“La educación inclusiva es la base de una sociedad democrática y respetuosa”

Los meses de confinamiento derivados de la pandemia de SARS-CoV-2 hicieron estragos en todos los sectores, pero sobre todo en uno de los más vulnerables: los niños y las niñas con discapacidad. El cierre de sus centros educativos provocó un retroceso que, con el esfuerzo de muchos especialistas volcados en la nueva normalidad, se está consiguiendo paliar. Hoy, 3 de diciembre, con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, Esther Rodríguez Quintana, Vicedecana de Calidad e Infraestructuras de la Facultad de Educación, analiza, desde su dilatada experiencia en educación especial, cómo está afectando la situación a este colectivo, así como la importancia de una educación inclusiva bien planificada para el beneficio de toda la sociedad.

 

El turista de la era “COVID-19” busca, ante todo, seguridad y tranquilidad. / Alfonso Cerezo.

La educación inclusiva bien planificada puede ser beneficiosa para toda la sociedad. / Andrew Ebrahim.

María Milán, 3 de diciembre | De repente, llegó marzo y todos nos tuvimos que quedar en casa, siendo para unos más fácil que para otros.  ¿Qué supuso el confinamiento y los cierres de los centros de educación especial a los niños y niñas que padecen algún tipo de discapacidad?

La falta de acceso a las terapias especializadas durante los meses de confinamiento provocó un retroceso o redujo el avance. La asistencia de los niños y de las niñas a estos centros educativos y terapéuticos en sí ya es una terapia: conviven con otros menores y mantienen rutinas. Los efectos en el ámbito educativo que han sufrido estas personas se han combinado con otros. Cuando un colectivo es especialmente vulnerable y se une a otras situaciones de vulnerabilidad de tipo social, se agrava la situación.

¿En qué aspectos la situación ha sido especialmente vulnerable?

Al no tener terapias y estar encerrados, en una situación que no entienden bien porque no se les informa bien, se han percibido situaciones familiares adversas. Además de ese retroceso en su formación, también han aumentado las conductas problemáticas y desafiantes que han tenido que asumir las familias. La información sobre la pandemia ha tenido muy poca transformación en un lenguaje universal que salvase problemas sensoriales o de accesibilidad cognitiva. Las personas con discapacidad han tenido problemas de acceso por recursos o por capacidad a nuevas tecnologías. Los entornos digitales están poco preparados para la accesibilidad. Por otro lado, todas estas situaciones se han complicado en los momentos de duelo sin apoyo. El confinamiento ha afectado mucho a las relaciones sociales también.

Después del confinamiento llegó lo que llamamos “nueva normalidad” y con ella la vuelta a los centros educativos, con cambios como la distancia física entre las personas o más medidas de higiene. ¿Cómo se enfrentan a ella los menores con discapacidad?

El cumplimiento de las medidas tiene más dificultades en los centros de educación especial, donde se necesita mucho contacto

En los centros educativos ha habido mucho sufrimiento por la incertidumbre: ¿volveremos a ellos? ¿en qué condiciones? Se ha hecho un esfuerzo impresionante porque, a pesar de las ganas de volver a los centros, había muchas cuestiones que organizar.  Casi cada centro de educación especial ha tenido que hacer su propio protocolo, con la reorganización de todas las aulas por ratios y procurando que, dentro de los horarios modificados, cada niño esté atendido por los especialistas necesarios. El cumplimiento de las medidas tiene más dificultades en estos lugares, porque además se necesita mucho contacto. La distancia física es muy difícil de mantener y se han tenido que cerrar aulas con criterios más exigentes que en las ordinarias. Ha tenido mucha importancia el apoyo de expertos adicionales en los centros: auxiliares técnicos, auxiliares de enfermería, personal de apoyo en general que los centros han agradecido mucho. Así han conseguido que mantengan su rutina. Aunque hay miedos, como en todos los niveles educativos, está siendo un proceso donde los menores se están sintiendo muy cómodos.

Un cambio para los niños y las niñas pero también para profesores, asistentes sociales y resto de personal de los centros. ¿Qué está suponiendo para ellos esta adaptación?

Mucho estrés. Siempre hago alusión a lo orgullosos que podemos estar de las personas que se dedican al campo de la educación especial. Tienen una gran vocación y ahora se han tenido que formar específicamente en aspectos relacionados con higiene, salud o nuevas tecnologías. Los especialistas en educación especial están orgullosos, contentos y viven bien la nueva normalidad. Lo peor sería un nuevo confinamiento porque se sienten en estos casos muy responsables de lo que les sucede a los menores. Se ha observado un avance frente a ese retroceso del confinamiento y ha generado una gran motivación.

Gustavo Romanillos coordina la primera edición del Máster en Ciudades Inteligentes y Sostenibles - Smart Cities. / G. R.

La Vicedecana Esther Rodríguez Quintana. / E.R.

¿Qué podemos aprender de este confinamiento para no repetirlo en situaciones restrictivas futuras?

Debemos incidir en que los medios digitales sean accesibles y en informar, con una lectura fácil, a todos los ámbitos. Hay expertos que creen que esta situación puede influir en la empatía hacia personas con discapacidad que se ven forzadas a sufrir una situación de aislamiento. Las personas con discapacidad piden participar en esta reconstrucción y en la nueva normalidad para que mejore la situación, pero teniendo en cuenta sus opiniones, como se afirmó desde Plena Inclusión en su intervención, el pasado jueves, como “Diputados por un día” en la Asamblea de Madrid. Un aspecto positivo que podemos destacar es que, con el confinamiento, ha habido un repunte que ha obligado a avanzar en aspectos que estaban como objetivos de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

Precisamente el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 introduce el término “educación inclusiva”. ¿Por qué es necesaria?

La educación inclusiva es la base de una sociedad democrática y respetuosa. La educación es un bien público y un derecho fundamental y la base para la realización del resto de los derechos. Hay muchos estudios que apoyan que una escuela inclusiva favorece la excelencia y una sociedad más inclusiva.

¿Qué cambios necesita el sistema para conseguir esa inclusión educativa?

Conseguir la educación inclusiva no es gratis, requeriría mucha más formación especializada, que en estos momentos es escasa, para lo que implicaría que todos los docentes tuvieran que desarrollar la educación inclusiva. También implicaría un cambio legislativo y un sistema de apoyos con financiación. La educación inclusiva significaría un cambio en el sistema de valores, situando la colaboración como eje del proceso frente a la competitividad. Otra característica es la apertura a otros ámbitos, como el sanitario. Y un gran cambio sería que se centrasen los informes en las capacidades y no sólo en las discapacidades de estos niños.

En las últimas semanas uno de los temas sobre los que más se ha debatido de la Ley de Educación (LOMLOE), más conocida como “ley Celaá”, ha sido su disposición adicional cuarta sobre la inclusión de alumnado con necesidades educativas especiales en centros ordinarios. ¿Por qué ha suscitado tanto revuelo?

Hay miedo e incertidumbre con la nueva ley de educación, pero es un requerimiento internacional

En el texto se establece que en diez años los Gobiernos y las Administraciones Educativas tienen que establecer un plan para la inclusión generalizada de las personas con discapacidad en los centros ordinarios. La situación de confinamiento también ha afectado negativamente a la percepción de esta ley. Y los padres dudan si podrán tener alguna capacidad de decisión. Además, se transmitió la idea de que iban a desaparecer los centros de educación especial, y no es así. Según afirma la propia disposición, los centros de educación especial escolarizarán a las personas que requieran una atención más especializada y se convertirían en centros de referencia y apoyo. Era una decisión que había que tomar. Ya la ONU en 2017 declaró que España incurre en un patrón de exclusión y segregación educativa, pero ha faltado que se concrete con datos la ley y se establezca un plan específico que concrete cómo se va a llevar a cabo. Por supuesto que hay miedo e incertidumbre, pero creo que, en el fondo, además de ser un requerimiento internacional, es algo necesario.

Por último, dadas las fechas y con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad: un deseo para este 2021 sobre infancia, educación y discapacidad.   

Pediría una sociedad más justa y democrática, donde estén realmente incluidos y considerados. Que se les pregunte a las personas con discapacidad su opinión porque tienen mucho que decir.

 


 

      
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: Declaraciones de Esther Rodríguez a la Unidad de Cultura Científica en la realización de la entrevisa. / María Marín