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La larga agonía de Europa: entrevista de Manuel Chaves Nogales a Joseph Goebbels

Por Laura Pérez Rastrilla

Neutral y equidistante. Son dos adjetivos que se repiten en las descripciones de Manuel Chaves Nogales. Efectivamente lo era en su ejercicio como periodista, lo que le permitió descifrar el devenir de la Historia con la precisión de una mente privilegiada. Y como característica habitual en ese tipo de excepcionalidad intelectual, su estilo era sencillo, ameno e informativo. Como si se tratara de una práctica fácil, Chaves Nogales tomaba las piezas mundanas del día a día y las encajaba a la perfección para ver el puzle completo. Los personajes de la calle, aparentemente triviales, los comportamientos cotidianos o las conversaciones habituales le proporcionaban la información para proyectar la atmósfera política, que leía en simbiosis con lo que ocurría en las instituciones políticas, judicaturas o medios.

También con neutralidad y equidistancia observaba y se acercaba a cualquier personaje o gobierno, sin desechar nada a priori, porque la información está en todas las aristas de la realidad. Ese diagnóstico sin prejuicios era la clave de sus célebres pronósticos sofisticados y acertados. Su otro secreto era caminar, deambular por la vida cotidiana para escuchar su historia. Solo así es posible tropezarse con un improbable bailaor de flamenco de Burgos, que lo único que quiere él es ganarse el pan bailando, pero la Historia insiste en perseguirlo (Chaves Nogales, 2007). La exquisita narración de Nogales, elegante, natural y precisa, consigue que un antitaurino se pase su parada de metro por leer las aventuras de uno de los fundadores del toreo moderno (Chaves Nogales, 2012a). El oficio de contar… (Cintas Guillén, 2011). ¡Qué acertado el título de la mejor biografía sobre el periodista!(1). La técnica artesana de Chaves Nogales debería ser conocida por todo aquel que quiera aprender a contar.

 

Página del diario Ahora en la que se muestra la entrevista a Goebbels publicada el 21 de mayo de 1933.

 

 

 

 

 

Sin embargo, no sería acertado hablar de neutralidad y equidistancia en su posición política. Manuel Chaves Nogales era un republicano radical. Se significó como partidario de la Segunda República desde su proclamación. El periodista quedó registrado en vídeo durante la proclamación de Niceto Alcalá-Zamora, primer presidente de la Segunda República, como periodista-testigo de un hecho histórico y como ciudadano que aplaude con emoción incontenible el triunfo de sus convicciones (Torrente y Suberviola, 2013:13’30’’). También quedaron grabados sus escritos de defensa del ideal republicano.

Para Manuel Chaves la República era el cauce de la virtud política. Como creyente republicano liberal entendía esta forma de gobierno como la más adecuada para el desarrollo autónomo del ciudadano. Pero no abandonado a su libre albedrío, sino que ese ciudadano, formado y civilizado, constituía la unidad mínima de algo superior y al que se debía: el Estado, representante de los intereses comunes y con fines superiores. De ahí su admiración por Francia. Y por Manuel Azaña. De ahí su desengaño cuando el ciudadano francés continuó con su papel de ciudadano, totalmente indiferente al hundimiento del Estado (Chaves Nogales, 2021:5-7). ¿Qué sentido tenía hablar de ciudadanía, habiendo abandonado al Estado de uno mismo, si ésta y cualquier valor republicano, incluida la libertad, solo pueden existir en el Estado? ¿Qué tipo de ciudadano es aquel que entrega a su propio Estado? “Querían acabar con la democracia y han acabado con Francia. Querían destruir el espíritu liberal y han destruido el espíritu francés” (Chaves Nogales, 2021:52). Independientemente del acuerdo con esta posición ideológica, se puede convenir que Chaves Nogales era un justo representante de una tradición política reflexiva, conciliadora y compasiva con el ser humano, y sin un solo gen que pueda entroncar con el hueco neoliberalismo actual, donde se sirve a la patria que ofrece la puja más alta. “Ya suponen ellos [los alemanes]” comenta Nogales en la introducción de la entrevista a Goebbels “que no vamos a traicionar nuestras convicciones nacionales en beneficio de las suyas” (Chaves Nogales, 21 mayo 1933:25). Qué transmutación la de las suposiciones del liberalismo.

Para el periodista, el republicanismo era la única ideología que tenía el potencial de contener los extremismos, a derecha e izquierda. Por ello celebró con fervor la proclamación, en España, de la forma de gobierno que la encarnaba y, por ello, tras el golpe de estado dirigido por Franco, se consagró a Francia como el que se agarra a una tabla en medio de un naufragio a miles de kilómetros de la costa. Con la ceguera del desesperado. La caída de Francia en manos nazis fue su única previsión fallida.

Chaves Nogales escribió sobre este anómalo error. A través de su obra sabemos que el desacierto no fue solo fruto de la extenuación o de la necesidad de mantener un hilo de esperanza para sobrevivir. En sus escritos sobre la caída de Francia hay, sobre todo, decepción. La agonía de Francia es su propia agonía política. Nogales depositaba toda su confianza en la educación como puerta por la que el individuo entra en estado salvaje y sale convertido en ciudadano. Es parte del kit republicano. La información y la cultura se entienden como fuerzas transformadoras que alejan de extremismos, intolerancia y violencia, y el intelectual -gremio al que pertenece el periodista- tiene la obligación de participar en su extensión (Cintas Guillén, 2011:15). Sin embargo, Francia, el Estado valedor del ideal republicano, que años antes había sido atacado por el comunismo, era ahora entregado al nazismo por sus propios ciudadanos. “La inteligencia francesa había claudicado” (Chaves Nogales, 2021:91), los ciudadanos franceses eran corroídos por el individualismo y “el Estado se encontró con que no había nadie que lo sirviera verdaderamente” (Chaves Nogales, 2021:68, 71).

La aflicción de quien ha conocido la deslealtad desborda sus reflexiones. Las descripciones de La agonía de Francia transmiten un desengaño extremadamente doloroso, con palabras que se escurren sin consuelo al recrear las imágenes vividas de lo que se acaba de descubrir como una farsa (Chaves Nogales, 2021:4-12). Esa obra es la terapia para superar el golpe de una “dura realidad que no habíamos visto o nos la habíamos ocultado pudorosamente” (Chaves Nogales, 2021:7).

 

Manuel Chaves Nogales, de pie en el medio de la fotografía, en la redacción del Heraldo de Madrid, donde trabajó de 1924 a 1930. Fuente: Cintas Guillén, 2011.

El fetiche de la Francia republicana -en el que no es baladí que se elimine la sangre sobre la que necesariamente se levantó-, enmascaró que el fascismo también está formado e informado, que no solo es compatible con la cultura, sino que, probablemente, sea imprescindible para su alzamiento. En las páginas de Ahora, el periódico que dirigió hasta su exilio en 1937, se habían impreso las brillantes letras de Miguel de Unamuno, quien inicialmente simpatizó con el golpe de estado militar de Franco y con sus propuestas. O las de Pío Baroja, que en el mismo diario frivolizó, azuzó y justificó el hostigamiento a los judíos alemanes por aquello del que ya se sabe cómo son y el algo habrán hecho (Baroja, 9 de abril de 1933:5) (2). Quizá por la admiración y proximidad personal o quizá por la disonancia con el mito republicano de Platón, Nogales cerró los ojos ante la evidencia de que el fascismo también se alimenta de la intelectualidad.

La distancia emocional e ideológica con Alemania fue la que tal vez le permitió que algo de esa “dura realidad” se le revelara a Nogales cuando se encontró frente a Joseph Goebbels. La inicial descripción que dio del personaje es, como él mismo informaba, la que hizo que Goebbels fuera el hazmerreír de la prensa liberal: “ridículo, grotesco, con su pata torcida, estrafalario. Todo aquello que puede hacer polvo a un hombre” (Chaves Nogales, 21 mayo 1933:25).

El olfato extraordinario de Nogales se exhibe a partir de la conjunción adversativa. Aunque liberal, como sus homólogos de la prensa alemana, no veía en Goebbels solamente a un estrambótico personaje del que burlarse. Nogales entendió perfectamente el papel fundamental de Goebbels en lo que estaba ocurriendo en Alemania y en lo que estaba por ocurrir. Consideraba que era la figura más interesante de Alemania, por encima de Hitler. El periodista español percibía que la figura más o menos agraciada del personaje no debía distraer de sus habilidades, su poder y el impacto que ya estaba teniendo. Mientras el resto parecía regocijarse en el arrastre de su pata coja, Chaves Nogales se daba cuenta de que Goebbels llegaba a su audiencia como no lo lograba nadie más. Es “claro, sucinto y terminante”, domina el lenguaje como para llegar al día a día de la gente “en el metro, en el café o en la calle”, donde se producen verdaderamente los grandes acontecimientos: “en la conciencia del lector” (Chaves Nogales, 21 mayo 1933:25). No se confundan porque Goebbels pase desapercibido en los encuentros multitudinarios o porque rara vez se le ha visto con la camisa parda, advertía Nogales, porque tiene lo imprescindible, capacidad de sugestión y de dominio y la profunda convicción, claridad y lealtad a una ideología. La reducción del fascismo a la estupidez fue su mejor aliado. Desde el inicio, Hitler puso al mando de los Ministerios de Propaganda a los hombres más activos e inteligentes del partido (Chaves Nogales, 2012b:69). Ni la inteligencia ni la educación son variables explicativas. Qué claro lo vio Nogales en Alemania y cómo se le escapó con Francia.

La entrevista a Goebbels fue una conversación corta, publicada, el 21 de mayo de 1933, en la intimidad de la página 25. La austeridad de Goebbels se divulgó flanqueada por el concurso Miss Europa y las operetas, bellezas y galanes que se exhibían en las salas de cine. Algo que, probablemente, no disgustó al protagonista. La entrevista se había aceptado a regañadientes, con la condición de formular únicamente tres preguntas y transcribir lo pronunciado con absoluta exactitud.

¿Cómo elegir qué preguntar a Goebbels? ¿Cuánta curiosidad tuvo que inmolar Nogales para salvar solamente tres interrogantes?

La primera pregunta fue sobre la influencia que los judíos emigrados de Alemania podían tener en el desprestigio del gobierno alemán. El ministro de Propaganda, más que dirigirse al periodista que tenía delante, parecía utilizar la entrevista para comunicarse, a través de Ahora, con alguien más. En su respuesta exhortó a las “organizaciones israelitas” a abstenerse de cualquier intento de injerencia en Alemania; todo ello por el bien de sus “hermanos de raza” que aún residían en el país y sobre los que se seguiría aplicando un “género de presión” que denominaba “boicot de defensa” y que, según el ministro, hasta ese momento, había funcionado (Chaves Nogales, 21 mayo 1933:25). En qué consistía ese “género de presión” Nogales lo sabía bien.

La entrevista formaba parte de una serie de diez reportajes, que se publicaron entre el 14 y el 28 de mayo, sobre la vida en Alemania e Italia titulado “Cómo se vive en los países de régimen fascista”. El 30 de enero de ese año, Hitler había asumido su cargo como canciller. Desde entonces se habían suprimido unos 130 periódicos de corte comunista y socialista y, en marzo, se fundaba el Ministerio de Información y Propaganda, encabezado por Joseph Goebbels. Nogales sospechaba que algo estaba pasando en Alemania e Italia. Algo más que unos simples cambios a gobiernos reaccionarios. Así que estimó necesario informar de ello, para lo que inició un viaje en el que recorrió Alemania e Italia (3).

Ahora no escatimó páginas para anunciar, en los días previos, las crónicas que se publicaron, a partir del 14 de mayo, acompañadas de impactantes fotografías que se avanzaban en la portada. El periodista había conseguido deslizarse por diferentes sectores de la sociedad alemana, incluyendo el ámbito institucional. En 1933, en su recorrido por Alemania, Nogales se percató de lo que algunos no aceptaron hasta después de terminada la guerra:

“En Alemania no hay más que nacionalsocialismo. La eliminación de todas las demás fuerzas políticas y sociales ha sido absoluta y fulminante. […] En la universidad, Hitler ha utilizado sus asociaciones para que delatasen y eliminasen a los profesores contaminados de liberalismo, judaísmo o marxismo. […] Hitler va positivamente a cumplir desde el Poder sus promesas de extirpación de los judíos. […] Hay, en efecto, millares y millares de detenidos; hombres a los que se arranca de sus casas y se mete en prisión sin más causa que la de tener unas ideas distintas de las que tienen los que mandan. Se han instalado varios campamentos de concentración de prisioneros, y todos los días salta a la vista del viajero en las calles de las ciudades alemanas el trajín de los camiones policíacos llevando y trayendo presos políticos de un lado para otro” (Chaves Nogales, 2012b:60, 71, 99, 110).

Nogales se dio cuenta de que ninguna decisión era anecdótica ni trivial. La organización del Estado, la formación del ejército, la intervención en la educación, la censura o el señalamiento de algunas comunidades respondían a un objetivo calculado y planeado, y el director de la orquesta, que hacía posible que todos los elementos se activaran de manera armoniosa, era Goebbels: “El Ministerio de Propaganda es, efectivamente, una de las piedras angulares del nacionalismo […] No se espera a que las gentes se convenzan por las buenas de la excelsitud de los gobernantes nazis y de la legitimidad de sus doctrinas.” (Chaves Nogales, 2012b:69)

 

Página promocional, el 7 de mayo de 1933 en Ahora, de la serie de reportajes sobre Alemania e Italia.

Estas crónicas no solo reafirmaron la posición política de Chaves Nogales en un momento en el que el movimiento fascista ya empezaba a configurarse en España, sino que este viaje le puso en el punto de mira de la inteligencia alemana (Cintas Guillén, 2011:155, 159).

La preocupación de Nogales por que el fenómeno nazi no se tratara de un asunto meramente interno se manifiesta explícitamente en la segunda pregunta. ¿Qué hará el Ministerio de Propaganda para extender su discurso? Nada. “No haremos ninguna propaganda […] bastará la difusión de la verdad” (Chaves Nogales, 21 mayo 1933:25). Había algo de verdad en la respuesta de Goebbels. El ministro de Propaganda era consciente de que lo más difícil se había hecho. Mientras la prensa liberal se entretenía con el arrastre de su pierna, él había entrado en la mente de los alemanes.

Nogales también lo había percibido; no era necesario esperar al momento de la explosión para conocer el horror. Lo terrible era lo que ya había ocurrido:

“Todos, absolutamente todos, están hoy con Adolfo Hitler. Han llegado a esta conclusión después de un largo proceso, pero hoy su resolución es definitiva. […] Es decisivo para los destinos del pueblo alemán y del Mundo que estos maestros de artes y oficios de las pequeñas ciudades alemanas, hayan llegado a la conclusión de que hay que jugar la carta de Hitler. La jugarán a todo evento. […] Los desheredados, los millones de muchachos que andan por las carreteras alemanas convertidos en vagabundos por no encontrar trabajo […] le han creído. […] De aquí en adelante, todos los niños que nazcan en Alemania traerán la cruz gamada en el ombligo. […] La juventud rebelde alemana está con el Führer. […] Las mujeres están de su lado” (Chaves Nogales, 2012b:20, 65, 71, 72, 81)

Cualquiera de esos millones de alemanes era una extensión del Ministerio de Propaganda, una extensión del Estado nazi, que ya había comenzado a cruzar las fronteras. El trabajo estaba hecho y, en 1933, Chaves Nogales quería advertir al mundo de ello: “Es decisivo para los destinos del pueblo alemán y del Mundo […] Tengo la convicción de que ya hoy no esperan más que el momento en que Hitler les mande la papeleta de movilización” (Chaves Nogales, 2012b:20). Quizá en España el proceso también había comenzado, a pesar del aparente rumbo a contramarcha.

Llegó la tercera pregunta. La última oportunidad. Su lucidez le impidió arrinconar el convencimiento de que no era un mero asunto interno. En su viaje por Alemania e Italia había entendido la esencia del nazismo y el fascismo, y también el momento histórico que vivía Europa, incluida España.

“¿Cree el señor ministro de Propaganda que la doctrina nacionalsocialista puede y debe encontrar un eco en los demás países?” En este punto, las palabras de Goebbels retumban de fondo, con un sonido sordo, dejando un olor a moho: “Tengo el convencimiento de que la transformación espiritual de Europa será completa […] Cada pueblo deberá encontrar la esencia de su propia personalidad nacional, nuevas formas para dicho espíritu” (Chaves Nogales, 21 mayo 1933:25). 

No había de qué preocuparse, España estaba en otras. El propio periódico Ahora anunciaba la publicación de la serie presentando a Alemania e Italia como países “que están realizando una experiencia diametralmente opuesta a la nuestra: el fascismo […] Los españoles en estos momentos contemplan atónitos el panorama político de una Europa que marcha en dirección contraria a al que ellos han emprendido” (Ahora, 7 mayo 1933:2). Es inherente al ser humano sentirse reconfortado en la validación de sus deseos. Así, la República española y sus hijos aceptaban como defensa, incluso, las palabras de Goebbels: “el fascismo no es artículo de exportación”.

Pero había algo que no dejaba descansar a Nogales. Sus reflexiones no se deslumbraron por el frenesí de la gloria. El titular de la entrevista retuerce hoy las entrañas “¿Habrá fascismo en España?” El 23 de junio de 1933, unas semanas después de su regreso a España, aceptó la invitación del Ateneo para dar una conferencia en Sevilla. Lo hizo con la convicción republicana de que la educación y la información nos hacen libres. No quería narrar sus andanzas, lo hizo “como un servicio a Sevilla” por “el interés aleccionador” de lo que había visto (Chaves Nogales, 2012b:139). Nogales era capaz de ver más allá de procesos políticos puntuales, y creía que en su ciudad natal ya se percibía “un estado de opinión que puede hacerlo posible […] un clima favorable a las reacciones de tipo fascista” (Chaves Nogales, 2012b:138).

De nuevo, y desafortunadamente, la diosa de los augurios que siempre le acompañó volvió a bendecirlo. Menos de cuatro años después huía a Francia para salvar su cuerpo y matar un poco su alma. ¿Le había mentido Goebbels cuando le aseguró que “el fascismo no es artículo de exportación”? La parafernalia para recibir a Himmler, con corrida de toros incluida, no causó el efecto esperado. El encuentro en Hendaya tampoco sirvió para que una débil potencia europea, como España, se rindiera al Tercer Reich. La presión de Hitler sobre Franco, iniciada ya la Segunda Guerra Mundial, para que le prestara su apoyo no fue suficiente. España estaba a lo suyo, sin distracciones, concentrada en sus alianzas y en la construcción de su propio espíritu nacional. Tal y como había recomendado Goebbels. Así es como triunfó el fascismo en España.

En esta serie de reportajes, Nogales llegaba a la conclusión de que la oportunidad es la que propicia los momentos históricos que zarandean a la Humanidad. Sin embargo, resulta turbador que la habilidad de identificar esas circunstancias propicias para que factores mundanos se unan y provoquen un huracán no sirva para evitarlo.

La entrevista a Goebbels y la serie completa de reportajes provoca el desasosiego del viajero en el tiempo que tiene la certeza de que va a ocurrir una catástrofe. Somos los espectadores que hemos visto cómo se plantaba la bomba y sabemos cómo salvar a los protagonistas. Leemos la entrevista con ansiedad por avisar a los lectores de Ahora, al joven gobierno republicano español y a los millones de europeos de que el infierno abrirá sus puertas para ellos. Aún están a tiempo. Podemos advertirles. Pero ¿no lo hizo ya Nogales? ¿Cómo salvar a quienes saben lo que va a ocurrir, pero eligen caminar despreocupados hasta sus últimos segundos de vida antes de que estalle lo innombrable?

Para Nogales la caída de Francia era el desastre con el que intentar entender cómo había sido posible. En plena guerra contra el nazismo, las primeras explicaciones sobre lo ocurrido aparecen en el bullicio que implica toda reflexión: “Por miedo a Moscú, las derechas francesas entregaban a Francia a la voluntad de Alemania e Italia” (Chaves Nogales, 2021:23). Las alianzas las firma el diablo. Sin embargo, el momento de la entrega es el pasado. En ese punto, ya no hace falta hacer nada. Moscú era solo la excusa. En el pasar del tiempo, los pensamientos se ordenan y Chaves Nogales concluye con el convencimiento de que la legitimación del enemigo había sido previa. “Francia estaba intelectualmente gobernada por los nazis mucho antes […] Las élites intelectuales se han rendido […] han renunciado a la acción colectiva […] no se habían atrevido a proclamar abiertamente o contribuyeron a ocultar por pura cobardía” (Chaves Nogales, 2021:90, 92-93). Hoy, la raíz desde la que medra su ensayo es perturbadora: “En realidad, los regímenes totalitarios no marcan una superioridad sobre las democracias más que cuando éstas se hallan interiormente podridas” (Chaves Nogales, 2021:25).

 

REFERENCIAS

 

Ahora. (7 de abril de 1933). Cómo se vive en los países de régimen fascista.

Baroja, P. (9 de abril de 1933). Los judíos. Ahora.

Cintas Guillén, M.I. (2011) Chaves Nogales. El oficio de contar. Fundación José Manuel Lara.

Chaves Nogales, M. (21 de mayo de 1933). ¿Habrá fascismo en España? Ahora.

Chaves Nogales, M. (2007). El maestro Juan Martínez que estaba allí. Libros del Asteroide.

Chaves Nogales, M. (2012a). Juan Belmonte, matador de toros. Alianza Editorial.

Chaves Nogales, M. (2012b). Bajo el signo de la esvástica. Almuzara.

Chaves Nogales, M. (2021). La agonía de Francia. Libros del Asteroide.

Torrente, L.F. y Suberviola, D. (2013) El hombre que estaba allí [Documental]. Asma Films y La Claqueta.

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(1)La recuperación de la memoria de Manuel Chaves Nogales se debe, en buena parte, a María Isabel Cintas Guillén. Además de llevar a cabo una minuciosa investigación sobre su vida (Cintas Guillén, 2011), ha colaborado en reportajes y documentales sobre Nogales y ha impulsado la reedición de numerosos trabajos del periodista.

(2) Cuando se retractaron o matizaron sus posiciones iniciales públicamente, ambos sufrieron las represalias de los sublevados. Miguel de Unamuno murió, en diciembre de 1936, bajo arresto domiciliario. Pío Baroja, aunque finalmente pudo regresar a Madrid, donde murió, huyó a Francia en varias ocasiones y la censura franquista impidió que se publicaran algunas de sus obras.

(3) Únicamente se publicó la serie de crónicas sobre Alemania. A pesar de que Ahora anunció la segunda parte sobre su viaje por Italia, nunca se llegó a publicar (Cintas Guillén, 2011:160).