La Primera Vuelta al Mundo: un viaje con consecuencias científicas incalculables

En 2022 se conmemora el V Centenario de la primera circunnavegación a la Tierra, la expedición comercial que Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano realizaron entre 1519 y 1522.  Investigadores e investigadoras de diferentes disciplinas de la Universidad Complutense de Madrid analizan el progreso científico derivado de esta histórica hazaña.

 

Cartas náutica del Pacífico Sur · Hessel Gerritsz. CC BY-SA

Cartas náutica del Pacífico Sur · Hessel Gerritsz. CC BY-SA

Raúl Gómez Hernández/ UCC-UCM, 25 de mayo de 2022.

El 10 de agosto de 1519 partían del puerto de Sevilla cinco naos de pequeño y mediano tamaño con el objetivo principal de encontrar una ruta alternativa a la descubierta por los navegantes portugueses para llegar a las Islas de las Especias, actuales islas Molucas (Indonesia).

La expedición no sólo trajo bienes de prestigio como las especias, sino que también supuso un avance para el conocimiento científico de los europeos, abriendo a su paso nuevas rutas comerciales para los navegantes españoles.

Gracias a este viaje, el conocimiento pudo ampliarse más allá de los límites de la Tierra conocida hasta entonces, pudiendo así demostrar empíricamente, por ejemplo, que la Tierra era redonda.

Para esta hazaña salieron de Sevilla hacia Sanlúcar de Barrameda, pasaron por las Islas Canarias y, tras bordear África, cruzaron a América. Desde allí, encontraron un paso hacia Asia surcando en su recorrido el Océano Pacífico hasta alcanzar las Islas Molucas, donde retornaron, aunque no sin dificultades, hacia Sevilla cargados de especias.

Un arriesgado viaje financiado por la Corona

Sevilla era la mayor población de la Corona de Castilla, con alrededor de 50.000 habitantes. Ya desde finales del siglo XV con las expediciones a “las Américas” comandadas por Cristóbal Colón y apoyadas por los Reyes Católicos, la ciudad se fue erigiendo como puerto fluvial comercial de gran envergadura.

Con el objetivo de regular estos viajes, en 1503 se funda allí la Casa de la Contratación para fomentar la navegación y las rutas comerciales. 

Sevilla. Franz Hogenberg. CC BY-SA

Sevilla. Franz Hogenberg. CC BY-SA

Solo de las travesías por el Guadalquivir entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda entre los años 1503 y 1650 naufragó el 9 % de los buques, ya que atravesaban marismas de escasa profundidad, Con estas perspectivas, solo salir al Océano Atlántico podría ser una aventura peligrosa para los navegantes menos experimentados.

Tras el avistamiento del “Mar del Sur”, actualmente Océano Pacífico por Núñez de Balboa en 1513 y con la esperanza de encontrar una ruta alternativa a las Islas de las Especias por América, Fernando de Magallanes consigue en 1519 la aprobación de Carlos V, quien no solo le permite realizar la expedición en su nombre, sino que la financia económicamente de forma mayoritaria, un hecho que hasta el momento no había ocurrido en las expediciones anteriores.

“El caso excepcional de esta empresa tiene que ver con un propósito político, la reclamación de las islas de las Especias como un dominio hispano y, por otro lado, con la expectativa de ganancia porque la especias eran la mejor inversión comercial que podía haber en esta época”, explica la catedrática de Historia Moderna Carmen Sanz Ayán, del Departamento de Historia Moderna e Historia Contemporánea de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Geografía y fantasía de territorios inexplorados

De Sevilla partieron cinco naves:  la Trinidad, la San Antonio, la Concepción, la Victoria y la Santiago. Tras una larga travesía desde las Islas Canarias, donde habían llegado para obtener provisiones tras su salida de Sanlúcar de Barrameda, el grupo de navegantes capitaneados por Magallanes pudo llegar al continente americano.

Dejando atrás el golfo de Guanabara, donde se fundaría más tarde la ciudad de Río de Janeiro, bajaron por la desembocadura del río de la Plata hasta San Julián, en plena Patagonia, donde decidieron pasar el invierno. Este hecho le costó la baja de la Santiago y la vuelta de la San Antonio tras un motín.

Terra Brasilis. Atlas Miller. CC BY-SA

Terra Brasilis. Atlas Miller. CC BY-SA

En esta etapa del viaje, la expedición documentó especies botánicas y describió lo que allí veía, pero siempre con miedo a lo extraño.

Debido a las leyendas fundamentadas en la mitología grecolatina, y tal y como lo reflejaron en la cartografía naval de esos años, los navegantes tenían la percepción de que en la tierra habitaban poblaciones que medían dos metros y que en el mar habitaban monstruos que destruirían sus navíos.

Así, como describe el investigador Miguel Luque Talaván del Departamento de Historia de América I Medieval y Ciencias Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la UCM, “encontramos relatos que hablan de amazonas, esciápodos o también pueden ser los famosos gigantes. Este traslado de los seres fantásticos de la mitología del mundo clásico al mundo americano se va a ver complementado por sus propios mitos creados en el espacio indiano como El Dorado, el País de la Canela, la Fuente de la eterna juventud, las siete ciudades de Cíbola o la ciudad de los Césares, que también está reflejada en determinados ejemplares cartográficos”

Fenómenos atmosféricos favorables y adversos: el cruce del Estrecho

Descubierto un posible paso hacia el “Mar del Sur”, el 18 de octubre de 1520, la expedición, ahora con tres embarcaciones, partió de San Julián. Tras un periodo de fuertes vientos, nieblas y lluvias, consiguieron llegar al Océano Pacífico, apodado así por Fernando de Magallanes por la tranquilidad de sus aguas.

En su travesía por el Océano Pacífico, consiguieron llegar primero a las Islas Marianas, que apodaron Islas de los Ladrones y después a las Islas Filipinas. Un motín en Mactán provoca la muerte de Fernando de Magallanes, quedando su nao inutilizable y ocupando el mando Juan Sebastán Elcano, quien comandó la nao Victoria de camino a las actuales islas Molucas.

Mapa de las islas Molucas. Petrus Plancius y Cornelius Claesz. CC BY-SA

Mapa de las islas Molucas. Petrus Plancius y Cornelius Claesz. CC BY-SA

Actualmente, parte de la comunidad científica mantiene que el cruce del estrecho de Magallanes y la buena navegación por el Océano Pacífico fueron propiciados por un fenómeno climático: El Niño.

El fenómeno atmosférico de El Niño tiene su origen en el calentamiento del Océano Pacífico oriental ecuatorial, manifestándose de forma cíclica cada 3 a 8 años. En esta época, los navegantes europeos desconocían este fenómeno, pero actualmente la comunidad científica en meteorología los conoce muy bien.

“En el caso de la expedición de Magallanes, el Niño produjo calmas en la zona del paso de Drake y, además, que hubiera vientos del sur que empujaron a Magallanes hacia el norte que hicieron que fuera más fácil la navegación que en condiciones normales” afirma Belén Rodríguez Fonseca, investigadora del Departamento de Geofísica y Meteorología de la Facultad de Ciencias Físicas de la UCM.

Navegación por el Índico Sur sin más ayuda que los astros celestes

El viaje por Asia también sirvió para documentar nuevos tipos de plantas de gran importancia botánica así como algunas costumbres de los pueblos indígenas.

Además, los navegantes se dieron cuenta de lo diferente que era la dispersión de los astros celestes en el firmamento desde el Hemisferio Sur. Así describió Antonio de Pigafetta en su crónica del viaje, Primer viaje alrededor del globo, lo que ahora llamamos Nubes de Magallanes:

El polo Antártico no goza de las mismas constelaciones que el Ártico, viéndose en él dos grupos de pequeñas estrellas nebulosas que parecen nubecillas, a poca distancia uno de otro (p.36)

 Nube de Magallanes. CC BY-SA

Nube de Magallanes. CC BY-SA

 “La observación del cielo ha sido siempre muy importante para los navegantes porque ayuda a resolver lo que se conoce como el problema de la longitud. Es fundamental, desde el punto de vista de la navegación, saber dónde se encuentra el barco”, afirma el catedrático de Astrofísica, Jesús Gallego Maestro del Departamento de Física de la Tierra y Astrofísica de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid,

Tras cargar con las valiosas especias de las islas Molucas, el 21 de diciembre de 1521 la nao Victoria capitaneada por Juan Sebastián Elcano emprendió su regreso a Sevilla.

Durante su travesía, navegaron durante meses por el Océano Índico Sur sin encontrar tierra a la vista. De esta manera, navegando por un paralelo llegaron hasta el Cabo de Buena Esperanza y desde ahí, bordeando el continente africano, el 8 de septiembre de 1522, la nao Victoria con sus 18 tripulantes regresó a Sevilla.

¿Y ahora qué? Los avances científicos derivados del viaje

Tras este apasionante viaje, se podrían enumerar multitud de avances científicos derivados de la expedición en diferentes disciplinas (botánica, antropología, etnografía, astronomía, historia…)

Este viaje sirvió para producir un cambio de paradigma real en todos los contextos, incluidos sociales y políticos, pero también para demostrar y dejar clara la importancia de la labor de Juan Sebastián Elcano para comprobar de forma experimental que la Tierra es esférica , sirvió para demostrarlo empíricamente igual que poder establecer con claridad las dimensiones del mundo y la disposición de las tierras y de los mares.

Si en su época y posteriormente en los siglos venideros, la expedición aportó tanto al conocimiento científico, en la actualidad es necesario valorar este hecho y darle la importancia que merece para la ciencia.


 

      
Unidad de Cultura Científica y de la Innovación
Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI)
Universidad Complutense de Madrid
uccucm@ucm.es - Tlf.: 617691087

Raúl Gómez Hernández es estudiante en prácticas en la UCC+I de la Universidad Complutense de Madrid en el marco del convenio con el Título de Experto en Comunicación Pública y Divulgación de la Ciencia de la UAM. Además cursa estudios de Doctorado dentro del Programa de Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid y el Doctorado Conjunto de Una Europa en Patrimonio Cultural.

Más información sobre su proyecto "La primera vuelta al mundo: pasado y presente de los avances científicos" aquí.


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