Ellos proceden de todos los ámbitos económicos y culturales. Su mirada no revela el dolor que arrastra quien padece su agresión. Precen triunfadores o fracasados, introvertidos o extrovertidos, atractivos o no. No muestran ningún signo de identificación y en la mayoría de los casos nadie sospecha lo que ella, esa mujer a la que dice amar, siente cuando se queda a solas con él.
Ellos proceden de todos los ámbitos económicos y culturales. Su mirada no revela el dolor que arrastra quien padece su agresión. Parecen triunfadores o fracasados, introvertidos o extrovertidos, atractivos o no. No muestran ningún signo de identificación y en la mayoría de los casos, nadie sospecha lo que ella, esa mujer a la que dice amar, siente cuando se queda a solas con él.
Ellas, despreciadas, humilladas, golpeadas con la voz y la palabra más que por la mano, se sienten culpables del dolor que padecen, aterradas ante una sociedad que dice protegerlas pero sigue tolerando la agresión, haciéndolas responsables por no poder huir a tiempo, por haber soportado más de lo soportable, por su amargura y su imposibilidad de reconocer que no es cierto que "quien bien te quiere te hará llorar".
Ellas proceden de una cultura en la que les enseñaron y les enseñan que los hombres celosos son hombres que aman, y no les dijeron nunca que el amor solamente puede existir en la conciencia de la libertad. Ellas son jóvenes y maduras, y no tienen condición económica, social o cultural.
La reflexión sobre la complejidad de la violencia de género es el primer objetivo de esta exposición, porque es importante que comprendamos todas y todos que:
Los hombres que nos aman nos quieren libres.
Los hombres que nos aman nos quieren felices.
Los hombres que nos aman nos quieren independientes.
Los hombres que nos aman nos quieren exactamente como somos.
Los hombres que nos aman jamás nos acosarán.
Los hombres que nos aman jamás nos harán llorar.
Los hombres que nos aman jamás nos despreciarán.
Los hombres que nos aman jamás nos harán temerles.
Pero desde los medios de comunicación se siguen transmitiendo estereotipos del mito del amor romántico que lleva a muchas mujeres a la muerte, asesinadas o inducidas al suicidio, a la depresión, al aislamiento social. la violencia simbólica es tan potente en los mensajes de la ficción mediática que perpetúa la violencia y contribuye a su extensión entre las personas más jóvenes.
¿Sabes quién es él? Si lo sabes, Tolerancia Cero. No importa que sea ese hombre que siempre admiraste por sus escritos, por sus conocimientos científicos, por sus éxitos en cualquier ámbito, por su imagen. Es un maltratador.
¿Sabes quién era ella? Piensa en quién era esa mujer que está ya muerta, o en quién era esa mujer que ahora parece sólo un despojo, amargada, triste, obsesionada, asustada o asustadiza, sin fuerzas, sin opiniones, con miedo. ¿Sabes quién era ella? ¿Sabes qué le hicieron? Ayúdala a volver a ser ella misma, a salir del miedo y del dolor, para que como muchas otras se convierta en superviviente. Porque del maltrato se puede salir y es responsabilidad de toda la sociedad apoyar a todas las mujeres cuya identidad fue secuestrada.
Isabel Tajahuerce Ángel
Delegada del Rector para Igualdad
Universidad Complutense de Madrid