Agentes no oficiales y mediaciones discretas
Entre los siglos XVI y XVIII, los territorios europeos experimentaron procesos de consolidación y expansión articulados a través de trayectorias políticas diversas. Como consecuencia, se desarrolló una amplia red de individuos dispuestos a desplazarse con frecuencia, a la que se sumarían los séquitos de las cortes itinerantes, cuyos complejos aparatos integraban ministros, misioneros, grandes oficiales, artistas, servidores y mujeres de la alta nobleza. Esta circulación constante de personas y con ellas saberes, objetos, gustos, o contratos; pone de relieve que la actividad diplomática no puede comprenderse plenamente si se limita al análisis de los embajadores o a los encuentros formales entre soberanos. Además de los canales gubernativos, operó un amplio conjunto de agentes que no respondían al estatus de embajador formal, pero cuya intervención resultó fundamental en aquellos contextos en los que la diplomacia ordinaria era insuficiente o inexistente. Su actuación fue especialmente necesaria en espacios de frontera política y cultural, así como en ámbitos donde las relaciones carecían de una plena institucionalización, como en las conexiones con potencias extraeuropeas o en determinados escenarios italianos. Las cortes fueron espacios privilegiados de interacción, donde las mediaciones adquirieron un carácter estructural. Redes familiares, vínculos clientelares y afinidades confesionales articularon mecanismos paralelos de intercambio de información e influencia que integraban a individuos próximos al poder, configurando un entramado transnacional esencial. Asimismo, la incorporación de la perspectiva de género ha permitido reconocer la participación de mujeres en estas dinámicas. Numerosas virreinas, embajadoras y damas de la élite desempeñaron un papel destacado como mediadoras eficaces en la gestión de conflictos y en la orientación de decisiones, al tiempo que utilizaban sus posiciones familiares y cortesanas para influir políticamente y facilitar contactos. Todo este panorama revela una diplomacia más compleja, cuyo funcionamiento descansaba también en los circuitos relacionales que escaparon a las estructuras formales o a los agentes implicados directamente en la conclusión de acuerdos.
VERÓNICA GALLEGO MANZANARES
Arte y diplomacia de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII, dir. de José Luis Colomer. Madrid: Fernando Villaverde Ediciones, 2003.
BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): A703.47(46)ART
BERNARDO J. GARCÍA GARCÍA
Antes de la creación en 2005 del Centro de Estudios Europa Hispánica (CEEH) que se dedica a la dimensión internacional de la dinastía de los Austrias y de la Monarquía Hispánica en el Siglo de Oro, considerando las ideas, formas, agentes y episodios que mejor reflejan la importancia de este período en la historia de España, y la recepción de lo hispánico en distintas épocas y lugares, así como la difusión del arte español y su coleccionismo en el mundo, José Luis Colomer impulsó diversas actividades científicas y publicaciones. Entre ellas, destaca el coloquio internacional organizado con la Casa de Velázquez y Patrimonio Nacional en mayo de 2001, que incluía visitas a los Reales monasterios de San Lorenzo de El Escorial, las Descalzas y la Encarnación, cuyo resultado más relevante y duradero es este volumen editado magníficamente por Fernando Villaverde Ediciones en 2003. Un libro modélico y seminal por la enorme cantidad de novedades científicas, textuales y gráficas que aporta, pero también por la altísima calidad del trabajo editorial, más habitual en catálogos de exposición que en monografías académicas. Es por ello que la obra se incluye entre las publicaciones que figuran en la web del CEEH.
Esta valiosa contribución colectiva analiza cómo actuaron los agentes de la política exterior como intermediarios de los intereses artísticos de los soberanos de la Casa de Austria, pero también como protagonistas de un coleccionismo personal que emulaba el modelo regio. Los propios artistas y aquellos que encargaban, coleccionaban, vendían e intercambiaban sus obras, también desempeñaron un papel determinante conformando el gusto y las tendencias en el terreno artístico, la difusión de ideas, temas, estilos y autorías. La obra se subdivide en cinco partes. La primera reúne tres capítulos dedicados al estudio de la representación formal del poder real a través del retrato atendiendo a: la espectacular decoración pictórica del Escorial en época de Carlos II (Bonaventura Bassegoda); la rivalidad suntuaria desplegada en la decoración de la isla de los Faisanes para el encuentro personal de Luis XIV y Felipe IV con motivo de la Paz de los Pirineos y la entrega de la infanta María Teresa (José Luis Colomer); y un estudio comparado de la polisemia que tenía la retratística regia en España e Italia (Diane Bodart). La segunda parte se interesa por las relaciones artísticas entre las cortes europeas. Conocemos aquí la pragmática política de regalos desplegada por la embajada florentina en la corte de Felipe III (Edward Goldberg); el enorme legado artístico y suntuario remitido a Felipe IV de las testamentarías de la infanta Isabel Clara Eugenia y el cardenal infante Fernando de Austria (Bernardo García); la gestión diplomática y artística de la embajada del conde de Sandwich en la regencia de Mariana de Austria (Alistair Malcolm); la activa liberalidad demostrada por el nuncio Savo Millini (Agnès Vaican); y el papel desempañado por el pintor John Closterman en la corte de Carlos II (Ángel Aterido).
La tercera parte es la más extensa del volumen. Reúne ocho capítulos dedicados al estudio del coleccionismo y el mercado del arte con perspectivas y casos muy variados: el coleccionismo de dibujos del marqués del Carpio (Fernando Marías); las celebraciones organizadas en Roma por la canonización de Teresa de Jesús, Isidro Labrador, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Filippo Neri en 1622 (Alessandra Anselmi); la labor como intermediario y coleccionista del IV condestable de Castilla (María Cruz de Carlos), o la del secretario Miguel de Olivares importando pintura flamenca (José Juan Pérez Preciado). Otras contribuciones consideran las relaciones con otras cortes europeas como las del cardenal Mazarino con España (Patrick Michel), las de Génova (Piero Boccardo), o las gestiones de Ludovico Turchi en la importación de escultura italiana (Peter Cherry), y el mecenazgo arquitectónico de los marqueses de Castelo Rodrigo (Paulo Varela Gomes).
La cuarta parte amplía el estudio a la circulación de obras de artes entre España e Italia con los casos de José de Ribera desde Nápoles (Gabriele Finaldi), del Guercino (Shilpa Prasad), de Bernini (Tomaso Montanari), y de Louis Cousin (Marta Cacho). La última parte añade al volumen tres contribuciones sobre literatura artística considerando la presencia de España en la literatura artística italiana (Édouard Pommier), la coyuntura ibérica en la obra de Giovanni Baglione (Matteo Lafranconi), y la recepción en España de las novedades artísticas de Rubens (Javier Portús).
Au service du roi catholique. Honorables ambassadeurs et divins espions: representation diplomatique et service secret dans les relations hispano-françaises de 1598 à 1635, de Alain Hugon. Madrid: Casa de Velázquez, 2004.
BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D355.40(46:44)HUG
F. JAVIER ÁLVAREZ GARCÍA
Este voluminoso estudio ‒700 páginas‒ constituye una contribución muy significativa al conocimiento de la diplomacia española en la Europa moderna, y más concretamente en la Francia de los primeros Borbones. La obra aborda un período clave y ciertamente singular en las relaciones entre aquella y la Monarquía Hispánica: los treinta y siete años comprendidos entre la paz de Vervins, suscrita en 1598, y la declaración de guerra francesa de 1635. Se trata, por tanto, de una larga etapa formalmente pacífica pero marcada por una creciente rivalidad y el surgimiento de numerosas y recurrentes tensiones políticas. Tomando como base la abundante documentación custodiada en el Archivo General de Simancas, la obra se propone analizar el funcionamiento de la representación diplomática española en Francia y las formas paralelas de acción política desarrolladas a través de redes informales de información y espionaje. En este sentido, Hugon presta especial atención a dos dimensiones complementarias: por un lado, la organización y actividad del cuerpo diplomático, en el que podemos inscribir a embajadores ordinarios y extraordinarios, y por otro, el papel de los agentes secretos, informadores y espías que completaban la acción oficial de la diplomacia.
La obra se estructura en tres grandes bloques. En el primero, necesario, pero de menor aportación interpretativa, el autor aborda el contexto político de las relaciones franco-españolas a comienzos del siglo XVII. La segunda parte del libro examina el funcionamiento de la diplomacia española a través del estudio detallado de los embajadores enviados a Francia durante las décadas analizadas. Hugon profundiza en sus orígenes, sus misiones y sus prácticas diplomáticas, incluyendo aspectos como la etiqueta, los gastos derivados de su acción o sus procedimientos de negociación; todo ello, enriquecido por gráficos estadísticos que ofrecen una imagen más precisa de la estructura administrativa de la diplomacia española. La tercera parte, sin duda la más original, se dedica al estudio de las redes de espionaje y de la diplomacia secreta al servicio de la Monarquía Hispánica. Hugon identifica más de doscientos agentes ‒término empleado en su sentido más amplio‒, reconstruyendo, cuando es posible, sus trayectorias y funciones. Todo ello pone de relieve la dependencia de la diplomacia de un complejo entramado de informadores y espías, así como la importancia de la circulación de noticias y rumores en la política internacional de la época. En conjunto, el volumen pone de relieve la complejidad de las relaciones franco-españolas durante una etapa que, pese a su carácter oficialmente pacífico, estuvo marcada por una intensa actividad diplomática y por el uso sistemático de redes de información y espionaje. El estudio de Hugon, sustentado en un amplio trabajo archivístico, ofrece así una aproximación detallada a los mecanismos cotidianos de la diplomacia hispánica y permite comprender mejor la interacción entre representación oficial, circulación de información y acción política en la Europa del primer tercio del siglo XVII.
Beyond Ambassadors. Consuls, Missionaries and Spies in Premodern Diplomacy, de Maurits Ebben y Louis Sicking (eds.). Leiden: Brill, 2020.
BUCM: recurso electrónico.
BEATRIZ ÁLVAREZ GARCÍA
Tal y como manifiesta su título, el propósito de este volumen colectivo, coordinado por los historiadores holandeses de la Universidad de Leiden Maurits Ebben y Louis Sicking, es ir más allá de la figura de los embajadores, tanto ordinarios como extraordinarios, para centrar su atención en los agentes diplomáticos no estatales, aquellos que, al margen de la estructura administrativa del estado, desarrollaron y ejercieron prácticas de negociación diplomática y política en representación de príncipes, órdenes religiosas, corporaciones o ciudades. En este mundo plural de la diplomacia premoderna, cónsules, misioneros y espías de toda clase constituían un universo de actores informales que ejercían su actividad al servicio de intereses individuales, religiosos o corporativos que trascendían los aparatos estatales. Se trata de un libro que, precisamente por su hipótesis de partida, trata de superar el enfoque tradicional de la historia diplomática como un instrumento del estado, demostrando la pluralidad de agencias e intereses que intervinieron en la conformación de una esfera diplomática en los siglos de la Edad Moderna y la ausencia de una división clara entre agentes públicos y privados.
A lo largo de sus más de 200 páginas, ocho historiadores analizan detalladamente estos tres grupos de actores no estatales. El libro se divide en cuatro partes bien diferenciadas (retos teóricos, cónsules, misioneros y espías). En la primera sección, el capítulo de John Watkins, inventor del término «nueva historia diplomática» en su artículo de 2008, insiste en la necesidad de observar la diplomacia no como una institución, sino como un conjunto de prácticas y comportamientos. Esta idea subyace a todo el conjunto de ensayos recopilados y se manifiesta a lo largo de todo el volumen, junto con otra premisa fundamental: la pluralidad de agentes no estatales que conformaron la diplomacia premoderna (Dante Fedele).
Cada una de las partes cuenta con una contribución sobre la época medieval y otra sobre la época moderna, tratando de superar así los marcos cronológicos establecidos, al tiempo que saca a la luz las raíces históricas medievales de muchos fenómenos diplomáticos. En la sección sobre cónsules dialogan las ciudades medievales de la Hansa en la península de Escania (Louis Sicking) con los representantes neerlandeses en la península ibérica (Maurits Ebben); mientras que en la sección sobre misioneros son las órdenes mendicantes en las estepas asiáticas (Jacques Paviot) y los jesuitas en el noreste de Europa (Felicia Roșu) los que toman el relevo. Por último, el mundo de los espías se analiza a través de los casos de la Francia medieval (Jean-Baptiste Santamaria) y su casi omnipresencia en la Europa moderna (Alan Marshall), en la que las actividades de espionaje se presentan con mayor frecuencia que los propios espías.
Embajadores culturales: transferencias y lealtades de la diplomacia española de la Edad Moderna, dir. por Diana Carrió-Invernizzi. Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2016.
BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D327(46)EMB
ALFONSO PATÓN ROLDÁN
Desde finales del siglo pasado los investigadores que se han ocupado de la Historia de la Diplomacia en la Edad Moderna han ido ampliando el foco de estudio para incluir cada vez más agentes, dinámicas y enfoques para la investigación de esta disciplina. Esta “Nueva Historia Diplomática”, como ha sido llamada para distinguirla de la más tradicional centrada principalmente en los agentes “oficiales” y los grandes hitos políticos, se ha enriquecido enormemente en el contacto interdisciplinar con la Historia Cultural y la Historia del Arte, que han aportado interesantes nuevas perspectivas a la Historia de la Diplomacia. Este volumen, que coordinó Diana Carrió-Invernizzi, y que fue el resultado de un proyecto de investigación dirigido por ella, es un gran ejemplo de la materialización del contacto entre las tres disciplinas históricas e incluye estudios que abarcan todo el periodo moderno, pero siempre relacionados con la Monarquía Hispánica y su diplomacia.
El volumen se divide en cuatro bloques, que atienden a distintos enfoques de esa Nueva Historia Diplomática. El primero de estos se centra en la diversidad de agentes que intervenían en los asuntos diplomáticos, especialmente en aquellos en los que las relaciones “oficiales” no estaban tan bien definidas o en las que no existía una continuidad suficiente en las relaciones diplomáticas. Las cuatro aportaciones que conforman este bloque se ocupan de las relaciones de los reyes católicos con el Magreb, China, Persia y el Imperio Otomano en distintos momentos históricos y de los agentes que llevaron a cabo estas misiones extraordinarias. El segundo bloque amplía las perspectivas de análisis de los agentes oficiales de la Monarquía, centrándose en la actividad cultural de varios embajadores enviados a distintas cortes europeas en cada uno de los cinco casos de estudio. El tercer bloque, centrado en el ámbito italiano, estudia lo que en el libro han llamado “agentes informales”, esto es, personajes que, muy cercanos a estos ámbitos de discusión diplomática, no gozaban de credenciales de embajador ordinario, lo que no impedía que no desarrollasen una labor destacada en el desarrollo y establecimiento de los intercambios diplomáticas. Este concepto de “agente informal” en el estudio de la diplomacia ha continuado siendo estudiado y debatido en los diez años desde la publicación de este libro. El último bloque incluye estudios que se centran en actores que también podrían definirse como “agentes informales”, pero en esta ocasión circunscritos a algunos que actuaban en la corte madrileña.
Gender and Diplomacy. Women and Men in European Embassies from the 15th to the 18th Century. Coordinado por Roberta Anderson, Laura Oliván y Suna Suner. Viena: Hollitzer Wissenschaftsverlag, 2021.
BUCM, Libro electrónico
VERÓNICA GALLEGO MANZANARES
El presente volumen se inscribe en la colección Diplomatica del Don Juan Archiv (Viena), dedicada al estudio de los aspectos culturales de la diplomacia y de la historia diplomática hasta el siglo XIX. La obra recoge las actas del simposio celebrado en marzo de 2016, organizado en colaboración con la Universidad de Viena y Stvdivm Faesvlancm. Dicho encuentro se articuló en torno a un eje analítico común, el de la reconsideración de la diplomacia desde una perspectiva de género. En este sentido, el volumen plantea una reflexión sistemática sobre la posición y las funciones de hombres y mujeres en las prácticas diplomáticas del mundo moderno temprano.
Aunque el género no ha ocupado tradicionalmente un lugar central en los estudios de relaciones internacionales, este volumen demuestra su relevancia como categoría analítica para comprender las dinámicas en el campo de la diplomacia. La obra se estructura en cuatro grandes secciones que permiten abordar el fenómeno desde distintos ángulos complementarios. El primer bloque, Women as Diplomatic Actors, reúne estudios centrados en el siglo XVII que examinan la participación femenina en la diplomacia, contribuyendo a matizar las relaciones entre la Monarquía Hispánica, el Sacro Imperio, Francia y diversos territorios italianos. El segundo apartado, The Diplomacy of Queens, se ocupa del papel político de las reinas, prestando especial atención tanto al reinado de Isabel I de Inglaterra como a las crisis dinásticas de la Europa moderna. En este contexto, se analizan fenómenos como el mercado matrimonial de las princesas y su impacto en la configuración de alianzas internacionales durante la segunda mitad del siglo XVII. El siguiente bloque, The Birth of the Ambassadress, está centrado en el rol político y cultural de las embajadoras. A pesar de que este término suscita un enorme controversia, Oliván Santaliestra, una de las coordinadoras del trabajo, examina la génesis del concepto en el siglo XVI y su progresiva consolidación a lo largo del siglo XVII, aportando una reflexión historiográfica sobre su definición y alcance. Finalmente, Stages for Male Diplomacy, reúne investigaciones centradas en la diplomacia masculina, subrayando la dimensión simbólica, entendida como un componente esencial en la construcción de la representación política y social de los diplomáticos. En conjunto, el volumen evidencia que tanto hombres como mujeres actuaron como intermediarios en las negociaciones entre príncipes, reyes, emperadores y grandes nobles. Si bien la historiografía ha prestado tradicionalmente mayor atención a la diplomacia masculina, esta obra contribuye a visibilizar el papel desempeñado por las mujeres, quienes participaron de manera activa, tanto oficial como informalmente, en las prácticas diplomáticas en el periodo.
Madrid, a diplomatic city in the seventeenth century, coord. de Diana Carrió-Invernizzi, Consuelo Gómez, y Ángel Aterido. Monográfico de la revista: Culture & History Digital Journal, Vol. 11, No. 1 (2022). https://doi.org/10.3989/chdj.2022.v11.i1
BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): https://cultureandhistory.revistas.csic.es/index.php/cultureandhistory/issue/view/21
BERNARDO J. GARCÍA GARCÍA
Este monográfico es resultado del proyecto I+D coordinado ADIPLO. Poder y representaciones culturales en la época moderna: agentes diplomáticos como mediadores culturales de la Edad Moderna (siglos XVI-XVIII) (HAR2016-78304-C2-2-P), y reúne en forma de artículos de investigación siete de las veinticuatro ponencias presentadas en el Seminario Internacional Madrid, urbe diplomática del siglo XVII. Transferencias artísticas y culturales entre embajadas, celebrado en el auditorio del Museo del Prado el 19-20 de septiembre de 2019. Su propósito era repensar la Villa de Madrid y su condición de urbe diplomática en el siglo XVII, considerándola como un espacio urbano globalizado y vivo que era resultado de interrelaciones complejas. Se debatieron aspectos tales como la dimensión performativa y material de las principales embajadas residentes en Madrid, el papel que tenían los agentes e intermediarios extranjeros en la transferencia artística y cultural, o la sociabilidad, familiaridad e integración de los diplomáticos extranjeros en las redes locales de la capital de la Monarquía Hispánica. Los coordinadores del volumen presentan el marco historiográfico y temático que lo acota, mientras introducen la selección de aportaciones reunidas para esta revista, poniendo énfasis en el interés de estudiar el espacio urbano del Madrid barroco en el contexto de la monarquía, la dimensión cultural de la historia política y diplomática, la dinámica performativa y la cultura material en una corte globalizada y universalizante como la española.
Alejandra Osorio revisa la definición y modelo de corte real que ofrece el cronista real Alonso Núñez de Castro Solo Madrid es Corte (1658) como «cabeza que gobierna» en un imperio de cortes, y lo compara con otros tratados de las grandezas (corografías) de ciudades capitales de la Monarquía Hispánica (Lima, México-Tenochtitlán, Tlaxcala, Messina o Manila) para considerar su sistema cortesano policéntrico, siguiendo principios fijados por Giovanni Botero. Resulta de especial valor esta aproximación comparativa de tratados que muestran la construcción de discursos de corte con soberanos ausentes. Manuel Rivero analiza la comunidad italiana presente en la corte madrileña a través de un espacio de comunicación y representación como el que brindaba el Real y Pontificio Hospital e Iglesia de San Pedro y San Pablo (o de los Italianos). Siguiendo una idea de Italia fijada a mediados del siglo XV con la Paz de Lodi, las repúblicas y príncipes italianos actuaban en concordia y equilibrio bajo el arbitrio del pontífice. En su fundación, se estableció que las embajadas residentes (con la preeminencia de la nunciatura) compartieran la administración y gestión de la institución con el Consejo de Italia. La organización de este hospital e iglesia de nación sirvió de modelo para otras corporaciones nacionales que se crearon en la corte madrileña a lo largo del siglo XVII. David Quiles completa este estudio de los agentes italianos aportando un artículo sobre las condiciones y casas donde se alojaban los embajadores venecianos en los reinados de Felipe IV y Carlos II. Y se concentra particularmente en un pleito de mediados de 1662 con el que el embajador Giorgio Corner litigó para establecerse en la Casa de las Siete Chimeneas y conseguir la excarcelación de un palafrenero a su servicio.
Cristina Agüero estudia el papel desempeñado por el X almirante de Castilla en el agasajo del embajador extraordinario, el mariscal de Gramont, enviado por Francia para la ratificación de la Paz de los Pirineos en 1659. Las fuentes principales para reconstruir lo acontecido en el fastuoso banquete «a imitación de los persas» con el que culminó esta distinguida atención protocolaria en la residencia del almirante, la componen la crónica oficial del dramaturgo Álvaro Cubillo de Aragón y varias relaciones francesas coetáneas. Rocío Martínez también aporta al monográfico el caso de otra embajada extraordinaria, enviada a Madrid por el elector Maximiliano II Manuel de Baviera. Sigue en detalle las actividades del barón de Bertier en 1695-1696 para crear una red de apoyo a los intereses del elector, casado con la archiduquesa María Antonia de Austria, única hija del emperador Leopoldo I y Margarita Teresa de Austria. El volumen se completa con los artículos de Rubén González Cuerva sobre agentes diplomáticos extraeuropeos que fueron alojados en conventos de Madrid (como la misión japonesa de 1585 alojada con los jesuitas, la congoleña de 1608 con los mercedarios, la japonesa de 1615 con los franciscanos y la argelina de 1701 con los trinitarios); y de Alejandra Franganillo sobre cómo en el reinado de Felipe IV se trató de limitar la labor como informadoras de algunas mujeres de la corte gracias a su parentesco o al oficio que desempeñaban al servicio de la reina, y cómo eran captadas por agentes extranjeros para ganar favores y obtener acceso a materias reservadas con regalos y recompensas para ellas o sus clientelas.
Roma papale e Spagna. Diplomatici, nobili e religiosi tra due corti. Maria Antonietta Visceglia. Roma: Bulzoni Editori, 2010.
BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D327(46:456.31)VIS
ALFONSO PATÓN ROLDÁN
En la Edad Moderna europea pocas cortes tienen tanta importancia en lo diplomático como la de Roma, que por las complejísimas dinámicas derivadas del intricado sistema político papal y de su doble condición de entidad política y organización religiosa, siempre supone un reto para los investigadores que se aventuran a abordar su estudio. Maria Antonietta Visceglia está entre las principales expertas en esta materia y en este libro de 2010, citado innumerables veces desde su publicación, explora las relaciones entre la Monarquía Hispánica y la Santa Sede centrándose en el periodo en el que son papas Clemente VII y Pablo V (que iría desde 1592 hasta 1621, con un brevísimo papado de León XI separándolos), que coincide casi por completo con el reinado de Felipe III (1598-1621).
Las relaciones entre estas dos entidades durante el periodo habsbúrgico en la Monarquía Hispánica habían sido estudiadas a menudo asumiendo una cierta dependencia o incluso subordinación de los pontífices a los monarcas católicos, pero Visceglia aborda las sutilezas y los difíciles equilibrios en los tratos entre los dos poderes, que tuvieron proyectos e intereses en común pero también importantes desencuentros en el periodo estudiado. El libro incluye un capítulo dedicado al análisis del lenguaje empleado en las instrucciones dadas a los nuncios y un análisis del perfil social de los mismos, que permite profundizar en la misión diplomática de estos. La autora, más allá de la actividad formal de embajadores y nuncios, presta especial atención a los espacios cortesanos y a la configuración en estos de redes transnacionales familiares y clientelares que incluían tanto a miembros de las élites ibéricas y de la aristocracia romana como a clérigos y religiosos (como los vínculos entre los Aldobrandini y el entorno de Lerma y su familia) y que acaban por ser indispensables para entender la política de ambas potencias. Las cuestiones de carácter religioso, que naturalmente afectaban a las relaciones entre Madrid y Roma, ocupan el último capítulo del libro. Entre estas cuestiones se incluyen las relativas a la presencia (y expulsión) de moriscos en la Península Ibérica, aquellas relacionadas con la gestión de las órdenes religiosas y otras de carácter doctrinal (como la presión que los monarcas católicos y sus embajadores y cardenales ejercieron sobre los papas para promover la Inmaculada Concepción como dogma de la Iglesia), también increíblemente relevantes en el desarrollo de la diplomacia entre ambos.
Rubens diplomático español. Sus viajes a España y noticia de sus cuadros, según los inventarios de las Casas Reales de Austria y de Borbón, de Gregorio Cruzada Villaamil. Madrid: Casa Editorial de Medina y Navarro, 1874.
BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): FA 3593
ÁNGEL CAMPOS-PERALES
El libro de Gregorio Cruzada Villaamil, constituye una obra pionera dentro de la historiografía española dedicada a la figura de Peter Paul Rubens y a sus relaciones con España. En un momento en que los estudios de historia del arte apenas comenzaban a consolidarse en el ámbito académico nacional, Cruzada ofreció la primera reconstrucción sistemática del viaje diplomático que el pintor flamenco realizó en 1603 como enviado del duque de Mantua a la corte de Felipe III, entonces establecida en Valladolid. La obra se caracteriza por su enfoque documental y por el esfuerzo del autor por reunir y analizar diversas fuentes históricas. Cruzada combinó el estudio de la correspondencia de Rubens con información procedente de inventarios de las colecciones reales conservados en el Archivo de Palacio. Gracias a este método, logró reconstruir tanto las circunstancias del viaje como la naturaleza de los regalos diplomáticos enviados desde Mantua, entre los que figuraban pinturas, armas, caballos y objetos de lujo destinados a diferentes figuras de la corte española, en especial al poderoso valido real, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, duque de Lerma. Este interés por las fuentes documentales situó el trabajo de Cruzada en una línea de investigación moderna para su tiempo, basada en la recuperación y explotación de archivos históricos. El libro no surgió de manera aislada, sino que fue el resultado de varios años de trabajo y de publicaciones previas del autor sobre el tema. En particular, Cruzada se apoyó en el estudio del investigador francés Armand Baschet, quien había dado a conocer en 1866 una serie de cartas inéditas de Rubens relativas a su estancia en Italia y a su primer viaje a España. Cruzada tradujo parte de este material al castellano y lo complementó con nuevas noticias documentales procedentes de archivos españoles, especialmente con referencias a la presencia posterior de obras de Rubens en las colecciones de la monarquía.
Más allá de la reconstrucción del viaje diplomático de 1603, el libro de Cruzada tuvo una importancia historiográfica notable porque contribuyó a situar a Rubens dentro del panorama artístico español del siglo XVII. Su investigación puso de relieve la relevancia de aquel primer contacto entre el pintor flamenco y la corte española, episodio que anticipaba la estrecha relación que el artista mantendría posteriormente con la monarquía hispánica durante el reinado de Felipe IV. Asimismo, el estudio ofreció información temprana sobre algunas obras vinculadas a la misión diplomática, como el célebre retrato ecuestre del duque de Lerma. En definitiva, Rubens diplomático español puede considerarse una obra fundacional para el estudio de las relaciones artísticas entre España e Italia en la Edad Moderna y para la investigación sobre la presencia de Rubens en la península. A pesar de las limitaciones propias de su tiempo (especialmente la dependencia de traducciones francesas de las cartas originales), el trabajo de Cruzada Villaamil sigue siendo un hito en la historiografía artística española y un precedente fundamental de los estudios posteriores sobre el pintor flamenco y su papel en la diplomacia cultural de la Europa barroca.
The Captive Sea. Slavery, Communication, and Commerce in Early Modern Spain and the Mediterranean, de Daniel Hershenzon. Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2018.
BUCM (Biblioteca de Geografía e Historia): D326.1(46)HER
ISMAEL GARCÍA CÁCERES
Hershenzon propone que en el Mediterráneo occidental del siglo XVII se desarrolló una “diplomacia desde abajo” impulsada por cautivos, sus familiares y pequeños comerciantes que, al buscar la libertad de los primeros, obligaban a gobernantes como el monarca de la Monarquía Hispánica, el sultán de Marruecos o el bajá de Argel a entablar diálogos y negociaciones. De este modo, las acciones de personas comunes se convertían en un motor de la política transimperial. Hershenzon muestra cómo este proceso incluso subvertía ideologías estatales: para rescatar a sus súbditos cristianos, la Monarquía Hispánica —que había expulsado a judíos y moriscos— se veía obligada a delegar poder y colaborar con comerciantes judíos y musulmanes del Magreb, integrándolos en la maquinaria administrativa estatal.
Un pilar central de esta práctica diplomática fue el papel de las órdenes redentoras, fundamentalmente Trinitarios y Mercedarios. Aunque su misión tenía un fuerte componente religioso, estos frailes actuaban como verdaderos agentes diplomáticos: servían como canales para quejas estatales, llevaban mensajes políticos y negociaban salvoconductos, asumiendo funciones consulares que mantenían conectados a los imperios hispánico y otomano. Por otra parte, Hershenzhon argumenta que el trato dispensado a los esclavos, en algunos casos, dependía de las dinámicas de un sistema de reciprocidad. Cuando un bajá argelino amenazaba con quemar sacerdotes o cerrar iglesias, a menudo lo hacía como una respuesta a informes de maltrato de esclavos musulmanes en la península. Esta reciprocidad forzaba a las potencias a negociar estándares de trato y a reconocer la soberanía del otro, funcionando como un mecanismo de control y diálogo entre las entidades políticas.
El caso de la niña argelina Fátima (bautizada como Madalena) ilustra la escala global que podía alcanzar un caso individual. Lo que comenzó como una captura se convirtió en una crisis diplomática internacional que involucró al monarca hispánico, al sultán otomano, al papa, al gran duque de Toscana y a las repúblicas de Génova y Venecia. El cautiverio de Fátima y la posterior detención de los frailes trinitarios como represalia activaron redes de inteligencia y protocolos de intercambio que demuestran la porosidad de las fronteras mediterráneas.
En definitiva, Hershenzon plantea la diplomacia también como un sistema de comunicación forzado por la movilidad de personas e información en un contexto mediterráneo en el que los vínculos entre potencias enemigas eran más fluidos de lo que sugieren las fronteras militares. Hershenzon enseña que el cautiverio creó puentes que permitieron a las potencias mediterráneas coexistir y reconocerse mutuamente.