Aplicación del concepto de Capacidad de Carga Turística en Conjuntos Monumentales.

Texto extraído de la siguientes publicaciones:

  • García Hernández, M.; Calle Vaquero, M. de la (2012). “Capacidad de carga en grandes recursos turístico-culturales”. Anales de Geografía de la Universidad Complutense, nº 32 (2) Pp. 253-274. ISSN: 0211-9803.
  • García Hernández, M; Calle Vaquero, M. de la; Mínguez García, M.C. (2011). “Capacidad de carga turística y espacios patrimoniales. Aproximación a la estimación de la capacidad de carga del Conjunto Arqueológico de Carmona (Sevilla, España)”. Boletín de la AGE, nº 57.Pp. 219-241. ISSN: 0212-9426.

No son numerosos los recursos turísticos del ámbito patrimonial donde se hayan elaborado estudios sistemáticos de capacidad de carga, a pesar de que un número significativo de estos sitios cuentan con medidas del control del flujo de visita. En este contexto, en distintos trabajos del Grupo de Investigación “Turismo, Patrimonio y Desarrollo” (Universidad Complutense de Madrid) se ha ido perfilando una metodología propia de trabajo. Los principios que guían nuestra reflexión metodológica sobre la estimación aproximada de la capacidad de carga turística de conjuntos monumentales se basan en tres puntos. 

En primer lugar resulta necesario determinar para cada conjunto patrimonial los espacios clave que articulan el desarrollo de la visita turística, normalmente aquellos que presentan los mayores problemas de sobrecarga o saturación turística. Resulta casi inabarcable para los espacios más complejos (ciudades y grandes conjuntos musealizados) determinar su capacidad de acogida global a partir de la consideración general de sus múltiples dimensiones, sin embargo se puede estimar para cada uno de los principales elementos o recursos patrimoniales que lo componen los niveles máximos y óptimos de uso turístico en función del comportamiento de los flujos turísticos, criterio básico para la posterior gestión global del espacio.

En segundo lugar, conviene desagregar en cualquier metodología de análisis de la capacidad de carga de los recursos turísticos patrimoniales dos componentes fundamentales: un componente evaluativo y un componente descriptivo. El primero de ellos describe el sistema turístico (la realización de la visita): niveles de uso, número de personas que visitan cada elemento, ritmos temporales, lógicas de desplazamiento y distribución en el espacio y en el tiempo. Son datos que hablan de las características objetivas de los sistemas de recreo y especifican las diferentes situaciones producidas por diferentes alternativas de la administración (decisiones de la política de gestión de los flujos de visitantes). El componente evaluativo, por el contrario, da cuenta de cómo debería funcionar el sistema a partir de la evaluación de los impactos que produce las condiciones actuales de la visita. Esta evaluación implica un juicio de valor que pondera los grados de “indeseabilidad” de los impactos negativos y de “aceptabilidad” de las consecuencias de la masificación de la visita pública y requiere la implantación de sistemas de seguimiento y control.

En tercer lugar, la estimación de la capacidad de carga de los recursos patrimoniales está estrechamente vinculada con la necesidad de garantizar la cualificación de la visita. Fijar los umbrales máximos de uso turístico de un recurso patrimonial es requisito imprescindible no sólo para garantizar la conservación del monumento (suelos, bienes muebles, desgaste de los paramentos, control de actos vandálicos, etc.), sino también para mejorar las condiciones de contemplación de ese patrimonio. Cuando trabajamos en conjuntos monumentales musealizados entran, pues en juego al menos dos de las dimensiones del concepto: la dimensión física de la capacidad de carga del conjunto (densidades de uso) y la dimensión social o perceptual (percepción y valoración de los niveles de masificación y/o saturación turística del espacio). En este sentido, en teoría, interesa también determinar los umbrales más allá de los cuales declina inadmisiblemente la calidad de la experiencia de los visitantes.

Si bien a priori no existe una fórmula que nos permita calcular el número máximo de personas que puede acoger un determinado espacio en relación a su uso turístico, a nivel metodológico (y en línea con los postulados de los organismos internacionales) la determinación de umbrales máximos del aforo para los conjuntos monumentales está relacionada con al menos tres tipos de criterios: criterios básicos de densidad de uso (número de personas que físicamente puede contener un espacio de determinas dimensiones), criterios de gestión: condiciones de seguridad del recinto y medios de vigilancia y control de uso (evacuación del área en caso de incendio, servicios de emergencias, etc.) y criterios de comportamiento turístico: condiciones bajo las cuales se desarrolla la visita (ritmos de paso, condiciones de contemplación del patrimonio, contaminación acústica...).

En conjunto, se trata de realizar una estimación aproximada de las densidades de uso turístico del espacio (óptima y máxima) de acuerdo a cinco variables básicas: las características del espacio acondicionado para la visita, el volumen total de visitantes recibido y su distribución temporal, la rotación de la visita, el comportamiento de los visitantes y los criterios de gestión aplicados.




La base metodológica se encuentra en los trabajos de Cifuentes (1996), de amplia utilización en los espacios naturales protegidos de Latinoamérica. De acuerdo a sus postulados, se ha de tratar de perfilar escalonadamente la capacidad de carga total o efectiva de un espacio a partir de ponderar su capacidad de carga física, es decir la densidad de uso básica (número de visitantes que caben en el espacio considerado), con las restricciones de uso que imponen determinadas condiciones específicas del lugar (nivel de desgaste de paramentos, erosión causada por el pisoteo de determinadas áreas, capacidad de absorción de los servicios de aparcamiento, restauración, etc.), lo que nos definen la capacidad de carga real. Por último se ponderan así mismo las restricciones dadas por la capacidad de gestión de la institución que administra el espacio o recurso considerado.

En los recursos turístico-culturales, pues, el estudio de la capacidad de carga respecto al uso turístico presenta tres dimensiones (Figura 2): una dimensión física que hace referencia al volumen total de personas que la extensión del espacio acondicionado para la visita puede contener en un determinado momento sin que se ponga en peligro la conservación de los elementos patrimoniales (capacidad de carga física del recurso); una dimensión psicosocial que está relacionada con la calidad de la experiencia de visita de todas aquellas personas que se acercan a conocer el sitio (capacidad de carga perceptual); y una dimensión “operativa” que tiene que ver con la disponibilidad de medios (humanos y económicos) con que se cuenta para gestionar los flujos de visitantes en destino. Para cada una de esas dimensiones se pueden estimar umbrales de uso diferentes, siendo conscientes de que la capacidad de carga turística (CCT) de de los recursos vendrá en todo caso marcada por la dimensión que parezca mostrar las posibilidades de uso turístico más restrictivas. Con la estimación de umbrales de uso se trata de dar respuesta aproximada a interrogantes del tipo ¿cuántas personas “caben” en el espacio disponible para la visita dentro del conjunto?, ¿cuántas personas pueden permanecer a la vez en el interior de determinados espacios garantizando unas mínimas condiciones de conservación del patrimonio?, ¿cuántas personas se pueden acoger asegurando unas mínimas condiciones de contemplación del patrimonio y desarrollo de la visita? y ¿cuántas personas se pueden acoger en relación a la capacidad de gestión (vigilancia, ordenación de flujos, desarrollo de visitas guiadas, simultaneidad de visita individual-visita en grupo, etc.)?.