El 22% de los hombres y el 11% de las mujeres reconocen consumir pornografía con escenas de violencia sexual mediante sumisión química
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Así se desprende de un estudio llevado a cabo por un equipo interdisciplinar de investigadores liderado desde el departamento de Salud Pública y Materno-Infantil de la Universidad Complutense de Madrid, publicado en JMIR Public Health and Surveillance
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El análisis, llevado a cabo por el Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas, analiza la relación entre episodios de violencia sexual facilitada por drogas en contextos de fiesta juvenil y el consumo de pornografía con escenas de este tipo de agresiones sexuales
Madrid, 29 de enero de 2026.- La violencia sexual facilitada por drogas es un grave problema de salud pública, conocido popularmente como “sumisión química”. Comprende aquellas agresiones en las que el perpetrador se aprovecha de personas inconscientes o incapacitadas por los efectos de sustancias psicoactivas, incluyendo el alcohol, otras drogas de abuso, o fármacos. Estudios recientes indican que una de cada dos mujeres y uno de cada cuatro hombres de entre 18 y 35 años han sufrido violencia sexual facilitada por drogas en contextos de fiesta. Los agresores suelen actuar de forma oportunista, aprovechándose de la vulnerabilidad ocasionada por el consumo voluntario de alcohol. En estos casos se habla de sumisión química oportunista o vulnerabilidad química. A su vez, se habla de sumisión química proactiva cuando los agresores favorecen el consumo involuntario de sustancias por parte de la víctima, por ejemplo, administrándoselas de forma encubierta, o forzándolas o presionándolas a consumir.
Un nuevo estudio publicado en JMIR Public Health and Surveillance analiza la relación entre episodios de violencia sexual facilitada por drogas en contextos de fiesta juvenil y el consumo de pornografía con escenas sobre este tipo de agresiones sexuales. El estudio ha sido llevado a cabo en el marco del Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas.
El consumo de pornografía está ampliamente extendido en la población juvenil. Según el estudio realizado, en España, dos de cada tres jóvenes de entre 18 y 35 años admiten consumir pornografía, un 84% de los hombres, frente al 48% de las mujeres. Entre los hombres, el 44% la consumen a diario o dos o tres veces por semana, mientras que el 27% de las mujeres la consumen menos de una vez al mes. Paralelamente, el Informe Pornografía y conductas sexuales de riesgo, de la Fundación FAD Juventud, estima que consumen pornografía 6 de cada 10 jóvenes de entre 16 y 29 años. La edad media de inicio al consumo es de 10 años.
En ausencia de fuentes de información afectivo-sexual de calidad, muchos jóvenes perciben la pornografía como una fuente de educación sexual.
Según el informe de la Fundación FAD, en España solo un 10% de los jóvenes manifiestan satisfacción con la educación sexual recibida. Ahora bien, uno de los problemas de la pornografía es que, por el contrario, puede actuar como fuente de desinformación sexual, al difundir mensajes engañosos sobre la sexualidad y el consentimiento. Así, numerosos estudios indican que la pornografía a menudo muestra escenas violentas que degradan sexualmente y cosifican a las mujeres. En España, el 40% de los jóvenes reconoce consumir pornografía de alto contenido violento, clasificado como especialmente degradante o humillante.
El estudio llevado a cabo aporta evidencia empírica pionera sobre un tema inexplorado: la relación específica entre el consumo de pornografía con escenas de agresiones sexuales mediante sumisión química y la mayor probabilidad no solo de perpetrar, sino también de sufrir, este tipo de agresiones. Entre las personas de 18 y 35 años, el 22% de los hombres y el 11% de las mujeres reconocen consumir pornografía que se ajusta a episodios de violencia sexual facilitada por drogas, es decir, escenas que involucran a personas dormidas, inconscientes o bajo los efectos psicoactivos de sustancias como el alcohol u otras drogas. Este tipo de contenido trata de presentar como sexualmente excitante la violencia perpetrada cuando las mujeres están dormidas o inconscientes, invisibilizando la violencia sexual y normalizando prácticas sexualmente degradantes.
El nuevo estudio indica una correlación entre experiencias de violencia sexual facilitada por drogas y el consumo de este tipo específico de pornografía. La probabilidad de haber perpetrado una agresión de este tipo es cuatro veces mayor entre quienes consumen pornografía con escenas sobre prácticas sexuales violentas mediadas por sustancias. Ahora bien, la asociación no se limita a la perpetración. Así, se observa también una relación entre haber sufrido violencia sexual facilitada por drogas y el consumo de dicho contenido pornográfico.
A la luz de los resultados, los autores subrayan la necesidad crucial de implementar estrategias de salud pública que aborden el impacto de la pornografía como fuente de desinformación sexual y prevenir la normalización de las conductas sexuales violentas representadas en la pornografía.
REFERENCIA: Prego-Meleiro P, Pastor-Moreno G, Recalde-Esnoz I, Sordo L. Drug-Facilitated Sexual Assault Pornography and Sexual Violence While Partying: Cross-Sectional Study. JMIR Public Health Surveill 2026;12: e80110. doi: 10.2196/80110. PMID: 41571270
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