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Cómo comprender la vida a través del humor

Homenaje a Forges, plato fuerte de las conferencias extraordinarias

18 JUL 2018 - 14:59 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

“¿Hay vida después de la muerte?... ¡Como no haya, me oyen!”. ¿Se puede definir a alguien con estas dos frases? Sí, si es Forges. “Ese era él al fin y al cabo”. ¿Se puede ser tan atrevido al afirmar esto? Sí, si es Berta Fraguas, la hija de Forges… ¡Gensanta!, como él diría, vaya forma de empezar el artículo. Recapitulemos.

Homenaje a Antonio Fraguas, Forges, en los Cursos de Verano, iniciativa del Instituto Quevedo de las Artes del Humor, moderado por Manuel Álvarez Junco, director de los seminarios complutenses, que pone sobre el tapete -viñetas y personajes forgianos mediante, las primeras características que definen su labor: respeto a los demás, elegancia y dificultad de conseguir las dos anteriores. El trabajo a destajo era otra de las cualidades del humorista. Berta Fraguas confiesa que dibujaba doce horas al día buscando el chiste perfecto: “No lo he visto nunca de vacaciones”. Acompañando a su esfuerzo, él tenía la “sensibilidad de ponerse en la piel de los demás” y además aportaba  “el punto chorra en las discusiones familiares”.

Más secretos de cocina de Forges, fallecido el 22 de febrero de este año. Por ejemplo, su capacidad de observación y escucha que le hacía “captar todos los detalles” con humor sin haber estado nunca jamás en la cola de un ministerio o en la consulta de un doctor hasta los setenta años, dos de los grandes escenarios de sus viñetas. Sigue Berta: “El humor fue la manera que encontró mi padre para comprender la vida”.

El “trolómetro”

Entre los recuerdos de su particular “Sherlock Holmes con humor”, y atendiendo a la “precisión” del lenguaje, Berta Fraguas relata que el perro familiar se llamaba Doña Jimena, no Jimena a secas, y cómo sus hijos, tres chicas y un chico, utilizaban su invento del “trolómetro” cuando se venía arriba contando unas historias a los demás que empezaban siendo serias. Realmente consistía en levantar por parte de los hijos el dedo índice poco a poco a medida que Forges “se venía arriba en el relato”.

Álvarez Junco abre el abanico. La guionista Ángeles González-Sinde también elogia al humorista “cálido, acogedor, paciente y generoso que desmontó lo establecido” y que compartió con los filósofos clásicos una “especie de pesimismo optimista que promulga que “la humanidad no tiene remedio y el ser humano es catastrófico, pero que hay campo para mejorar”.

El arquitecto Peridis y el periodista Juan Luis Cano, también humoristas, son los próximos en hablar, aunque realmente el debate es encarnizado por la toma de palabra. Forges se lo merece. Al grano. Según el primero, Forges aportó “un mundo” al humor e inventó un lenguaje: “La gente empezó a hablar como sus chistes con una mirada benévola, sin pontificar, sin aspectos chungos”. Entre sus anécdotas, Peridis, en su condición de arquitecto, echó una mano a Forges para elaborar el proyecto de una casa muy estrecha en Cadalso de los Vidrios en la que había residido Santa Teresa. Al final Peridis pudo conseguir las licencias municipales y los sellos oficiales porque imitó en los documentos los personajes de Forges, que explicaban las medidas de la vivienda. La estrategia forgiana funcionó.

Con un golpe

Juan Luis Cano barre para casa. El periodismo es el asunto. Los periodistas, a su juicio, informan y eso hace reflexionar a la sociedad sobre lo que sucede. Este segundo aspecto lo conseguía Forges de “una forma más inteligente, con un golpe”, su viñeta. Ahí va otra serie de calificativos hacia el humorista con un final en el que todos están de acuerdo: “Natural, cercano, accesible, cariñoso, acogedor, amable y simpático…. es difícil ser normal y corriente cuando todo el mundo te está alabando desde que te levantes hasta que te acuestas”.

Hablar de Forges es hablar también del humor en general. Y la mesa redonda desemboca en una cascada de definiciones para acotar una forma de vida en constante evolución. Una de Peridis: “El humor es el arte del ingenio y de la gracia”. Una de Juan Luis Cano: “El humor es la inteligencia destilada. Ha servido siempre como terapia para sobrellevar una vida perra”. Otra más de Juan Luis Cano: “El humor es una buena saeta que cala en las carnes y… nada más, ¿queréis tomar algo?”.

Hagamos caso y, en honor a Forges, comamos un bocata, pero antes evoquemos sus palabras en su propio homenaje. Tal vez le hubiese resultado -usando su jerga- estupendérrima la licencia. Sus palabras son de 2015 y el escenario es el mismo, los Cursos de Verano de la Complutense: “Siempre que hay humor de por medio, la demagogia desaparece”. Po fueno, po fale.

(Entrevista a Forges. UCM Televisión. Cursos de Verano 2015. Enlace)

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