II. Teoría y ordenación constitucional de los partidos políticos
escrutinio-c-criticos-ii-5
María Salvador Martínez
Catedrática de Derecho constitucional
Universidad Nacional de Educación a Distancia
1. PALABRAS CLAVE
Partidos políticos, origen y evolución de los partidos, representación política, democracia interna, Estado de partidos, democracia de partidos, funciones de los partidos.
2. DATOS DE PUBLICACIÓN DE LA OBRA
Salvatore Bonfiglio, Roberto L. Blanco Valdés, Gabriele Maestri (2024). Los partidos políticos. Teoría y ordenación constitucional. Madrid: CEPC.
Es traducción de la publicación original en italiano Salvatore Bonfiglio, Roberto L. Blanco Valdés, Gabriele Maestri (2022). I Partiti Politici. Teoria e disciplina. Padua: Wolters Kluwer/CEDAM.
3. COMENTARIO
Este libro es obra de tres autores, destacados expertos en partidos políticos en Italia y España, y forma parte de un proyecto mucho más amplio, el Tratado de Derecho Público Comparado. Estructurado en un elevado número de volúmenes, entre los cuales se incluye este del que damos aquí cuenta, el objetivo del proyecto es ofrecer un análisis profundo de los principales temas que componen “el saber comparativo en el ámbito publicista”. El Tratado está dirigido por el profesor Giuseppe Franco Ferrari y recoge la tradición de la escuela italiana de derecho público comparado, una disciplina desarrollada con caracteres propios en aquel país. Así, cada uno de los volúmenes publicados se ocupa, bien de un tema analizado desde la perspectiva puramente comparada entre diversos ordenamientos, bien de un tema analizado en el marco del correspondiente ordenamiento jurídico, esto es, un análisis de “derecho extranjero”. Para favorecer una mayor difusión y un diálogo más amplio entre culturas jurídicas, esta colección pretende publicarse en italiano, español e inglés.
En un proyecto como el descrito, tiene sentido dedicar uno de los volúmenes a los partidos políticos, elemento imprescindible del Estado democrático y del sistema constitucional. En este caso, el método utilizado es el estrictamente comparado, de forma que en el libro se analizan diferentes elementos de la teoría y la “ordenación constitucional” de los partidos, integrando las experiencias de diversos países: Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, pero también de los Estados Unidos y países de la Europa del Este.
Aunque se trate de una obra que utilice el recurso a la comparación, lo que define a este trabajo no es la comparación entre regulaciones nacionales de los partidos, sino un análisis más ambicioso de esta figura y su incorporación al Estado constitucional democrático, tomando en consideración para ello las diversas experiencias de los citados países. La orientación del trabajo está bien descrita en el subtítulo del mismo (“teoría y ordenación constitucional”), porque esa es precisamente la finalidad: contribuir a la construcción de la teoría de los partidos y de su lugar en el Estado democrático.
Esa teoría no es, con acierto, pura y estrictamente jurídica. No puede serlo. Los partidos políticos no son un producto del derecho, sino una forma de organización de intereses que se desarrolla al margen del derecho y que este reconoce solo a partir del momento en el que aquellos se demostraron imprescindibles. Por eso una teoría constitucional de los partidos no puede construirse solo con elementos jurídicos (normas, decisiones jurisprudenciales, interpretaciones de estas…); necesita también otro tipo de material que ayude a explicar la naturaleza de estas organizaciones (teoría política, filosofía política, sociología, historia constitucional…). Este es uno de los rasgos principales que definen el enfoque, correcto, a mi juicio, de este trabajo: los partidos se analizan desde el derecho, pero con una perspectiva mucho más amplia, que abarca el estudio de la realidad de los partidos, de los problemas para teorizarlos, para incorporarlos al derecho y para encauzarlos a través del derecho.
El segundo rasgo principal que define el enfoque adoptado en esta obra, de nuevo acertadamente, es la perspectiva histórica. Los partidos políticos son una figura que ha sufrido una profunda transformación, desde los primeros partidos de notables hasta los actuales partidos profesional-electorales. Son una realidad vida y cambiante, como también lo son los parámetros en los que estos aparecieron y fueron evolucionando: el Estado constitucional, el modelo parlamentario, el orden democrático. La teoría de los partidos y su ordenación constitucional no puede construirse sin la perspectiva histórica de su origen y desarrollo posterior, así como de la paralela evolución del Estado, de la actitud del derecho hacia ellos y de los debates teóricos que fueron generando. Solo esta perspectiva puede ayudarnos a entender mejor a los partidos políticos y a valorar el momento en el que actualmente nos encontramos.
Este ambicioso planteamiento se lleva a cabo a través de los cinco capítulos en los que se estructura el libro. Cada uno de ellos ha sido redactado por uno de los tres autores, aunque están perfectamente articulados y reflejan la concepción común de la obra.
Los dos primeros, dedicados a la génesis constitucional de los partidos y a su actuación como elemento transformador de la representación, se deben a Salvatore Bonfiglio, que ha actuado además como coordinador del trabajo de los tres autores. Estos dos primeros capítulos tienen un marcado carácter histórico. En ellos se expone el nacimiento del partido, en su forma primaria, y su evolución posterior a través de las conocidas fases de rechazo, desconocimiento y legalización. El resultado es un excelente análisis de los aspectos teóricos e históricos de este proceso, sin los cuales no es posible entender la figura de los partidos políticos, en el que además se distinguen aquellas experiencias históricas cualitativamente diferentes, como fue, por ejemplo, la del Reino Unido, que desde un primer momento fue original y a la que no cabe aplicar las citadas fases acuñadas por Triepel.
En efecto, en el primer capítulo se recoge un estudio de gran interés y profundidad sobre la génesis de los partidos en el Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y los Estados Unidos. En el Reino Unido el origen de estas organizaciones se sitúa en un momento anterior al de las demás experiencias y, además, va a caracterizarse por unos rasgos particulares: las raíces de los partidos están vinculadas a la historia “evolutiva” de las instituciones políticas inglesas tras la Revolución Gloriosa, a la consolidación de la forma de gobierno parlamentaria de aquel país y a la doctrina de la soberanía del parlamento, por lo que allí no se produjo fractura en la transición del partido parlamentario original al partido de masas. La siguiente experiencia en reconocer a los partidos se produjo en los Estados Unidos: tras la crítica inicial a los partidos en la fase histórica “prejacksoniana”, a los que se consideraba una amenaza para la unidad de la nación, estos se desarrollaron por la necesidad de organización que exigían las elecciones presidenciales y fueron reconocidos legalmente ya en la segunda mitad del siglo XIX. Por su parte, las experiencias constitucionales de Francia, Alemania e Italia sí se ajustan claramente a la evolución señalada por Triepel. En un primer momento la actitud es de rechazo: en Francia, porque se les consideraba una amenaza a la soberanía nacional y popular, en un contexto de tendencias asamblearias y con la existencia de partidos antisistema; en Alemania e Italia, por representar una amenaza a la recién conquistada unidad del Estado. Solo posteriormente se producirá la aceptación y el reconocimiento legal.
Ese siguiente paso es el que se analiza en el capítulo segundo. En él se explica el proceso de progresiva afirmación del partido como uno de los principales elementos transformadores de la representación política y de la forma de Estado y gobierno en aquellos países que habían comenzado por rechazarlos. Para ello se estudia con detenimiento el primer tipo de partido, el burgués o de notables, en conexión con el tipo de soberanía, parlamento y representación propios de aquel momento. El tránsito al siguiente modelo y a la legalización de los partidos, como se sabe, se produjo con la extensión del sufragio y la aparición de los partidos de masas. De ese proceso destaca una idea que el autor señaló al comienzo del primer capítulo y que retoma aquí: tal proceso fue más rápido y natural allí donde no existieron fuertes partidos inconstitucionales y antisistema, es decir, allí donde existía un acuerdo suficiente entre los actores políticos sobre el modelo parlamentario. Este análisis se completa con la experiencia contraria de aquellos países en los que los grandes cambios que acompañaron al reconocimiento de la sociedad de clases no condujeron a un modelo de democracia parlamentaria, sino a una dictadura de partido. El autor se detiene en el examen de Rusia y del proceso que allí llevó desde la Revolución Bolchevique a la incorporación autoritaria del partido único, y también a la situación que condujo más tarde al régimen fascista en Italia, nacionalsocialista en Alemania y franquista en España.
El tercer capítulo, del que es autor Gabriele Maestri, nos ubica ya en la fase de incorporación constitucional de los partidos. Este es el capítulo en el que se realiza un estudio comparado de la regulación de los partidos, tanto a nivel constitucional como legal. Tiene, como es lógico, un carácter más descriptivo que los otros capítulos y ofrece un panorama suficientemente completo del tratamiento normativo de esta figura; en algún apartado se incluyen referencias a cierta jurisprudencia constitucional, pero lo que aquí se analiza de forma comparada son básicamente las disposiciones constitucionales y las correspondientes normas legales reguladoras de los partidos. Así, en primer lugar, se revisa la incorporación de esta figura a los textos constitucionales de la posguerra (Alemania, Italia y Francia), de los nuevos Estados democráticos de la década de los setenta (Grecia, Portugal y España) y de los países del Este tras la caída del muro. A continuación se repasan los principales elementos del régimen legal en un variado número de países; concretamente: la definición de partido, su naturaleza jurídica, el registro, contenido mínimo de los estatutos, el proceso de selección de candidatos y la disolución. A la regulación de la financiación (en Francia, Alemania, Italia, España, Reino Unido y Estados Unidos) se le dedica un apartado específico. Y finalmente el capítulo se cierra con una referencia al partido político europeo y su regulación.
Los dos últimos capítulos se deben a Roberto Blanco Valdés, que aborda en ellos dos temas cruciales del derecho de partidos: el Estado de partidos y las funciones de los partidos. En estos capítulos el estudio vuelve a elevarse por encima del plano puramente normativo, como se hizo en los primeros, y adopta una perspectiva integradora de elementos históricos, sociológicos y de dogmática jurídica, para contribuir así a esa “teoría de los partidos” que el libro busca ofrecer.
En el primero de ellos, el capítulo cuarto, el profesor Blanco Valdés se enfrenta a la consecuencia de la constitucionalización de los partidos: la transformación del Estado en un “Estado de partidos”. Para ello comienza necesariamente por recordar el gran debate teórico que se produjo en el periodo de entreguerras sobre la aceptación de los partidos y de la democracia de partidos. Aunque pueda parecer un debate superado, resulta fundamental si se quieren entender algunos de los problemas que hoy enfrentan nuestras democracias. Se trata de un debate al que el profesor Valdés ya ha dedicado su atención en publicaciones anteriores, pero sobre el que aquí profundiza recordando las posiciones de juristas clave como Kelsen, Weber y Triepel, y de sociólogos de referencia obligada, como Ostrogorski y Michels. Ello sirve de introducción para analizar posteriormente la opción que después de la Segunda Guerra Mundial se hizo por una democracia pluralista de partidos y por la constitucionalización de los partidos. El resultado fue muy positivo en términos históricos durante unas décadas, en las que el citado modelo vivió su mejor momento de realización; pero la realidad político-social no es estática, como antes se ha indicado, y en poco tiempo se comenzaron a apreciar algunos aspectos problemáticos del mismo, de modo que hoy los partidos han vuelto a situarse en el centro del debate sobre el funcionamiento de la democracia y el parlamentarismo. Con la agudeza que le caracteriza, el profesor Blanco Valdés revisa las causas y rasgos de la actual crisis de los partidos y de confianza: los cambios en los sistemas tradicionales de partidos, la ley de hierro de la oligarquía y la selección inversa de las élites políticas, y la profesionalización política y sus efectos perversos, entre otros.
El último capítulo está dedicado a las funciones de los partidos en los sistemas democráticos, que se analizan tanto desde un punto de vista teórico como desde la realidad del ejercicio de tales tareas y de cómo se ven influidas por la posición que los partidos ocupan dentro de los respectivos sistemas en los que actúan. Esta última perspectiva le permite al autor volver a ofrecer una exposición certera y aguda de la realidad, fruto de un conocimiento profundo de la misma. Para realizar el análisis de las funciones de los partidos, estas se agrupan en cuatro: las relativas a la garantía del pluralismo político y social, la de ser instrumentos de la participación ciudadana, la de representación política y la de gobierno o dirección política del Estado. El análisis se cierra con un apartado dedicado a los partidos y sistemas de partidos, en la medida en que es un conjunto de partidos compitiendo entre sí en determinadas condiciones lo que produce como resultado la función que ejercen los partidos.
Una teoría de los partidos, a la que sin duda este libro contribuye notablemente, debe recoger los claroscuros de una figura tan compleja y polifacética como son estas organizaciones. Los oscuros se señalan con agudeza y realismo en este trabajo, así como también se busca en él destacar el valor indiscutible de las mismas. En este sentido, es representativo que el libro se cierre con una cita de Giovanni Sartori: “los políticos son populares en tiempo heroicos, pero pocas veces lo son en los tiempos rutinarios, cuando la política de la democracia se convierte en un confuso y rutinario esfuerzo diario”. También en este sentido concluyo estas líneas con otra cita de Gino Luzzato, recogida en el libro por Salvatore Bonfiglio, que ya en 1912 defendió la existencia de los partidos con palabras pragmáticas: “por poco que valgan los partidos existentes, siempre representan algo mejor que el individualismo absoluto y la desorganización total. Un partido, por muy evidente que sea su tendencia convertirse en una secta cerrada y utilitaria, es siempre la unión espontánea de personas, que tal vez sirvan inconscientemente a la ambición y al interés de unos pocos, pero que por devoción a una idea se someten a unos deberes de solidaridad y de disciplina que de otro modo nunca sentirían ni aceptarían”; aunque terminaba advirtiendo que es difícil que tengan futuro los partidos “impotentes para cualquier trabajo innovador”. Ese es el reto que hoy tienen los partidos políticos: seguir demostrando su utilidad en un contexto complejo como el actual.