Diplomacia del poder

La visión tradicional de la historia de la diplomacia, en el sentido moderno del término —es decir, la gestión pacífica de las relaciones entre Estados—, ha situado su desarrollo a lo largo de los siglos de la Edad Moderna, con unos orígenes que se remontan a los cambios que se produjeron en la península itálica durante la segunda mitad del siglo XV y a su posterior adopción y adaptación por parte del resto de Europa. La historiografía de las últimas décadas, sin embargo, ha puesto en cuestión este paradigma, indagando en la multiplicidad de orígenes y demostrando cómo solo muy lentamente la aparición de convenciones ampliamente compartidas y la creciente familiaridad con la práctica consolidaron la diplomacia como un medio regular y sistematizado de mantener contactos y gestionar, contener y prevenir conflictos, convirtiéndose en un instrumento esencial del poder. La diplomacia de la Edad Moderna fue siempre multifacética, con redes informales estructuradas por lazos familiares y personales de clientelismo, amistad o negocios junto a las embajadas y embajadores residentes que llevaban a cabo negociaciones, dotados de unas instrucciones y un nombramiento oficiales.

Esta sección pone el foco en la estrecha relación entre diplomacia y poder, pero también en las prácticas y estructuras que componían la actividad diplomática. La negociación iba más allá de las meras conversaciones entre enviados ordinarios o extraordinarios y, en consecuencia, su análisis debe trascender el contenido eminentemente político de dichas negociaciones. Las redes interpersonales, las diferentes instituciones involucradas, las estrategias retóricas, los intereses individuales, las identidades colectivas y los intercambios culturales formaron parte de las negociaciones, en ocasiones con un papel tan relevante como las conversaciones en sí mismas. El desarrollo de estas prácticas diplomáticas dio lugar a toda una literatura sobre las características que debía encarnar el «buen embajador», como demuestran los éxitos editoriales de las obras de Juan Antonio Vera y Carlo Maria Carafa. La selección de libros recogidos en esta sección aborda desde distintas ópticas este planteamiento: bien sea a través de las redes y círculos de una reina o un valido, bien a través del intercambio de regalos, de la gestualidad, del uso del lenguaje o de las formas de comunicación, todo ello forma parte de las prácticas que un «buen diplomático» debía ser capaz de desplegar en su relación con el poder.

BEATRIZ ÁLVAREZ GARCÍA


                      


El enbaxador, de Juan Antonio Vera y Figueroa. Sevilla: por Francisco de Lyra, 1620.

BUCM (Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla):  BH FOA 1370

BEATRIZ ÁLVAREZ GARCÍA

En 1620 Juan Antonio Vera Figueroa y Zúñiga, conde de la Roca, publicaba en la imprenta de Francisco de Lyra en Sevilla un libro sobre las aptitudes y cualidades que debía tener el buen embajador como servidor de la Monarquía. Escrito durante la época en la que Vera era secretario del III duque de Feria, muy elocuentemente, lo tituló, simple y llanamente, El enbaxador y dedicó su obra al rey Felipe III. Amigo personal de Lope de Vega y del conde duque de Olivares, Juan Antonio Vera desarrolló en este tratado un verdadero manual y libro de estilo del buen embajador. Él mismo fue mandado llamar a la corte en 1621 como maestro de los futuros diplomáticos y obtuvo el título de conde de la Roca en 1628, tras su misión como embajador extraordinario en Saboya en 1625.

Inspirado en el El cortesano del humanista italiano Baldassarre Castiglione y elaborado, como él, en la forma de un diálogo, el texto se extiende a lo largo de cuatro libros con el objetivo de servir como manual formativo de la aristocracia en cuestiones diplomáticas. Conversan Ludovico y Julio, dos nobles amigos, que reivindican la diplomacia como una práctica especializada, entre cuyas virtudes fundamentales señalan la oratoria y la elocuencia. Los libros I y II se extienden en cuestiones de calado teórico y abundan en la importancia de la formación del embajador en disciplinas concretas y lenguas y en las virtudes morales y físicas con las que debe contar. Los libros III y IV, por su parte, se centran en dar una serie de consejos prácticos para el desempeño de las embajadas.

El éxito editorial del libro hizo que pronto se tradujera al francés en 1635 como Le Parfait Ambassadeur, con significativas adaptaciones introducidas por el traductor Nicolas Lancelot, y poco tiempo después al italiano, con sucesivas reimpresiones en ambos territorios. Estas traducciones supusieron la circulación de moldes diplomáticos hispanos en las cortes europeas y convirtieron el diálogo de Vera en uno de los principales tratados altomodernos sobre las prácticas diplomáticas y los saberes que debían manejar los representantes de los príncipes en otras cortes.

 

 

El embaxador politico christiano, de Carlo Maria Carafa. Palermo: por Thomas Romolo, 1691.

BUCM (Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla): BH DER 6592

NIL MEDEIROS VENDRELL

Nos encontramos ante un tratado de formación política y moral sobre la figura del embajador, concebido no solo como una reflexión teórica, sino como una guía práctica para el ejercicio de la representación diplomática en la Europa de la Edad Moderna. La obra define qué debe entenderse por “embaxador”, justifica la utilidad de las embajadas y sitúa esta figura en un marco explícitamente cristiano, en el que la prudencia política debe ir unida a virtudes como la fidelidad, la verdad, el secreto y la rectitud en el servicio al príncipe. En este sentido, el libro se aborda como una fuente especialmente valiosa para comprender la cultura diplomática barroca, donde la experiencia cortesana, la moral católica y la razón política aparecen estrechamente vinculadas. Su contenido muestra con claridad esa doble dimensión doctrinal y práctica: además de tratar las calidades y obligaciones del embajador, incluye cuestiones concretas como el modo de informar al príncipe, guardar secreto, preparar el viaje, presentarse en la corte, tratar con ministros y damas, gestionar la familia, aceptar dones, concluir la embajada y defender las prerrogativas e inmunidades del cargo. A ello se suma un amplio repertorio de ejemplos históricos, modelos de cartas y descripciones de ceremoniales de recepción en distintas cortes (Roma, Alemania, España, Francia, Londres, Venecia, Holanda, Constantinopla o Persia), lo que convierte la obra en una fuente de primer orden para estudiar no solo la teoría diplomática, sino también sus usos y protocolos.

 

 

L’art de la paix en Europe: naissance de la diplomatie moderne, XVIe–XVIIIe siècle, de Lucien Bély. Paris: Presses Universitaires de France, 2007.

BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D327(4)BELart

MARCOS GAMA RUIZ

Entre los siglos XVI y XVIII, Europa vivió un escenario político marcado por la reiteración de conflictos armados, pero también por un esfuerzo constante por regularlos, limitarlos y ponerles fin. En ese espacio de tensiones se fue configurando una práctica política específica, la diplomacia, que acabaría desempeñando un papel fundamental en la articulación de las relaciones internacionales. La obra de Lucien Bély se sitúa en ese punto de cruce entre guerra y negociación, ofreciendo una síntesis sobre el proceso de formación de la diplomacia moderna y, sobre todo, sobre la construcción histórica de lo que el propio autor denomina el “arte de la paz”.

Especialista en historia de las relaciones internacionales en la Edad Moderna, Bély propone un enfoque que se aleja de las narrativas centradas exclusivamente en los grandes tratados o en las decisiones de los soberanos. Su análisis se orienta hacia los mecanismos concretos que hicieron posible la negociación: los actores implicados, las prácticas desarrolladas y las estructuras que se consolidaron a lo largo de varios siglos. En este sentido, la obra no se limita a estudiar los acuerdos de paz, sino que trata de explicar cómo estos pudieron llegar a producirse.

Una de las principales aportaciones de la obra reside en su insistencia en que la paz no debe entenderse como un simple paréntesis entre guerras, sino como una dimensión constitutiva de la vida política europea. Bély muestra cómo, paralelamente a la intensificación de los conflictos, se desarrolló un conjunto de normas, hábitos y lenguajes que permitieron encauzar la rivalidad entre las potencias. Desde la fijación progresiva de reglas diplomáticas hasta la generalización de las embajadas permanentes, se fue configurando un sistema que hacía posible el diálogo entre soberanos en ausencia de una autoridad superior. En esta evolución desempeñaron un papel central los agentes de la diplomacia. Embajadores, enviados y mediadores aparecen como figuras clave, dotadas de una cultura política propia. Lejos de ser meros ejecutores de órdenes, estos actores participaron activamente en la negociación, adaptándose a contextos cambiantes y utilizando recursos como la información o la persuasión. Esta atención a los “actores secundarios”, tradicionalmente relegados en la historiografía, constituye uno de los rasgos más innovadores del enfoque de Bély.

Igualmente destacable es el análisis de las prácticas diplomáticas. El ceremonial, el protocolo o el lenguaje utilizado en las negociaciones no eran elementos superficiales, sino herramientas fundamentales para ordenar las relaciones entre potencias. En este sentido, los grandes congresos de paz, como los de Westfalia o Utrecht, aparecen como momentos en los que estas prácticas alcanzaron un alto grado de formalización. En conjunto, la obra ofrece una interpretación que desplaza la mirada desde la guerra hacia los procesos de negociación que estructuraron el sistema político europeo, subrayando el papel de la diplomacia como una de las claves de la Europa moderna.

 

 

Communication and Conflict. Italian Diplomacy in the Early Renaissance, 1350-1520, de Isabella Lazzarini. Oxford: Oxford University Press, 2015.

BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D327(45)LAZ.

BEATRIZ ÁLVAREZ GARCÍA

Como parte de la renovación de la historia diplomática producida en los últimos años, el volumen de Isabella Lazzarini, profesora de la Universidad de Turín, indaga en los orígenes de la diplomacia moderna desde el punto de vista de la comunicación, la gestualidad y los usos lingüísticos.  Se trata de un libro que se inserta claramente en el giro holístico propugnado por la nueva historia diplomática, con un enfoque centrado en las estructuras de la práctica diplomática —y, más concretamente, en los orígenes de dichas prácticas—. Cronológicamente muy amplio (de 1350 a 1520), en este libro se apuesta por el estudio del Renacimiento italiano, entendido en un sentido político, que hunde sus raíces en la mitad del siglo XIV y se extiende hasta el período de las guerras de Italia del siglo XVI. En sí mismo, el enfoque cronológico que proporciona es ya interesante, pues rechaza la idea ampliamente aceptada de 1450 como punto de inflexión en el desarrollo de una diplomacia moderna. En cambio, la autora plantea la necesidad de ampliar la mirada y reconocer las prácticas y tradiciones anteriores sobre las que los nuevos desarrollos se asentaron. Esta es, de hecho, una de las contribuciones fundamentales del trabajo: la poligénesis de la diplomacia moderna, es decir, la idea de que la práctica diplomática se derivó de una combinación de estructuras y tradiciones preexistentes, tales como las redes mercantiles o los legados papales. Este planteamiento supone, una vez más, alejarse de las tesis de Mattingly que consideraban el surgimiento de la diplomacia como un elemento fundamental de la construcción del estado.

La principal aportación de la obra es su enfoque en la diplomacia como una actividad política, flexible y en construcción, superando el paradigma de los embajadores residentes como emblema de la modernidad. Información, negociación, representación y comunicación se presentan como los cuatro ejes principales de la acción política de un diplomático y son también las cuatro secciones que estructuran este trabajo, ofreciendo un amplio recorrido por las distintas facetas de los agentes diplomáticos, formales o informales, que constituyeron el amplio mundo de la diplomacia de la Edad Moderna.

 

 

Global gifts: the material culture of diplomacy in early modern Eurasia, ed. de Zoltán Biedermann, Anne Gerritsen y Giorgio Riello. Cambridge-New York: Cambridge University Press, 2018.

BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D341.7(4/5)GLO

F. JAVIER ÁLVAREZ GARCÍA

Este volumen colectivo se inscribe en el proceso de renovación que, en las últimas décadas, ha experimentado la historia diplomática, al situar en el centro de interés los objetos y prácticas materiales que acompañaron las relaciones políticas en la Edad Moderna. A través de diez estudios de caso, el libro examina cómo los regalos diplomáticos actuaron como instrumentos de negociación, representación simbólica y comunicación intercultural en un espacio euroasiático cada vez más interconectado; como objetos de mediación capaces de transmitir prestigio, afirmar jerarquías o facilitar acuerdos políticos y comerciales. En este sentido, el volumen dialoga estrechamente con los estudios antropológicos sobre el don y con el llamado “giro material” de la historiografía, subrayando el potencial de la cultura material para comprender dinámicas políticas y económicas en contextos transculturales.

Los capítulos que conforman la obra abordan diferentes escenarios de interacción diplomática. Los dos primeros se centran en las relaciones diplomáticas que mantuvieron estados italianos como el ducado gonzaguesco o la República de San Marcos, y el Imperio otomano entre finales de los siglos XV y XVI, cuando los intercambios de caballos, armaduras o lujosos tejidos, más allá de prestigio, generaban también una destacada transferencia de conocimientos técnicos. Otros estudios analizan, por poner solo algunos ejemplos, el envío a Lisboa de cofres de marfil desde Sri Lanka, las estrategias diplomáticas de la República neerlandesa mediante el recurso a objetos exóticos destinados a impresionar a sus interlocutores o los regios regalos que se intercambiaron Francia y Siam a finales del Setecientos. En conjunto, todos estos casos ponen de relieve la estrecha relación entre diplomacia, comercio y consumo de bienes de lujo en la política internacional moderna. Pero si tenemos que señalar uno de los aspectos más sugerentes de la obra, ese es el de la atención prestada a la ambigüedad de estos intercambios. En muchas ocasiones resultaba difícil distinguir entre regalos, tributos, mercancías o botines, pudiendo un mismo objeto adquirir significados distintos según la perspectiva de los actores implicados. Así, en el marco de las relaciones entre los Habsburgo de Viena y la Sublime Puerta en el siglo XVI, los presentes enviados por los primeros eran interpretados en la corte otomana como tributo que confirmaba su superioridad política, mientras que aquellos intentaban presentarlos como regalos honoríficos entre soberanos. Sin embargo, el volumen también adolece de ciertas limitaciones: aunque se propone abordar la diplomacia del don en un marco euroasiático, sus estudios se concentran en el área mediterránea y en las redes europeas en Asia, lo que reduce la diversidad geográfica del análisis. Pese a ello, Global Gifts constituye, en conjunto, una obra sugerente que demuestra cómo el estudio de los objetos y de sus trayectorias permite comprender mejor las prácticas diplomáticas y las conexiones globales de la Edad Moderna. Al situar la cultura material en el centro del análisis, el libro abre nuevas vías para investigar la diplomacia como un fenómeno profundamente social, performativo y transcultural.

 

 

Mariana de Austria. Imagen, poder y diplomacia de una reina cortesana, de Laura Oliván Santaliestra. Madrid: Editorial Complutense, 2006.

BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D92MARoli

VERÓNICA GALLEGO MANZANARES

Publicado hace dos décadas, este estudio de Laura Oliván Santaliestra se propone revisar críticamente la imagen historiográfica de las reinas consortes de la Edad Moderna, tradicionalmente asociadas a una supuesta incapacidad política derivada de su condición de género. Frente a aquel paradigma, la autora toma como caso de estudio a Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, para reconstruir un modelo de soberana plenamente integrada en las lógicas de gobierno del Antiguo Régimen.

 Educada para ejercer funciones regias y profundamente identificada con los principios de la Monarquía Hispánica, Mariana asumió la regencia tras enviudar en un contexto marcado por tensiones políticas y desconfianzas hacia su autoridad. Este escenario sitúa la diplomacia en el centro de su actuación política. Oliván demuestra como la reina desplegó una intensa actividad diplomática orientada a garantizar la estabilidad de la Monarquía, en un momento de redefinición de sus equilibrios internos y externos. En este apartado, el estudio se fundamenta, en primer lugar, en el análisis de la correspondencia de la reina regente con sus agentes en el extranjero y con los gobernadores de territorios clave como Flandes. A través de estas fuentes, se reconstruyen las estrategias político-diplomáticas impulsadas desde la corte madrileña. En segundo lugar, se analizan las complejas relaciones entre la Monarquía Hispánica y el Imperio, cuya progresiva divergencia —en el marco de la evolución de la política exterior europea— tuvo su reflejo en las dinámicas cortesanas. La corte emerge, así como un espacio privilegiado de negociación, donde se articulaban intereses, alianzas y conflictos.

Aunque la obra no se centra exclusivamente en el análisis sistemático de la diplomacia, este entramado resulta fundamental para comprender la construcción de la autoridad de Mariana. En este sentido, Oliván subraya el papel de la representación como herramienta política. La reina elaboró cuidadosamente una imagen pública destinada a legitimar su posición en momentos de especial fragilidad. A través de retratos visuales y discursivos, se presentó como una figura “burócrata, piadosa y legítima”, tres cualidades que condensan su estrategia de afirmación política y que estructuran la interpretación de la autora. En conjunto, el libro ofrece una aportación sólida a la historia política y de género, al mostrar cómo la diplomacia y la construcción simbólica del poder fueron elementos inseparables en el ejercicio del gobierno de una reina regente en la Europa moderna.

 

 

El valimiento y el gobierno de la Monarquía Hispánica (1640-1665), de Alistair Malcolm. Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica y Marcial Pons Historia, Madrid, 2019.

BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D946.044ALI

LOURDES AMIGO VÁZQUEZ

Publicado originalmente en inglés en 2017 y traducido al español en 2019, el libro analiza el valimiento de Luis de Haro como una vía para comprender el funcionamiento del poder y de las élites políticas de la Monarquía Hispánica durante la segunda mitad del reinado de Felipe IV. Se trata, por ello, de una obra fundamental para profundizar en quien fue uno de los principales artífices de la Paz de los Pirineos (1659).

El libro se organiza en tres grandes partes. La primera examina el problema político del valimiento y el ascenso de Haro al poder en un contexto marcado por la desconfianza hacia la figura del favorito. La segunda se centra en la élite ministerial y en las redes políticas que sustentaron el ejercicio del poder en la corte de Felipe IV. Finalmente, la tercera parte aborda la política exterior de la Monarquía durante el valimiento de Haro, en un momento particularmente difícil, marcado por las derrotas militares de mediados del siglo XVII y por las revueltas de Portugal y Cataluña.

En esta última parte, titulada Guerra y Paz en Europa, Malcolm señala como uno de los tres ejes fundamentales de la política exterior de Haro “la constante renuencia a firmar la paz, a no ser que el resultado final se pudiera considerar honroso para el rey de España y, por tanto, susceptible de justificar el valimiento”. Tras la Paz de Westfalia (1648), que puso fin a la guerra con las Provincias Unidas, la Monarquía Hispánica siguió enfrentada a Francia. En estas circunstancias, Haro se mostró dispuesto a explorar la vía diplomática, pero evitó aceptar acuerdos que pudieran comprometer el prestigio de la Corona. Él mismo participó directamente en dos momentos clave de las negociaciones: las conversaciones mantenidas en Madrid con el enviado francés Hugues de Lionne en 1656 —que no llegaron a culminar en un acuerdo— y, de forma decisiva, las negociaciones con Mazarino que condujeron al Tratado de los Pirineos en 1659. Es a estas últimas a las que el autor dedica una atención particular.

Malcolm analiza con detalle las conferencias celebradas por Haro y Mazarino en la frontera pirenaica entre agosto y noviembre de 1659, y subraya que el valido buscaba “conseguir una renegociación satisfactoria del desafortunado Tratado de París” (4 de junio de 1659). Destaca la habilidad diplomática de don Luis de Haro, que supo manejar con destreza el desarrollo de las conversaciones y obtener concesiones de su interlocutor. De este modo, pudo mejorar algunos aspectos del acuerdo previo, en particular las disposiciones relativas al príncipe de Condé, y fijar en buena medida los términos del matrimonio entre Luis XIV y la infanta María Teresa. En definitiva, Haro logró hacer de la Paz de los Pirineos “un triunfo diplomático”.  

 

 

Mazarin, le maître du jeu, de Simone Bertière. Paris: Fallois, 2007.

BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D92MAZber

MARCOS GAMA RUIZ

La figura del cardenal Julio Mazarino ocupa un lugar central en la Europa del siglo XVII, en un momento marcado por la prolongación de los conflictos heredados de la primera mitad del siglo y por la redefinición del equilibrio político continental. Su trayectoria, desde sus orígenes modestos hasta convertirse en principal ministro de Francia y uno de los actores decisivos de la política europea, constituye el eje de la obra de Simone Bertière, quien propone una biografía que va más allá del relato individual para situar al personaje en el corazón de las dinámicas políticas, diplomáticas y culturales de su tiempo.

Especialista en el género biográfico y autora de numerosas obras sobre figuras del Antiguo Régimen, Bertière construye un retrato que combina el rigor documental con una narrativa fluida. Su enfoque permite seguir la trayectoria de Mazarin desde su llegada a Francia, su consolidación como sucesor de Richelieu y, especialmente, su papel durante la regencia de Ana de Austria y el reinado de Luis XIV. Lejos de presentar una figura secundaria, la autora sitúa al cardenal en el centro de la acción política, destacando su capacidad para adaptarse a contextos complejos y para mantener el control en situaciones de inestabilidad, como la Fronda.

Uno de los aspectos más relevantes de la obra es la reinterpretación de la figura de Mazarin frente a la imagen negativa que tradicionalmente le ha acompañado. Bertière aborda de manera crítica las acusaciones difundidas por sus contemporáneos, especialmente a través de las llamadas “mazarinadas”, y por parte de la historiografía posterior, que lo presentaban como un ministro corrupto o excesivamente ambicioso. Frente a ello, la autora propone una lectura más matizada, en la que subraya su inteligencia política, su capacidad de negociación y su papel en la consolidación de la monarquía francesa. En este sentido, la dimensión diplomática de Mazarin ocupa un lugar central en el libro. Su actuación en la culminación de los acuerdos de Westfalia permite entenderlo como uno de los principales artífices de la paz en Europa. Bertière insiste en que su objetivo no fue únicamente la victoria de Francia sobre la Casa de Austria, sino también la construcción de un equilibrio político que garantizara cierta estabilidad en el continente. De este modo, la figura del cardenal aparece vinculada al desarrollo de nuevas formas de negociación y al afianzamiento de la diplomacia como instrumento esencial de la política europea.

Junto a esta dimensión política, la obra también presta atención a aspectos más personales del personaje, como su relación con el poder, su gusto por las artes o su capacidad para tejer redes de fidelidad. Este enfoque permite ofrecer una imagen más compleja, alejada de interpretaciones simplificadoras, y situar a Mazarin en el contexto cultural del llamado “Gran Siglo”. En conjunto, Mazarin, le maître du jeu constituye una biografía sólida que, a través del estudio de un individuo, permite comprender mejor las transformaciones políticas y diplomáticas de la Europa del siglo XVII.

 

 

España y Nápoles. Coleccionismo y mecenazgo virreinales en el siglo XVII, de José Luis Colomer (dir.). Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica, 2009.

BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): A707.8(45)ESP

ÓSCAR FERNÁNDEZ MOLINA

Esta obra colectiva, dirigida por José Luis Colomer, constituye una aportación fundamental al estudio de las relaciones entre la monarquía de España y el virreinato de Nápoles en el siglo XVII, abordadas desde una perspectiva cultural centrada en el coleccionismo y el mecenazgo. El volumen se inscribe en una renovación historiográfica que ha superado la tradicional interpretación político-administrativa del virreinato para centrarse en los mecanismos de representación del poder. A lo largo de sus diversos capítulos, se pone de relieve el papel activo de los virreyes como agentes culturales, capaces de articular redes artísticas entre Madrid, Nápoles y otros centros italianos, con especial atención al papel de la embajada española en Roma como nodo fundamental de estas dinámicas.

Uno de los principales aciertos de la obra reside en mostrar cómo el coleccionismo trascendía el ámbito puramente estético para convertirse en un instrumento de proyección política y legitimación social. La adquisición de obras, el patrocinio de artistas y la intervención en espacios urbanos y palaciegos se revelan como estrategias destinadas a construir una imagen de autoridad acorde con los ideales de la Monarquía Católica. Asimismo, el estudio subraya la dimensión internacional de estos procesos, destacando la intensa circulación de artistas, obras y modelos culturales en el ámbito mediterráneo. En este contexto, Nápoles deja de ser interpretado como un territorio periférico para consolidarse como un enclave central dentro de la red político-cultural de la monarquía de España.

Metodológicamente, la obra se caracteriza por su enfoque interdisciplinario, incorporando investigadores españoles e italianos en las áreas de historia del arte, historia cultural e historia política. Esta aproximación facilita el análisis del mecenazgo virreinal, y particularmente el diplomático en el contexto romano, como un fenómeno multifacético donde convergen estrategias de representación, objetivos personales y dinámicas cortesanas. En definitiva, el volumen ofrece una visión renovada del papel de los virreyes y los embajadores en la construcción simbólica del poder en la Edad Moderna, convirtiéndose en una referencia imprescindible para el estudio del virreinato napolitano y, en particular, para el análisis de figuras concretas de la nobleza castellana en el contexto italiano.