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Entre las vanguardias literarias de Perú, consejos para un joven escritor

Mario Vargas Llosa acude a su tradicional encuentro con los alumnos

1 JUL 2015 - 20:54 CET

En la primera línea de sus palabras, fluyen nombres de poetas peruanos, pero un joven alumno del curso Vanguardias poéticas y artísticas latinoamericanas reclama su atención y la dirige hacia lo personal. Pide ayuda porque no sabe si enseñar sus escritos a otras personas. ¿Qué consejos puede darle un Nobel de Literatura? Para llegar a los lectores hay que esforzarse y las posibilidades, para publicar, aunque difíciles, son mejores ahora que antes. Esa es la idea que transmite el maestro al aprendiz. “Mucha disciplina, trabajo, constancia y autocrítica”… Y esas son las cuatro reglas para que el joven escritor avance.

Mario Vargas Llosa disfruta cuando se mezcla con los alumnos de los seminarios de literatura de los Cursos de Verano. Agradecido y diplomático escucha sus opiniones y sus preguntas pero tampoco defrauda en la exposición del contenido de su conferencia. En esta ocasión, le acompañan los nombres de la vanguardia de la literatura peruana.

Entre las grandes plumas evocadas, Vargas Llosa enumera a César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, Carlos Germán Belli, Blanca Varela, Javier Heraud y Ciro Alegría. Uno a uno, desfilan por el aula complutense.

El surrealista César Moro (1903-1956), “uno de los grandes poetas latinoamericanos”, escribió gran parte de su obra en francés; su creación llegaba a círculos reducidos de lectores; y no tuvo ningún interés en ser un escritor conocido. Fue profesor en el colegio militar Leoncio Prado, donde uno de sus alumnos precisamente era Vargas Llosa: “En las clases nos burlábamos de él y lo insultábamos”. Sin embargo, ni este periodo ni el desprecio de Breton fueron los episodios de su biografía que más empaque quiso dar el autor de Lituma en los Andes, sino la gran pasión que vivió Moro en México por un muchacho y que derivó en el poema Carta de amor, “uno de los grandes poemas de amor de nuestra lengua”.

Mientras de Westphalen (1911-2001), el Nobel de Literatura destacó su promoción de la poesía de Perú y la esencia surrealista de su obra; de Varela (1926-2009), elogió el cuidado del lenguaje y la música del poema, y su problemática existencial. Javier Heraud (1942-1963) fue un “poeta y guerrillero con inquietudes revolucionarias, pero que no hacía una poesía fácil  ni demagógica”. Vargas Llosa también citó al prosista Ciro Alegría (1909-1967) y concretamente su obra La serpiente de oro, “un libro casi lírico de descripción de un mundo campesino”.

Del “tímido” Carlos German Belli (nacido en 1927), Vargas Llosa subrayó su profundo conocimiento de la poesía del Siglo de Oro que mezcla en sus versos con la jerga local: “Combina lenguajes que se rechazan; su poesía es quejumbrosa: muestra sus llagas y fracasos, pero también una burla que desmiente sus palabras”. El autor de El sueño del celta recomendó encarecidamente a su rendida audiencia la lectura del “bonito” poema de Belli que concluye con la siguiente estrofa: “Mi amor, tu amor esperan que la muerte/ se robe los huesos, el diente y la uña,/ esperan que en el valle solamente/ tus ojos y mis ojos queden juntos,/ mirándose ya fuera de sus órbitas,/ más bien como dos astros, como uno”.

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