevista, el proyecto había llegado a tener alrededor de 10.000 oyentes mensuales. Mi objetivo sería alcanzar el millón de reproducciones o llegar a los 100.000 oyentes mensuales. Para mí sería una señal de que el proyecto está creciendo de verdad.
¿Podemos considerar a La Tundra una de las primeras artistas creadas con inteligencia artificial?
No creo que sea la primera artista virtual. Ya existían otros avatares que cantaban antes. Sin embargo, sí creo que La Tundra tiene algo diferente: le he dado una vida propia, una personalidad, unos gustos y un universo musical reconocible.
No se trata solo de poner una imagen junto a una canción. Quiero que la gente sepa que le gusta la naturaleza, que bebe vino, que vive en Bilbao o que tiene determinadas costumbres. Ese conjunto de características es lo que hace que el personaje tenga una identidad.
¿Por qué Bilbao? ¿Qué hay detrás de esa decisión?
Quería que viviera en un lugar donde lloviera. El nombre de La Tundra me llevaba a imaginar paisajes fríos, ventanas con lluvia y una taza de café. Para que todo fuera coherente, pensé en el
norte de España.
El año pasado estuve en Bilbao durante las fiestas y me encantó la ciudad. Además, me encajaba con el estilo del personaje, que imaginaba un poco alternativo y moderno. Al final, todas esas ideas se unieron y decidí que La Tundra sería de Bilbao.
¿Cómo es el proceso creativo de una canción? ¿Qué parte corresponde a la inteligencia artificial y qué parte a ti?
ChatGPT puede ayudarme a generar ideas y estructuras para las letras, pero después las reviso y modifico. Diría que cambio aproximadamente un 60 o un 70 % de lo que me propone. También decido la voz, el género musical, los instrumentos y cómo quiero que suene la producción.
Para mí es una co-creación. La tecnología me ayuda, pero las decisiones las tomo yo. Soy quien determina qué quiero transmitir, qué dirección debe seguir la canción y cómo quiero que termine sonando.
No me considero artista, compositor ni productor profesional, porque no tengo esa formación. Pero sí creo canciones y artistas que las interpretan, y considero que la tecnología es una herramienta que facilita ese proceso.
En el caso de La Tundra, parece que primero decides qué emoción quieres transmitir y después construyes la canción a partir de ella. ¿Es así?
Sí. Primero pienso qué quiero provocar con la canción. Después trabajo la letra y, a partir de ahí, la melodía. Quiero que todo esté orientado a la emoción que pretendo transmitir.
La Tundra hace pop con influencias urbanas, electrónica suave y R&B. Lo decidí prácticamente desde el principio porque me gusta el pop y escucho a cantautores como Andrés Suárez, India Martínez o Vanesa Martín. Quería que tuviera un sonido un poco más animado, con más movimiento y energía, sin perder esa parte emocional.
Has planteado que la industria musical ha perdido parte de su calidad y que ahora se prioriza la cantidad. ¿Crees que la inteligencia artificial puede acentuar esa tendencia?
Creo que ha habido un descenso de la calidad musical en los últimos años. Desde que empezó a extenderse el autotune se facilitó el acceso a la industria, y con la inteligencia artificial esa facilidad se ha multiplicado. Si no fuera por estas herramientas, yo no estaría sacando canciones, porque no tengo ni idea de música. Y me incluyo en esa bajada de nivel, ojo.
También pienso que sucede con las películas. Con plataformas como Netflix o Amazon queremos consumir una película tras otra, siempre algo nuevo. Cuando dejas a un lado la calidad y te centras en la cantidad, el producto acaba perdiendo valor.
Estamos en una época en la que necesitamos novedades y estímulos rápidos, pero no siempre se puede ofrecer calidad a ese ritmo. Es algo parecido a lo que ocurre con la moda rápida: el consumidor se acostumbra a que todo cambie constantemente. En la música sucede algo similar. Si un artista no publica canciones durante un tiempo, existe el riesgo de que la gente deje de escucharlo y se vaya con otro.
¿Crees que todavía es posible apostar por la calidad y tomarse más tiempo entre lanzamientos?
Creo que los grandes artistas pueden permitírselo. Rosalía, por ejemplo, genera mucha expectación y tiene detrás un marketing muy potente. Puede tardar en publicar porque hay muchas personas esperando su música.
Otros artistas no tienen esa notoriedad y, si esperan demasiado, corren el riesgo de que el público se vaya con alguien más. No todo el mundo puede permitirse desaparecer durante meses y volver con un disco.
También creo que la inteligencia artificial va a aumentar mucho la oferta musical. Cuando hay muchísima oferta, los precios tienden a bajar. Sin embargo, pienso que los artistas humanos podrían adquirir más valor precisamente por ser menos abundantes. El trabajo de un cantautor podría convertirse en una especie de producto de lujo.
¿Cómo imaginas la convivencia entre artistas humanos y virtuales dentro de unos años?
Creo que dentro de no mucho hablaremos solamente de artistas, sin distinguir entre artistas de inteligencia artificial y artistas reales.
Ya ocurrió con el sintetizador, los programas de producción musical y el autotune. Cuando aparecieron, hubo gente que decía que aquello no era música. Sin embargo, con el tiempo dejaron de ser el centro del debate y pasaron a formar parte de la industria.
Hemos pasado de una revolución de los instrumentos a una revolución de la voz. Ahora nos preguntamos cómo alguien puede hacer música si no sabe cantar o tocar un instrumento, pero creo que dentro de unos años estaremos hablando del grado de inteligencia artificial que utiliza cada artista, no de si la utiliza o no.
¿Qué puede hacer La Tundra que no pueda hacer una artista humana?
Podría sacar canciones todos los días. No lo hace porque no me da la vida, pero técnicamente podría hacerlo. Una persona necesita tiempo para crear y grabar, igual que un productor para producir. Unartista virtual puede publicar con mucha más frecuencia, incluso cada pocas horas, aunque la calidad probablemente sería menor.
Esa es una de las diferencias más claras entre un artista virtual y uno humano: la frecuencia con la que puede producir y publicar música.
¿Te has planteado colaboraciones con artistas humanos o creadores de contenido?
Sí. Estoy en conversaciones para hacer alguna canción con una influencer mexicana que habla de temas relacionados con el amor propio y que encaja con el propósito de La Tundra. También me gustaría colaborar con un artista real.
Creo que una colaboración así podría beneficiar a ambas partes, especialmente a un artista emergente, porque sería algo muy noticiable. Sin embargo, entiendo que no todo el mundo quiera hacerlo: algunos artistas podrían pensar que colaborar con alguien virtual puede perjudicar su imagen.
Es algo que tengo en mente, aunque todavía no sé cuándo podrá hacerse realidad. También creo que una colaboración debe tener sentido para los dos proyectos. No se trata de unir a dos artistas porque sí, sino de encontrar un punto en común.
¿Crees que el público tiene derecho a saber cuándo está escuchando música creada con inteligencia artificial?
Tengo sentimientos encontrados. Me parece bien que exista el debate ético y que se sepa cómo se ha hecho una canción, porque tampoco hay nada que esconder. Si está hecha con IA, ¿por qué lo vas a esconder?
Pero, por otro lado, no entiendo por qué ahora nos escandalizamos cuando utilizamos inteligencia artificial, si antes no indicábamos en la portada de un disco si se había utilizado un sintetizador, un programa de producción o autotune. Es el siguiente cambio, la siguiente revolución tecnológica.
Aun así, entiendo que el público quiera saber qué está consumiendo, igual que consulta los ingredientes de un producto. Por eso comprendo las dos posturas.
El debate sobre la inteligencia artificial también afecta a los derechos de autor. ¿Cómo ves esta cuestión?
En mi caso, distingo entre los derechos del máster y los de composición. Considero que me corresponden porque soy quien crea las canciones de La Tundra y toma las decisiones sobre ellas.
Pero la cuestión se complica cuando hablamos de cómo se han entrenado las herramientas de inteligencia artificial. Si una IA se ha alimentado de canciones de otros artistas sin pagarles, no me parece bien. Sin embargo, también me pregunto en qué se diferencia ese proceso del aprendizaje de una persona que estudia música, escucha a otros artistas y desarrolla su propio estilo a partir de sus influencias.
Un músico tampoco crea desde cero: ha escuchado canciones, aprendido melodías y desarrollado sus gustos a partir de lo que conoce. En ese sentido, me pregunto por qué una persona puede aprender de otras obras sin pagar por cada una de ellas y una inteligencia artificial no debería hacerlo.
Al mismo tiempo, entiendo que los autores reclamen una compensación si consideran que se han utilizado sus obras sin permiso. Tengo esas dos opiniones contrapuestas. Creo que es un debate complejo y que hay que pensar en ambas partes.
¿Hay algo que La Tundra nunca representaría? ¿Hasta qué punto su personalidad condiciona las colaboraciones que puede hacer?
Desde el principio quise que tuviera unos gustos y un estilo definidos. No tendría sentido que colaborara con cualquier marca sin tener en cuenta su personalidad. La Tundra bebe vino, por ejemplo, así que podría encajar con una bodega. Pero hay otras marcas con las que no la imagino.
La idea es que el público conozca quién es y qué representa. Aunque sea un personaje virtual, quiero que tenga coherencia. No puede ser simplemente una imagen que aparece junto a una canción o una colaboración comercial.
¿Cuál sería el sueño de Alberto Pacheco para La Tundra?
Me gustaría llegar al millón de reproducciones o alcanzar los 100.000 oyentes mensuales. Cuando empiezas desde cero y consigues que una canción llegue a 80.000 reproducciones sin invertir dinero en publicidad, te parece una locura. Por eso, conseguir que el proyecto siga creciendo sería un sueño.
Si dentro de diez años La Tundra fuera una artista consolidada, ¿qué parte del éxito atribuirías a la tecnología y qué parte a ti?
Sinceramente, pensaría que tengo el 100 % del éxito. La idea es mía, también lo es haber empezado tan pronto y haberle dado una vida propia. La tecnología me ayuda en el proceso, pero es una herramienta, un facilitador. Las decisiones y el trabajo que hay detrás del proyecto son míos.
La Tundra en tres respuestas
Un artista humano con el que te gustaría verla colaborar.
Vanesa Martín.
Una emoción que define a La Tundra.
Amor propio.
¿Por qué debería alguien darle al play si nunca ha escuchado a La Tundra?
Porque es una de las pocas artistas que cantan con un propósito.
Mientras la inteligencia artificial sigue transformando la forma de crear y consumir música, La Tundra busca hacerse un hueco más allá de la novedad tecnológica. Alberto Pacheco quiere que sus canciones acompañen a quienes las escuchan y que su personaje tenga una identidad propia, capaz de conectar con el público.
En una industria donde cada vez resulta más fácil producir música y más difícil destacar entre tanta oferta, queda por ver si el futuro distinguirá entre artistas humanos y virtuales o si, como él anticipa, llegará un momento en el que simplemente hablaremos de artistas.

