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Preparados para actuar ante un atentado terrorista

Simulacro de la Policía Nacional en San Lorenzo de El Escorial

13 JUL 2016 - 21:42 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge y Coco Moya

“En cualquier lugar de nuestra geografía, puede ocurrir un atentado terrorista”. María Fernández, portavoz de Policía Nacional, empieza así la explicación del simulacro en el Parque, la antigua bolera de San Lorenzo de El Escorial. España se encuentra desde junio de 2015 en el nivel 4 (riesgo alto) de alerta antiterrorista y este ejercicio de ficción les sirve a las diferentes unidades del Cuerpo Nacional de Policía para coordinarse y para mostrar a los ciudadanos su trabajo en un momento de alta tensión.

El artefacto explosivo -recuerden que es un simulacro, aunque varios vecinos se han llevado un gran susto al ver el despliegue de las fuerzas del orden- hace saltar por los aires una papelera creada ad hoc. Dos transeúntes resultan heridos “por impacto de metralla” y otros “huyen” despavoridos. La tarde, soleada y con brisa serrana, no hacía presagiar este truculento acontecimiento.

A partir de la explosión, y siguiendo las explicaciones de los diferentes responsables policiales, se activa el dispositivo. Llega un coche patrulla e informa por radio de la situación a las diferentes unidades. Los agentes comunican cómo se encuentran las víctimas y dan aviso a los servicios sanitarios. Se acercan más policías y proceden al acordonamiento de la zona. Antes de que se aproximen las ambulancias, el jefe del dispositivo ordena que se extremen las medidas de seguridad por si hubiera un segundo artefacto, extremo que se confirma. El público, en especial los niños no quitan ojo a todos los detalles y aplauden cada entrada y salida de los policías. La puesta en escena llama la atención.

Después de la retirada de los heridos, entra en funcionamiento las unidades de Guías Caninos. Con las órdenes de sus entrenadores, los perros Rosy y Matroz localizan una mochila sospechosa. Al comprobar que es un explosivo, los canes se sientan al lado. No obstante, la veteranía es un grado y el segundo, de ocho años, tarda menos tiempo en identificarla que la primera, de 4.

Es el turno del TEDAX-NRBQ (Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos  y especialistas en riesgos Nucleares, Radiológicos, Bacteriológicos y Químicos). Un robot con un brazo telescópico de tres metros y medio, fabricado con un acero de especial resistencia y equipado con cinco cámaras generales y dos de posicionamiento y zoom, avanza lentamente. A este aparato se le puede poner diferentes tipos de armamento, pero el que se acerca a la mochila en la antigua bolera de San Lorenzo de El Escorial, dispone de dos cañones de gran potencia que pueden aplicar una fuerza de 4.000 kilos. Abren fuego –entre otros elementos dispara agua a presión- para neutralizar el explosivo. Si nos pusiéramos delante, este impacto nos atravesaría el cuerpo. La detonación resuena en la calle Floridablanca, lo que provoca  a los más despistados más vuelcos al corazón.

Un TEDAX, equipado con un uniforme de 40 kilos, con movimientos de astronauta, separa todos los restos del explosivo. Los responsables del Cuerpo Nacional de Policía comentan que una explosión menor puede lanzar al profesional a unos metros de distancia; si es mayor, el traje no le haría nada para salvarle la vida. Quien se viste con este nada discreto traje necesita hidratarse al máximo porque sufre estrés térmico.

Cuando el pulgar hacia arriba del TEDAX indica que todo ha ido bien, entra en juego la Policía Científica. En dos grupos, y ataviados con monos blancos de papel para no contaminar la escena, diez agentes marcan, a través de cuadrículas, hasta las más mínimas evidencias, desde pelos hasta objetos que puedan dar alguna pista de la autoría del atentado. Desde hace veinte minutos, un helicóptero sobrevuela el Parque y da información a las unidades terrestres de todo lo que está aconteciendo. Una señora sale en ese momento del balcón y se lleva las manos a la cabeza al ver cómo unos “extraños seres” marcan con minuciosidad el área de las detonaciones.

Por último, la Unidad de Subsuelo, la que actúa siempre fuera de las miradas, levanta las alcantarillas del Parque y, con un trípode anticaídas y un arnés fingen que inspeccionan los subterráneos del pueblo.

El simulacro, enmarcado en el curso Libertad y seguridad frente a las nuevas amenazas, patrocinado por Fundación Policía Española, acaba tras una hora de intervenciones de las diferentes unidades. Las familias se hacen fotos con los policías, algunas van en busca de helados… Al municipio regresa la felicidad.

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