El 96 % de las víctimas de violencia sexual por sumisión química no comunica la agresión a las autoridades
- La comunicación por parte de la víctima varía considerablemente según la estrategia del agresor: alcanza el 34,2 % cuando este provoca el consumo involuntario de sustancias, pero desciende al 1,4 % cuando se aprovecha del consumo voluntario de alcohol.
- La investigación ha sido llevada a cabo por el Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas (ObservaVSFD), una iniciativa en la que participan investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Alcalá.
Los investigadores identifican diversas barreras que pueden dificultar el reconocimiento de la agresión, su comunicación y la búsqueda de ayuda. / Shutterstock.
UCC-UCM, 22 de octubre de 2026. La inmensa mayoría (95,7 %) de las personas jóvenes que han sufrido violencia sexual facilitada por drogas (VSFD o sumisión química con finalidad sexual), que ocurren en contextos de fiesta u ocio nocturno juvenil, no comunican la agresión a los servicios sanitarios, psicológicos, policiales y judiciales, incluso cuando sí comparte lo sucedido con personas de su entorno cercano, según una investigación liderada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universidad de Alcalá (UAH).
Entre las 583 personas que declararon haber sufrido VSFD, el 17,5 % nunca había contado lo ocurrido a nadie, el 78,2 % lo había comunicado exclusivamente a su entorno cercano y solo el 4,3 % lo había comunicado a algún servicio sanitario, psicológico, policial o judicial. En concreto, únicamente el 1,9 % había informado a instituciones policiales o judiciales.
Uno de los resultados más relevantes del estudio, publicado en Frontiers in Public Health, es la diferencia en la comunicación a instituciones según la estrategia de agresión sexual empleada por el perpetrador. Mientras que el 34,2 % de las víctimas de sumisión química proactiva —aquella en la que el agresor administra de forma encubierta o forzada sustancias a la víctima— había comunicado la agresión a alguno de estos servicios, la proporción descendía hasta el 1,4 % cuando el agresor se había aprovechado del consumo voluntario de alcohol por parte de la víctima (sumisión química oportunista).
Para explicar esta invisibilidad, los investigadores proponen un modelo conceptual en el que confluyen diversas barreras que pueden dificultar el reconocimiento de la agresión, su comunicación y la búsqueda de ayuda. Entre ellas destacan los mitos asociados a la sumisión química, las alteraciones de la memoria provocadas por las sustancias, la ausencia de lesiones físicas visibles y los estereotipos sexistas que pueden favorecer la culpabilización de las víctimas.
“La interacción de estos factores podría contribuir a que las agresiones sexuales oportunistas permanezcan especialmente invisibilizadas. Por ello, resulta fundamental evitar cualquier juicio o cuestionamiento hacia las víctimas, favoreciendo un entorno de comprensión, apoyo y confianza que facilite la comunicación de lo sucedido y la búsqueda de ayuda”, destaca Pablo Prego, investigador del Departamento de Salud Pública de la UCM.
Estos hallazgos, continúa Prego, ponen de manifiesto una importante paradoja: la modalidad de VSFD más frecuente en los contextos de ocio nocturno, la oportunista, es también la más invisibilizada, presentando los niveles más bajos de comunicación a los servicios de asistencia y a las autoridades.
El problema no reside únicamente en la elevada frecuencia de estas agresiones, sino también en la extraordinaria invisibilidad institucional de su modalidad predominante, con importantes implicaciones para la atención a las víctimas, la vigilancia epidemiológica y la prevención de esta forma de violencia sexual.
Una investigación anterior del mismo equipo, publicada en Public Health en 2024, encontró que el 48,4 % de las mujeres y el 27,0 % de los hombres de entre 18 y 35 años declaran haber sufrido al menos un episodio de VSFD mientras estaban de fiesta. Ese trabajo también puso de manifiesto el predominio de las agresiones sexuales oportunistas: entre las víctimas con información disponible sobre la modalidad de consumo, el 92,6 % declaró que el agresor se había aprovechado de los efectos de sustancias consumidas exclusivamente de forma voluntaria, principalmente alcohol, frente al 7,4 % que refirió algún tipo de consumo involuntario de sustancias.
Reorientar campañas de prevención para minimizar el estigma
La investigación ha sido desarrollada por un equipo de investigadores vinculados al Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas (ObservaVSFD), una iniciativa de carácter interuniversitario en la que participan investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Alcalá. El Observatorio desarrolla actividades de investigación, divulgación y prevención de esta forma de violencia sexual, con el objetivo de avanzar en su conocimiento científico, visibilizar su magnitud y contribuir al desarrollo de estrategias de prevención y atención a las víctimas.
La muestra inicial de este estudio estuvo constituida por 1601 participantes, seleccionados mediante un procedimiento de muestreo por cuotas según sexo, grupo de edad y comunidad autónoma de residencia, con cobertura de las 17 comunidades autónomas. De ellos, 583 (36,4 %) declararon haber experimentado al menos una agresión sexual facilitada por alcohol u otras drogas durante o inmediatamente después de una actividad de fiesta u ocio nocturno.
El cuestionario fue elaborado por un equipo interdisciplinar tomando como referencia instrumentos científicos previamente utilizados en investigaciones sobre violencia sexual. Se analizaron los patrones de comunicación correspondientes a la experiencia de victimización más reciente, así como su relación con diferentes características sociodemográficas y de la agresión, incluyendo su carácter invasivo, el número de agresores, la relación previa entre víctima y agresor y la estrategia utilizada para facilitar la agresión.
Los resultados tienen implicaciones directas para la prevención de la violencia sexual, la atención sanitaria y psicológica a las víctimas, la formación de profesionales y el diseño de políticas públicas.
Los investigadores destacan la necesidad de reorientar las campañas de prevención hacia una representación más completa de la VSFD, que incorpore la sumisión química oportunista. “Es muy importante dejar claro que no se debe, en ningún caso, estigmatizar ni responsabilizar a la víctima por la agresión sexual sufrida, aunque el agresor se haya aprovechado del consumo voluntario de sustancias por parte de aquella. La responsabilidad debe recaer únicamente sobre quien perpetra la agresión, no sobre quien la sufre”, recuerdan los autores.
Referencia bibliográfica: Prego-Meleiro P, Sordo L, Meira-Pliego P, Pulido J, Montalvo G. (2026). “Breaking the silence on drug-facilitated sexual assault: disclosure patterns and barriers to reporting among young people in Spain”. Frontiers in Public Health. DOI: 10.3389/fpubh.2026.1924643
Oficina de Transferencia de Conocimiento (OTC)
Universidad Complutense de Madrid
uccucm@ucm.es - Tlf.: 913946510
Con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología - Ministerio de
Ciencia, Innovación y Universidades

