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Joseph Pérez: “Con la muerte de Carlos de Austria, Felipe II tuvo dolor de padre y alivio de monarca”

El hispanista aseguró que la razón de Estado fue lo que movió a Felipe II a recluir a su hijo

22 JUL 2015 - 16:46 CET

Carlos de Austria (1545-1568), hijo de Felipe II y de su primera esposa, María de Portugal, es, pese a la brevedad de su vida y debido a sus problemas mentales, uno de los personajes más controvertidos de la monarquía española a lo largo de la historia, del que en ocasiones se ha llegado a asegurar que fue asesinado por su propio padre por miedo a que le desbancase como cabeza del Imperio. Sin embargo, para el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2014, Joseph Pérez, no hubo necesidad de matar al príncipe, pero si la hubiera habido “Felipe II no habría dudado en acabar con la vida de su hijo”, aseguró el historiador durante su conferencia extraordinaria El príncipe don Carlos, un problema de Estado para Felipe II.

“La razón de Estado fue lo que movió a Felipe II a recluir a su hijo don Carlos”, afirmó Joseph Pérez, descartando cualquier otro motivo de los que habitualmente componen la leyenda negra española difundida a partir del siglo XVI, de la que Pérez aseguró también que “nada de lo que se dice es cierto”. Además, el hispanista insistió en la incapacidad del príncipe como obstáculo fundamental para desempeñar el papel que le había reservado la historia y reiteró que “Felipe II no podía admitir que la monarquía y el imperio recayeran a su muerte en las manos de un demente”.

El historiador señaló, a propósito de los desequilibrios psicológicos del príncipe, que don Carlos era el último vástago de una serie de casamientos consanguíneos, empezando por el de sus padres, que eran primos hermanos y tenían como abuela común a la reina Juana de Castilla, conocida popularmente como Juana la loca.  “El heredero era un ser anormal, un loco, un demente y físicamente un deforme, tanto que hasta su abuelo Carlos V se llevó un susto cuando lo conoció y recomendó a sus padres no mostrarlo en público”, apuntó.

Asimismo Pérez destacó la faceta enfermiza del príncipe Carlos desde la niñez, con abundancia de fiebres y enfermedades diversas que terminaron por agravar su salud mental. “En una ocasión su padre le regaló unas botas que le quedaban pequeñas. Carlos vio en ello toda una conspiración contra su persona, así que ordenó cocinarlas para que se las comiera el zapatero”, contó el historiador como anécdota sobre la personalidad de Carlos de Austria.

El problema con el heredero fue empeorando, según el investigador, cuando su padre le fue apartando de forma progresiva de la vida política por su incapacidad. Don Carlos estaba convencido de ser perfectamente capaz de acabar con la rebelión de Flandes en 1567, pero el rey le negó cualquier protagonismo en este asunto y envió al duque de Alba a sofocar la revuelta en lugar de a su futuro sucesor. El príncipe decidió actuar por su cuenta y estuvo a punto de cometer alta traición, por lo que Felipe II, en enero de 1868, “vestido con su propia armadura” entró en la habitación de Carlos y procedió a su arresto para encerrarlo en el Alcázar de Madrid, donde murió unos meses más tarde por causas naturales. “Al rey Felipe le dolió mucho la muerte de su hijo, pero con ella se quitó un peso de encima. Tuvo dolor de padre y alivio de monarca”, sentenció el hispanista francés.

 

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