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Regreso a las aldeas africanas

Regreso a las aldeas africanas

Publicado el 19/07/2016 a las 21:30 horas

Justo Bolekia y Gorsy Edú encumbran las tradiciones de Guinea Ecuatorial

Javier Picos / Foto: Nacho Calonge

Los ecuatoguineanos Justo Bolekia Boleká y Gorsy Edú reivindicaron la palabra y la música como los soportes de una África mítica y necesaria. El primero, poeta y antólogo, elogió la oralidad como el “centro de toda la sabiduría y el enlace entre los jóvenes y los adultos” y el segundo, dramaturgo y actor, protagonizó el espectáculo El percusionista, un monólogo africano musical. Ambos dejaron huella en el curso Literatura, oralidad y música africanas, dirigido por Isabela de Aranzadi.

“Lamentablemente, la palabra en África se está muriendo y está siendo sustituida por la escritura, que es congelación y no dinamismo ni acción ni transformación”. Bolekia reflexionó en voz alta sobre el carácter “secreto, oculto, encriptado y escondido de esa África de las aldeas no contaminada por la mundialización”. Aunque también en España, según él, hubo hace muchos siglos un periodo largo de la palabra caracterizado por la dialéctica y las narraciones, en la actualidad los grandes conferenciantes, “con los que al escucharlos, aprendes, te formas y te informas”, han desaparecido. El intelectual de Guinea Ecuatorial puso como ejemplos de esa retirada de la palabra el parlamentarismo actual, “donde cualquiera lee una chuleta”, y la supresión de programas conversacionales en televisión como La clave, de José Luis Balbín, y las charlas en espacios de referencia como el Café Gijón.

Ante un proceso de “enmudecimiento” de la sociedad occidental, el académico correspondiente de la Real Academia Española concretó que el espacio de las palabras se reduce al móvil. “Ahora la gente ya no habla, guasapea. Llegará un momento en que la gente se mire y no hable; para comunicarse tendrán que echar mano del móvil”.

En esta línea, Gorsy Edú volvió a la aldea africana para contar con instrumentos y lenguas fang y española la historia de aprendizaje de un niño que tiene como referencia a su abuelo. “Los grandes sabios llegaron a la conclusión de que el universo estaba formado por cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire, pero nuestros antepasados tenían la certeza de que para que hubiera vida existía un quinto elemento: el ritmo”, dijo al comienzo de un espectáculo en el que el público interactuaba repitiendo el “érase una vez” con el que empiezan todas las historias a la vez que hacían el sonido del viento, imitaban el trino de los pájaros o tarareaban nanas, duelos y melodías.

Nacido en una pequeña aldea en la frontera entre Guinea Ecuatorial y Camerún, el futuro percusionista fue aprendiendo de su abuelo el sonido de los tambores. Con él fue a la escuela atravesando la selva. Era tanta la mortandad infantil que un niño en su aldea no contaba en la familia hasta que no emprendía el camino a la escuela. El niño se preguntaba por qué no tenía miedo su abuelo y él le respondía que “el peligro no estaba en la selva, sino en el pueblo; el león mata a una pieza para comer, mientras el hombre mata a pueblos enteros de hambre”.

La casa de la palabra (“abá”), el tiempo y el tempo, y el conjunto musical “al que llamamos mundo” estuvieron presentes en una perfomance que desde 2008 lleva recorriendo multitud de países. La sabiduría del abuelo se fue intercalando entre ritmos ora alocados ora lentos: “Una caricia llevará tu nombre; una bofetada, el de tu pueblo”.

Una de las frases más repetidas por el percusionista, “quien tiene un abuelo tiene un tesoro”, se reflejó también en la música, una expresión que “aumenta la alegría en la fiesta y te levanta del suelo en las penas”.

Gorsy Edú, en su relato, intenta curar a su abuelo de su ceguera, emprendiendo un viaje de dos años por Europa, recibiendo calificativos como clandestino, irregular o sin papeles y se da cuenta de que en este continente los padres persiguen a los niños para que coman, mientras que en África son los niños los que persiguen a sus padres para comer.

Dosis de sabiduría enmarcadas en el sonido de la percusión, las danzas y los gritos de alegría: todo esto respira en El percusionista: “No somos tan diferentes, solo hay pequeños matices”.El matiz de la última semana de los Cursos lo regaló el actor y dramaturgo Gorsy Edú.   


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