Durante las tres primeras décadas del siglo XIX la Universidad no fue ajena a los enfrentamientos entre liberales y absolutistas. En los años del Trienio Liberal (1820-1823) se debatió en Cortes un Reglamento General de Instrucción Pública, que contemplaba el establecimiento de la Universidad Central en Madrid. El texto finalmente aprobado, en 1822, incorporaba a la naciente Universidad Central, sita en Madrid, los Reales Estudios de San Isidro, el Museo de Ciencias Naturales y la Universidad Cisneriana. El inicio del curso en la Universidad Central, inaugurado por Manuel José Quintana, tuvo lugar el 7 de noviembre de 1822.
Las disposiciones del Trienio fueron anuladas por la reacción conservadora y la Universidad Cisneriana volvería a residir en Alcalá entre 1823 y 1836. Los años de la ‘Década Ominosa’ son años perdidos para la Universidad; la vuelta al modelo absolutista conllevó enfrentamientos en el claustro y frecuentes interrupciones en las enseñanzas. En 1833, la llegada al poder de los liberales, en los inicios del reinado de Isabel II, determinó el traslado –esta vez definitivo- de la Universidad a la ciudad de Madrid. Un Decreto de 29 de octubre de 1836 sancionó el traslado de la Universidad, poniendo fin a más de tres siglos de presencia universitaria en Alcalá de Henares.
Los estudios superiores establecidos a Madrid, recibieron la denominación inicial de Universidad Literaria de Madrid, que mantendrían hasta 1850, en que pasaron a denominarse Universidad Central. Con este nombre se mantuvo hasta 1970, en que tomó su actual denominación de Universidad Complutense de Madrid.
Entre 1837 y 1845 se consolidan las instituciones gubernativas responsables de la enseñanza universitaria del liberalismo. En 1845, bajo el ministerio de Pedro José Pidal, se aprobó el Plan General de Estudios. El ‘Plan Pidal’ consagraba los tres principios de liberalismo decimonónico: secularización, libertad y gratuidad, impregnados de un criterio unificador, que dejaba la vida universitaria bajo la tutela del Gobierno.

El ‘Plan Pidal’ establecía unas ‘Facultades mayores’: Teología, Jurisprudencia, Medicina y Farmacia, y unos ‘Estudios superiores’ que comprendían Filosofía y Ciencias. Los estudios de doctorado de todas estas disciplinas debían cursarse, en exclusiva, en la Universidad de Madrid. También define un territorio o “distrito” para cada Universidad, en el que el Rector se convierte en máxima autoridad educativa en todos los niveles. En nuestro caso, el distrito incluía las provincias de Madrid, Ávila (que en 1852 pasará al distrito de la Universidad de Salamanca), Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Segovia y Toledo.e
En 1850, un nuevo plan consagrará la centralización de los estudios universitarios en España. La ya denominada Universidad Central no sólo mantendrá la exclusividad en otorgar el grado de doctor, también será la única en mantener todas las facultades -las mismas del plan anterior-, pero ya sin distinción entre ‘mayores’ y ‘menores’.

Los principios básicos de esta estructura universitaria se consagraron en la Ley de Instrucción Pública, proclamada en septiembre de 1857, y llevada a término por Claudio Moyano. La norma establecía seis Facultades universitarias: Filosofía y Letras, Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Farmacia, Medicina, Derecho y Teología. El ‘Plan Moyano’ consolidó la centralización y control de la administración central sobre la vida universitaria. Junto con una prolija descripción del plan de cada uno de los estudios, la Ley insistía recurrentemente en el ‘carácter práctico’ que habrían de tener las enseñanzas; para paliar la sempiterna carencia de instalaciones en la que hacer viable estas enseñanzas prácticas, algunas de las instituciones científicas creadas en Madrid durante el periodo ilustrado se habían integrado, previamente a esta norma, en la Universidad; tal es el caso del Museo de Ciencias Naturales, el Real Jardín Botánico y el Real Observatorio Astronómico. Las escuelas de ingeniería y las enseñanzas profesionales, se recogían en la normativa como estudios posteriores a las enseñanzas medias, aunque no se vincularon a la Universidad.
Aunque la estructura universitaria planteada por Moyano pervivió hasta principios del siglo XX, su desarrollo conoció periodos de reformas conservadoras. La última etapa del reinado de Isabel II supuso uno de estos momentos álgidos en la interpretación más conservadora de la norma y dio origen a una reacción de la comunidad universitaria madrileña, conocida como ‘primera cuestión universitaria’.
La Universidad en el Sexenio Democrático y la Restauración »