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El atardecer como momento que engrandece al artista

Julio López participa en el curso La luz en arte, la ciencia y la tecnología

6 JUL 2015 - 18:58 CET

El grado de iluminación no tiene una incidencia especial en la obra escultórica de Julio López. Al menos eso confesó durante su intervención en una mesa redonda del curso La luz en arte, la ciencia y la tecnología. López no tiene una hora predilecta para trabajar, pero admitió que “hay un momento del día, el atardecer, que complace y engrandece. Es un punto en el que el día decayendo comienza a serenarse y da la sensación de que estás conforme con el mismo”.

El artista, que compartió debate con los catedráticos José Manuel López-Alonso y Fernando Moreno, profundizó en su perspectiva artística en relación al uso de la luz. El objetivo fue explicar los conceptos ópticos de su escultura y cómo ésta varía en función de una óptica determinada: “La percepción de la realidad tiene unos misterios especiales, depende de cada artista y su visión. Al final te mueves más en la experiencia personal”.

Asimismo, citó al también artista Antonio López y su película El sol del membrillo en la que, precisamente, se pone de manifiesto el uso de las diferentes perspectivas de una misma imagen en base a la óptica y la luz. “En ella, el transcurrir del tiempo va cambiando con la pintura”, explicó el escultor. “Se trata, en definitiva, de una visión pedestre de un artista que intenta captar otro tipo de óptica. Filmaba sin guión, únicamente dejaba que pasara el día hasta que la noche caía, para captar las diferentes incidencias lumínicas”, sentenció Julio López. 

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