Latidos al límite: cómo prevenir la parada cardiaca y la muerte súbita en el deporte
El ejercicio físico, profesional o no, tiene innumerables beneficios para nuestro organismo, sobre todo para nuestro corazón. Quizá por eso nos impactan las paradas cardiacas o los casos de muerte súbita cardiaca en personas que están en ese momento practicando deporte. Con motivo del Día Mundial del Corazón, profesionales de Medicina del Deporte nos recuerdan que comprender la incidencia y las causas es fundamental para elaborar estrategias de prevención adecuadas que salven vidas.
Los beneficios del ejercicio físico para la salud superan ampliamente los riesgos asociados a su práctica. / Shutterstock
29 de agosto de 2026.
La práctica de ejercicio físico constituye una de las estrategias básicas para mantener un estilo de vida saludable. Sus beneficios para la salud son múltiples cuando se realiza de forma estructurada y planificada, siguiendo las recomendaciones de profesionales especializados sobre el tipo, la frecuencia, la duración y la intensidad de la actividad.
Además, constituye una herramienta clave de salud pública por su asociación con una menor mortalidad por todas las causas. Por ello, los casos de parada cardiaca súbita (PCS: interrupción brusca de la actividad cardiaca potencialmente reversible) o de muerte súbita cardiaca (MSC: fallecimiento secundario a una PCS no recuperada) en deportistas aparentemente sanos generan un gran impacto social cuando aparecen en los medios de comunicación.
Estas situaciones pueden producirse tanto en deportistas profesionales como en personas que practican deporte de forma recreativa, en las que el ejercicio físico puede actuar como desencadenante de una enfermedad cardiovascular previamente no diagnosticada en individuos asintomáticos, que puede debutar con una PCS o una MSC.
Múltiples factores de riesgo y cambio de causa principal a los 35
Son acontecimientos poco frecuentes, pero con una gran repercusión y que obligan a establecer unas medidas preventivas por parte de los organismos responsables de la salud. Esta prevención se fundamenta en las posibles causas que desencadenan una PCS/MSC, que son variadas y complejas. Una de las mayores dificultades es identificar con precisión qué deportistas presentan un mayor riesgo al ser colectivos tan amplios y heterogéneos en nuestro actual modelo de sociedad.
Entre los factores de riesgo asociados a la PCS/MSC están la edad, el sexo, el origen étnico, el tipo de deporte que se practica, la intensidad del ejercicio físico o la existencia de enfermedades cardiovasculares previas. La evidencia científica muestra que, de forma global, en mayores de 35 años la principal causa es la enfermedad coronaria aterosclerótica y en menores de 35 años predominan las enfermedades hereditarias o estructurales del corazón, aunque en algunos casos no llega a identificarse una causa concreta.
No podemos olvidar otros factores relacionados como son las condiciones medioambientales extremas, la commotio cordis –traumatismo directo sobre el tórax que desencadena una arritmia potencialmente mortal– o el dopaje. El conocimiento de estos factores es clave para determinar de forma más específica en qué grupos de población hay que intervenir de forma preventiva y qué medidas son las más adecuadas en cada situación y colectivo. Además, la práctica deportiva habitual no elimina por completo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, algunas de ellas hereditarias o previamente desconocidas, por lo que la prevención y el reconocimiento precoz de los síntomas siguen siendo fundamentales.
Historiales clínicos completos o formación en RCP general
Entre las medidas de prevención está el reconocimiento médico-deportivo previo a la práctica deportiva que, aunque no elimina por completo el riesgo de sufrir una PCS/MSC, desempeña un papel decisivo. Este tipo de evaluaciones médicas deben ser realizadas preferentemente por profesionales con formación específica en medicina del deporte o cardiología del deporte.
No existe un modelo único estandarizado de reconocimiento y sus características deben estar adaptadas principalmente al riesgo del deportista. Una evaluación básica se debe componer al menos de un historial clínico personal, familiar y deportivo conciso, una exploración física detallada y, en muchos programas de cribado, un electrocardiograma de 12 derivaciones.
La realización de más pruebas vendrá determinada bien por esta valoración inicial bien por el riesgo inherente del atleta o del deporte que practica. Además, la aparición de síntomas como dolor torácico durante el ejercicio, mareos, pérdida de conocimiento o síncopes inexplicados, palpitaciones intensas o dificultad respiratoria desproporcionada, así como antecedentes familiares de muerte súbita o enfermedades cardiacas hereditarias, debe motivar una valoración médica especializada antes de continuar con la práctica deportiva. Los antecedentes familiares de muerte súbita o de determinadas enfermedades cardiacas hereditarias constituyen un factor importante para identificar deportistas con mayor riesgo.
Otra de las medidas preventivas esenciales para mejorar la supervivencia tras una PCS es su reconocimiento precoz, la realización inmediata de maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) y la desfibrilación temprana mediante desfibriladores externos automáticos (DEA). Por tanto, la formación en RCP en la población general, la accesibilidad a un DEA y la implementación de un plan de acción de emergencia (PAE) deben formar parte de las políticas de salud pública y educación de cualquier administración.
Asimismo, es necesaria una intervención en el ámbito del registro de datos para conocer con precisión las cifras reales de prevalencia e incidencia de la PCS/MSC, reforzando los sistemas de notificación obligatoria, creando registros nacionales (que incluyan supervivientes de PCS y no solo de fallecimientos) y estandarizando protocolos de autopsia y diagnóstico molecular.
Comprender la incidencia y las causas de la PCS/MSC en atletas es fundamental para guiar las estrategias de prevención.
En resumen, para lograr una reducción en la incidencia de PCS/MSC en el deporte se requiere un enfoque integrado e interdisciplinar que combine una evaluación médico-deportiva especializada, una preparación poblacional adecuada para las situaciones de emergencia y una vigilancia epidemiológica rigurosa.
Para finalizar, es importante recordar que, a pesar de estos episodios poco frecuentes, los beneficios del ejercicio físico para la salud superan ampliamente los riesgos asociados a su práctica en la mayoría de la población.
La autora de este texto es Elena Jiménez-Herranz profesora de la Escuela de Medicina de la Educación Física y el Deporte de la Facultad de Medicina de la UCM.
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