“La espectacularización de la guerra nos puede hacer perder cierta sensibilidad”

El Kremlin inició la invasión de Ucrania el 24 de febrero con la esperanza de una rendición en cuestión de horas. Quince días después, el conflicto y su agresividad siguen más vivos que nunca. Si no fuera por el color, muchas imágenes que nos llegan podrían ser las de los conflictos del siglo pasado. ¿Qué caracteriza a una guerra del siglo XXI? ¿Qué busca Putin, cuál es el objetivo final? ¿Cuál ha sido la relación histórica de Rusia y Ucrania? ¿Kiev o Kyiv? Estas y otras cuestiones de la contienda las analiza Ruth Ferrero Turrión, experta en Europa del Este, analista en medios de comunicación, profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid e investigadora adscrita al Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), analiza estas y otras cuestiones.

 

 

estamos viendo una escenificación y teatralización total de la crudeza de la guerra

Estamos viendo una escenificación y teatralización total de la crudeza de la guerra. / Shutterstock.

María Milán, 11 de marzo de 2022.

¿Qué caracteriza a una guerra del siglo XXI respecto a los conflictos bélicos del XX?

La brutalidad de la guerra es equiparable a lo que vivimos en la II Guerra Mundial y en las de los Balcanes. Los instrumentos siguen siendo los mismos que entonces: despliegue militar, diplomacia y propaganda, a los que se suman las sanciones. Donde se marca la diferencia es en la introducción de nuevos dispositivos y tecnologías que hacen que la guerra se viva en tiempo real. Ahora, el sistema de aplicación de sanciones es mucho más sofisticado y comprensivo que el que teníamos hace años; se trabaja de manera intensiva en cuestiones que tienen que ver con la ciberseguridad; y la propaganda ahora llega de manera mucho más fácil a grandes poblaciones.

Más que los instrumentos y los mecanismos para hacer la guerra, el cambio reside en que se desarrolla en un mundo más globalizado e interconectado.

Ahora somos testigos del minuto a minuto de la guerra

Ya pensábamos hace treinta años, en la Guerra de los Balcanes, que habíamos estado muy informados, pero realmente en esta ocasión, con los móviles, las cámaras y la cobertura de personas individuales más allá de la prensa, estamos viendo una escenificación y teatralización total de la crudeza de la guerra. Hay que prestar atención porque lo que estamos observando ahora es la espectacularización de la guerra, que nos puede hacer perder cierta sensibilidad sobre lo que está sucediendo en Ucrania. Un exceso de imágenes dilatado en el tiempo puede llegar a insensibilizar a la opinión pública que puede terminar acostumbrándose a ellas.

Para entender el contexto, ¿cómo definiríamos la relación histórica entre Rusia y Ucrania?

Las relaciones de Ucrania con Rusia nunca han estado exentas de tensión

Las relaciones de Ucrania con Rusia nunca han estado exentas de tensión. Rusia ha operado como potencia imperial en la región sometiendo a las nacionalidades periféricas. La construcción de la nación rusa se realiza sobre la absorción del resto de comunidades, incluidos los ucranianos. Son dos naciones vinculadas por la historia y por la política. Hay episodios que hay que destacar y que construyen la memoria colectiva que tiene que ver con el origen de la nación Rusa en la Rus de Kiev (s. IX), cuyo centro era Kiev. De ahí el proverbio ruso: San Petersburgo es la cabeza, Kiev es la madre y Moscú el corazón. En el siglo XX, las relaciones entre ambas se vieron condicionadas por dos hechos que han marcado la memoria colectiva ucraniana, las hambrunas provocadas por el stalinismo en Ucrania o la invasión alemana en la II Guerra Mundial. Estos acontecimientos conforman una identidad nacional ucraniana, al margen de la estatalidad, que hacen que, desde determinados sectores, se mire con desconfianza a Rusia.

¿Cómo cambia su relación tras la independencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)?

Desde el proceso de independencia en 1990 se ha intentado construir en Ucrania, un país multinacional, multiétnico y multilingüístico, una identidad nacional republicana y cívica inclusiva. Se intenta avanzar en una identidad nacional que incorpore la diversidad. Sin embargo, esto comienza a cambiar en los albores de las Revoluciones de Color, cuando el movimiento de regeneración democrática es identificado como netamente ucraniano, frente a lo ruso. Es a partir de entonces cuando se refuerza una identidad ucraniana que deriva hacia posiciones más esencialistas. Esta tendencia se vuelve a reforzar en la revolución del Maidán (2014). Tras la caída de Yanukovich, se comienzan a recortar derechos lingüísticos de las minorías, especialmente los de la minoría rusa.

¿Y cómo afecta el conflicto a esta multinacionalidad?

Ruth Ferrero Turrión. / RFT.

Ruth Ferrero Turrión. / RFT.

La invasión de un territorio soberano es traspasar la línea roja que lleva a impulsar la defensa de la soberanía estatal de todos los colectivos que residían en el territorio ucraniano. Más allá de fraccionar, unifica y plantea la defensa del territorio independientemente de la comunidad a la que pertenecen porque todos ellos están siendo atacados por una potencia extranjera. La defensa de la soberanía consigue aunar voluntades, incluso entre las comunidades rusófonas no hay dudas acerca de la necesidad de defensa del territorio.

En los últimos días, en los medios de comunicación hay un interés particular por cambiar la forma de nombrar a la capital de Ucrania: de Kiev, en ruso, a Kyiv, en ucraniano. ¿Hasta qué punto es el lenguaje tan determinante?

Como decía, Ucrania es un país multiétnico, multilingüístico y multireligioso. Estamos observando en los medios de comunicación una insistencia en la utilización de la nomenclatura en el idioma ucraniano (Kyiv). Esto denota un amplio desconocimiento de las características de la ciudadana ucraniana. Ucrania es un país multilingüe, por supuesto se habla ucraniano, pero la lengua franca continúa siendo el ruso, y, en función de las regiones del país se habla polaco, húngaro, rumano o tártaro. Es un error ignorar la diversidad multinacional del territorio ucraniano y establecer una equivalencia entre ciudadanía y lengua. Además, este tipo de actuaciones pueden alentar una mayor rusofobia contra la minoría rusa que pueda estar residiendo en el territorio ucraniano. Hay que nombrarlo de las dos formas para que perviva la idea de que es un estado multiétnico.

¿Por qué esa fijación de Putin con Ucrania y no con otros países de la antigua URSS?

Es un error ignorar la diversidad multinacional de Ucrania y establecer una equivalencia entre ciudadanía y lengua


Para Rusia tener el control de Bielorrusia y Ucrania es fundamental, a nivel geopolítico. Son las dos grandes planicies a través de las que siempre han llegado las mayores amenazas para Rusia. En Bielorrusia tiene ya un aliado fiel y pretendía conseguir algo similar en Ucrania. El plan original que era el de forzar un vacío de poder en Kiev/Kyiv que quedaría cubierto por alguien afín al Kremlin, no ha sido conseguido. Esto ha hecho que la guerra es esté alargando más de lo previsto por Moscú. La permanencia de las tropas rusas en el territorio y su creciente brutalidad hacen que la animadversión contra el agresor crezca entre la población, lo que, en el medio plazo, hace que sea mucho más complicado el control del territorio por parte de Rusia.

¿Qué busca Putin?

Varias cosas. En primer lugar, lo que quiere es reestablecer la arquitectura de seguridad europea que él considera que perjudica a la propia seguridad de la Federación Rusa. Este es el gran marco sobre el que se articula la agresión, pero a partir de ahí podemos ir desmenuzando otras cuestiones que aparecen en sus discursos y que nos ayudan a entender cuáles pueden ser las motivaciones. Detrás de todos los discursos de tipo esencialista hay objetivos estratégicos y concretos. El control de Ucrania es visto por parte de la estrategia militar y de seguridad rusa como algo esencial para sentirse seguros. Por eso, piden que Ucrania sea neutral. Como Ucrania no se ha comprometido a esa neutralidad, invadimos.

¿Qué otros objetivos se unen a este?

El acceso al Mar Negro, no solo a Crimea sino a tener un corredor que le permita controlar ese acceso. También las armas nucleares. Ucrania era el Estado que producía los misiles nucleares en la época soviética. En 1994 con el Memorandum de Budapest, Ucrania se comprometía a devolver las armas nucleares, a cambio del compromiso ruso de respetar las fronteras de Ucrania. Pero Ucrania todavía hoy tiene las infraestructuras y el conocimiento para poder ponerse al día rápido. Y esto preocupa sobremanera a Moscú. La ausencia de neutralidad de Ucrania es considerada un peligro para la seguridad rusa por el Kremlin.

Se preveía que fuese una guerra corta pero ya lleva dos semanas y no parece cesar.

Putin contaba con que el gobierno de Kiev caería a las pocas horas, pero se mantiene firme y esto le obliga a ser más agresivo

Una de las cuestiones que estamos viendo es que él contaba con que el gobierno de Kiev caería a las pocas horas del ataque y sin embargo se ha mantenido firme y esto obliga a ser más agresivo en los distintos frentes, con todo lo que ello supone. Cuanto más agresivo sea el ataque, más animadversión va a recoger por parte de los ucranianos de cualquier etnia. Vemos un incremento de la rusofobia a lo largo y ancho del territorio. En el medio/largo plazo será muy complicado que Moscú sea capaz de tener un estado vasallo en esa posición.

En la baraja de actores, parecen muy claros los posicionamientos de EE.UU o la Unión Europea pero, ¿cuál es el de China?

China está manteniendo un perfil bastante bajo. La comunidad internacional espera que ejerza un poder de mediación en el conflicto y que intente convencer a Putin de que la agresión es inútil y que no va a alcanzar los objetivos. Tendremos que ver, es muy pronto para hacer análisis.

En cuanto a España, que ya ha empezado a acoger a los primeros refugiados, ¿cuál es su relación con Ucrania?

Cuando ha sucedido alguna crisis en la zona de Ucrania ha tenido repercusión en España, aunque parezca que nos queda muy lejos. Ya durante la guerra de Crimea a mediados del siglo XIX (1853) lo que allí sucedía impactaba en nuestra economía, de ahí el dicho castellano “Para el campo, agua, sol y guerra en Sebastopol”. La crisis de la exportación de cereales procedentes de Ucrania favorecía las exportaciones castellanas de trigo. También el desastre de Chernobyl impulsó el compromiso entre familias españolas que acogieron niños damnificados por el desastre. Las migraciones económicas desde Ucrania hacia España hacen que tengamos una comunidad ucraniana en nuestro país muy numerosa, 120 000 personas aproximadamente.

En España existe un gran desconocimiento de esta región del mundo. Quiero reivindicar desde aquí los estudios de área sobre el Espacio Post-Soviético, ya que existe un gran vacío académico desde las Ciencias Sociales. Es un buen momento para recuperar, por ejemplo, algo similar a lo que supuso en los años 90 la creación del Instituto de Estudios de la Europa Oriental (el actual Instituto Complutense de Estudios Internacionales) desde el que se realizó un enorme trabajo para extender estos estudios en el ámbito de la academia española. Siempre miramos a esa zona del mapa como algo que nos es ajeno, pero está en Europa y lo que sucede en esas latitudes también nos influye a nosotros. 


 

      
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