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La pulsera electrónica, líder en protección contra la violencia de género

Un curso analiza la violencia familiar, de género y sexual

8 JUL 2015 - 19:43 CET

María Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio de Violencia Familiar y de Género del Consejo General del Poder Judicial, explicó la importancia de la coordinación interinstitucional en la protección y prevención de la violencia de género. Carmona recalcó la necesidad de sincronizar de forma efectiva a todas las instituciones que tienen competencia en materias de género, para que “no quede ningún hueco en la red de protección de las víctimas”. En este sentido, los dispositivos electrónicos de seguimiento – conocidos popularmente como pulseras electrónicas – han sumado “unos excelentes resultados”, señaló. Desde que comenzó a utilizarse – concretamente en la Comunidad de Madrid en el año 2000 -, no ha habido ni una sola víctima mortal con un dispositivo electrónico impuesto: “En el observatorio estamos insistiendo mucho en la formación y en la utilización de estas medidas de protección porque son muy efectivas”.

En España existen 3.000 dispositivos electrónicos que se pueden utilizar, con una media de 700 pulseras impuestas actualmente. El objetivo próximo es extender la pulsera electrónica más allá de las medidas de protección, “implantándola también en la libertad vigilada, que entró en vigor dentro del Código Civil el pasado 1 de julio”, añadió la presidenta. Para Carmona, es fundamental que la mujer confíe en las distintas instituciones y lo que éstas pueden hacer por ayudarle, evitando la retirada de denuncias: “Lo más importante es el apoyo a la víctima para que pueda finalizar el procedimiento judicial, ya que se trata de un proceso muy difícil, complejo y arduo”.

Asimismo, el panorama actual presenta una tendencia creciente al desarrollo de comportamientos vinculados con violencia de género, que se manifiestan con “actitudes de control – como en la forma de vestir -, el seguimiento compulsivo a través del smartphone, el compartir las claves de Internet como prueba de amor, entre otras”, aclaró María Ángeles Carmona. La causa responde a que las relaciones sentimentales se inician cada vez a edades más tempranas y la consecuencia es que “no se perciben determinadas conductas que pueden ser señales de alarma, desembocando en una violencia de género más evidente”, sentenció.

 

 

 

 

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