Carretero Díaz relaciona domesticar animales con "usarlos como herramientas”
En el curso “Animales y humanos: Una historia de aportaciones mutuas”
14 jul 2014 - 14:14 CET
José Miguel Carretero Díaz, director del yacimiento del Portalón de los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca, desarrolló un recorrido por la historia evolutiva de los seres humanos, incidiendo en los aspectos que dieron origen a la relación entre los animales y los hombres, en la ponencia “El origen del vínculo hombre-animal: la domesticación, dominio o dependencia animal” que impartió en el curso “Animales y humanos: Una historia de aportaciones mutuas”.
El paleontólogo explicó el surgimiento de los primeros homínidos, hace aproximadamente cinco millones de años, de naturaleza primordialmente “vegetariana” y que eran considerados “presas” por el resto del mundo animal. No obstante, esta especie no era “estrictamente herbívora” sino que “le encantaba la carne y salía a cazar en grupo. Se daba así una socialización de la caza para hacerla más efectiva”, dijo el investigador. El consumo de carne permitió el aumento del tamaño del cerebro, sin que este crecimiento desequilibrase el metabolismo corporal, lo que se tradujo en una mayor asimilación de nutrientes y un consumo superior de energía: “La carne solo tiene un problema: que se mueve. Tiene esa mala costumbre. Hay que ir a por ella” comentó el también profesor.
“Hace 2,5 millones de años el mundo cambia para siempre”, afirmó Carretero Díaz. Este cambio se debió a la aparición de la herramienta como instrumento indispensable del desarrollo y evolución de la especie humana. “Las herramientas cambiaron nuestra relación con el resto del mundo animal. Pasamos de ser presas a ser depredadores, cambiando así nuestro nicho ecológico”, subrayó el paleontólogo. El instinto depredador del hombre se convierte así en el origen de la relación con los animales, porque “para cazar hay que conocer a las presas, a los depredadores de tus presas – para reducir al mínimo la competencia - y a tus propios depredadores, para no correr riesgos innecesarios. Esto supuso una gran ventaja adaptativa”. De esta manera, las herramientas unidas a la conexión animal permitieron la “explosión de nuestro éxito evolutivo”, apuntó el investigador.
En esta línea, José Miguel Carretero habló de cómo “las cuevas están repletas de animales cazados y de restos”. Restos de animales, pero también de humanos, ya que “existen marcas de corte y golpes en todos los huesos recuperados y en todos los individuos. Es una evidencia de canibalismo: El cazador cazado”, explicó. En este sentido, la relación de los hombres con los animales no se ha limitado al mero instinto de supervivencia y depredación. También se han establecido “relaciones íntimas, recíprocas e individuales con animales a través de la domesticación”. Porque, tal y como afirmó el director del yacimiento: “Domesticar es controlar, pero también comunicarse”, en un objetivo de “usar a los animales como herramientas”.
Asimismo, la conexión animal con el hombre ha trascendido, incluso, las fronteras del arte, a través del surgimiento de manifestaciones naturalistas como “la evidencia más notable de la importancia que adquieren los animales y su conocimiento. Así empieza a aparecer arte prehistórico por todos lados”, explicó el profesor. Creación artística que incluye técnicas como el antropomorfismo y el totemismo, en una mezcla de cuerpo y mente humana con el de los animales. “Son una extensión de nosotros mismos” sentenció.



