Proyectos de Investigación

El virus a ojos de los más mayores

por Sandra Reguilón Blasco

En esta entrevista se recoge el testimonio de Francisca, mujer de 76 años, natural de Ávila con domicilio en Alcorcón. Durante todo el año, alterna su residencia aprovechando los meses más calurosos para pasarlos en su casa de la villa de el Tiemblo mientras que cuando llega el invierno, se traslada con su marido a Madrid donde se rodean de sus familiares. Esto hizo que Francisca pasara la temporada de la pandemia en Madrid hasta que abrieran la frontera a comienzos del verano de 2020 y se trasladase a su pueblo. Es por esto por lo que ¿quién mejor que Francisca para que nos de la visión de los más vulnerables ante esta crisis?

La grabación se produciría el martes 24 de noviembre a las 12:32 de la mañana en el patio de su casa provista de su mascarilla, acompañada de su hija mayor María Victoria quien sería la encargada de hacerla las preguntas, previamente elaboradas por su nieta, la autora de este trabajo.

En cuanto a Francisca, pasaría toda su niñez y juventud en su pueblo de Ávila, donde conocería a su marido y juntos, ante las limitadas ofertas de trabajo que encontraban en España en la década de los sesenta, emprenderían un viaje hacia Alemania donde viviría doce años, para trabajar en una fábrica de Núremberg donde se manipulaban cables. Allí tendrían a su segunda hija, pero como la mayoría de las personas en su misma situación, decidieron volver a casa para cuidar de su familia y rodearse de los suyos. Esto hace que Francisca haya conocido más allá de su propio país y haya sentido la nostalgia y tristeza de estar alejada de los suyos que, de forma repentina, la pandemia la ha recordado este sentimiento.

Con el testimonio de Francisca se puede comprobar que la población anciana es de las más afectadas, sintiéndose vulnerables e incapaces de hacer nada al respecto, con la incertidumbre de si algún día volverán a poder abrazar a sus seres queridos. A parte de pertenecer a la denominada como “población de riesgo”, deben de hacer frente a la distancia traducida en soledad, que afecta de manera muy negativa en su estado de ánimo y en las relaciones interpersonales. Además de esto, se ven en la obligación de modificar su estilo de vida alejándose de las grandes masas, centrándose en grupos reducidos y evitando al máximo el contacto con otros individuos, por lo que acciones tan simples como ir a comprar el pan deben de ajustarlas en base a la cantidad de personas que puedan encontrarse por el camino y dando por hecho el evitar al máximo el transporte público, lo que provoca que tradiciones como tomar un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor de Madrid queden en la memoria, al menos por un corto periodo de tiempo.

 

¿Cuáles son los cambios más importantes que has notado en el día a día?

Pues mucha pena, mucha tristeza, muchas noches sin dormir y pensando nada más que en mis hijos y mis nietos, porque nosotros últimamente no tenemos una vida, pero ellos están empezando ahora y con esto a ver el trabajo y todas estas cosas, estamos con mucho miedo. Muchos cambios, no puedo ver a mis nietos, no los puedo dar ni un abrazo, incluso hasta a mi marido, no voy a casa de mis hermanos, ni vienen aquí porque tenemos miedo todos, unos y otros, y es mucha pena no poder dar un abrazo a tus hijos ni a tus nietos. Yo vivo entre Madrid (Alcorcón) y claro no podemos ir cuando queramos porque esta todo esto confinado. Nos pilló allí (Madrid) tuvimos que estar seis meses y ahora llevamos aquí desde Julio y así estamos, allí nos encontramos en invierno mejor por la calefacción central y por mis hijas. Aquí nos encontramos solos y aburridos, nos damos una vueltecita y poco más, para casa, sin poder ver a tus hermanos, ni amigos, ni comidas, ni cumpleaños, ni nada; eso es lo de menos, lo que yo quiero es que no pase nada a nadie, pero claro, y la gente joven tiene poco respeto que es la que debía tener más ahora que a cuenta de ellos estamos ahora otra vez igual.

¿Cómo te comportas cada vez que sales de tu residencia?

Si toda la gente se portara como yo no pasarían muchas cosas, porque procuro de cambiarme de acera, con mi mascarilla y procuro de no juntarme con nadie, nada más que voy un ratito a dar una vuelta aquí fuera del pueblo y poco más.

¿Cuál es tu visión de futuro?

El mío muy negro por el miedo que tenemos, más que nada por mis hijos y mis nietos.

¿Sientes temor e inseguridad al vivir en Madrid o, por el contrario, te sientes protegido?

Me siento igual allí (Madrid) que en el pueblo, lo que es que allí me encontraba como en la cárcel, aquí (Ávila) por lo menos salgo al patio y veo el cielo y el sol y ando por mi patio, hablo con las vecinas desde el patio y voy de paseo y claro, no te encuentras con tanto personal como allí y la gente también tiene miedo, sale muy poquita gente, nosotros porque no tenemos más remedio que salir porque nos han mandado por lo menos andar una hora tanto a mi marido como a mí. Allí en Madrid con el ascensor tienes más miedo, llevamos hasta servilletas para no tocar los botones, con la escalera, si te encuentras a la gente, aunque vivo en un segundo, pero siempre hay que tener cuidado, porque yo ya no puedo bajar por las escaleras tiene que ser por ascensor. Me siento más libre aquí en el pueblo, pero todavía no he podido ir (a Madrid) porque todos los años me voy cuando pasan los Santos. De momento me siento protegida porque veo que están haciendo mejor que en ningún sitio las cosas y nada más que hacen criticar a Ayuso.

¿Has observado muchos cambios en tu barrio a raíz de la pandemia?

Pues sí porque parece que está desahuciado porque no se ve a nadie, nosotros con los vecinos hablamos por el balcón, pero de los mismo todo, de lo que nos ha venido y de los que nos queda. En los parques no vemos a los niños. En lo primero de la pandemia, con una cuerda y un cubo nos bajaban la basura y me subían la compra, iban a verme y por el balcón hablábamos con las hijas y con los nietos. No se ve a nadie por ningún lado, están muy tristes los parques de los niños no salen tampoco, la gente no sale, sobre todo los mayores y poco más o menos. En las terrazas de los bares si pasamos de que venimos de la compra hay mucha gente que vemos fumando y allí en las mesas en vez de haber cuatro o seis hay ocho o diez y otros esperando; en eso no respeta la gente nada y a nosotros nos da mucha rabia y algunos que vemos sin mascarilla digo mira estos hijos de su madre.

 

La imagen seleccionada fue tomada el 26 de marzo del 2020, en plena pandemia, donde aparecen Francisca y su marido asomados al balcón por donde lanzaban al exterior un cubo atado con una cuerda por donde recogían la compra que les enviaban sus familiares. Esto evitaba que ambos salieran de su domicilio y de tal forma minimizar el contacto con el exterior, como hicieron muchos otros ancianos en su misma posición, provocando que permanecieran íntegramente el periodo de cuarentena en sus viviendas, hecho que les afectará psicológicamente causándoles temor, documentándose de la información del exterior gracias a los medios de comunicación y no mediante sus propios ojos.