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A la espera de nuevos fármacos con cannabinoides

El Sativex, el único de estas características aprobado en España

21 JUL 2015 - 12:14 CET

Cerca del 30 % de los españoles afirma haber probado el cannabis. La edad media a la que se inicia en este consumo son los 18 años. Uruguay fue en 2013 en el primer país del mundo en legalizar el cannabis en todos sus supuestos. Esos son los datos sociológicos, pero detrás de ellos hay mucha investigación para dilucidar si los cannabinoides que contiene la marihuana pueden convertirse en fármacos contra diferentes patologías y dolencias.

Javier Fernández Ruiz, catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Neurodegenerativas, lidera un grupo puntero que tiene como objetivo prioritario el estudio del potencial neuroprotector de los cannabinoides en diferentes enfermedades neurodegenerativas crónicas, incluyendo la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Huntington, la esclerosis lateral amiotrófica, la demencia frontotemporal, la esclerosis múltiple y las ataxias espinocerebelosas.

En este sentido, en el futuro se podrán beneficiar de estas pruebas con cannabinoides pacientes con enfermedades del sistema nervioso, metabólicas, periféricas, de la piel y endocrinas. “Donde más se investiga es en las enfermedades neurológicas; ahora mismo los campos más importantes son las epilepsias, concretamente las epilepsias refractarias, incluyendo las epilepsias infantiles”, concreta.

Además, a su juicio, los cannabinoides tendrían un espacio en los tratamientos del dolor, sobre todo en aquellos ámbitos “donde no es bien tratado por los analgésico clásicos”, aunque no hay que olvidar sus hipotéticos usos para combatir enfermedades relacionadas con trastornos de la alimentación, la obesidad, los problemas derivados de la falta de sueño, o el cáncer, en nuevos tratamientos antitumorales.

Automedicación

Fernández Ruiz, que dirige el curso Cannabinoides para el tratamiento del síndrome de Dravet y de otras enfermedades raras, cree que los enfermos son una “importante” fuente de información, gracias a que algunos se automedican con preparaciones de marihuana. No obstante, esta práctica “en sí misma no tiene un valor farmacológico real porque obviamente hay que confirmarlas con estudios y con los criterios clásicos de los ensayos clínicos”. El aspecto positivo es que en muchas ocasiones se investiguen esas sustancias. Dos casos lo demuestran. En el primero, los enfermos de esclerosis múltiple se manifestaron en 1997 en Reino Unido delante del Parlamento alegando que se automedicaban con cannabis porque les iba bien contra el dolor: “Efectivamente se investigó y había una base biológica y farmacológica real que lo justificaba”. De ahí derivó la aprobación del Sativex, el único fármaco basado en compuestos de la marihuana aprobado en España. Se usa contra la espasticidad, la contracción permanente de determinados músculos. Otro ejemplo es la asignación como medicamento huérfano –según Eurordis, asociación de pacientes con enfermedades raras de Europa, un medicamento huérfano es un producto medicinal que sirve para diagnosticar, prevenir o tratar enfermedades o desordenes que amenazan la vida o que son muy serias y que son raros- del Epidiolex para tratar el síndrome de Dravet. Ahí ejercieron presión los familiares de los niños con esta patología.

Fernández Ruiz, expresidente de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides, asegura que regular un fármaco basado en cannabinoides no sería muy diferente de lo que se exige a otros compuestos, como puede ser el caso de la morfina; “otra cosa es el estigma entre la clase médica, el sector sanitario, los políticos y la población en general porque la marihuana tiene una parte que se relaciona con el uso lúdico”. Para él, un buen control sanitario sería necesario, pero este aspecto “no tiene nada que ver con  el problema ético de cada uno, aunque la sensibilidad social sobre este tema haya mejorado en los últimos tiempos”.

A juicio del catedrático de la Universidad Complutense, el campo de investigación sobre cannabinoides es “amplio y atractivo” para los jóvenes que se embarcan en tesis doctorales y se inician en sus carreras científicas: “Estamos en una fase muy prometedora desde el punto de vista de desarrollo farmacológico”. 

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