- Portada
- Cultura Científica
- Combatir al ladrón silencioso: ciencia y prevención frente al glaucoma
Combatir al ladrón silencioso: ciencia y prevención frente al glaucoma
El glaucoma afecta a más de 70 millones de personas en el mundo/Shutterstock
12 de marzo de 2026.
Imagine que cada día alguien apaga, sin que usted lo note, una pequeña bombilla en los bordes de su campo de visión. No duele. No molesta. No ocurre de repente. Simplemente, el mundo se va estrechando poco a poco, como si miráramos a través de un túnel que se cierra lentamente.
Eso es lo que puede hacer el glaucoma: una enfermedad ocular silenciosa que daña progresivamente el nervio óptico. Cuando los síntomas se hacen evidentes, gran parte del daño ya es irreversible.
Se calcula que más de 70 millones de personas en el mundo conviven con glaucoma, y millones de ellas presentan discapacidad visual significativa. Es una de las principales causas de ceguera irreversible. Pero hoy sabemos que no es solo una enfermedad “del ojo”: es, en esencia, una enfermedad neurodegenerativa.
¿Qué ocurre realmente en el glaucoma?
El glaucoma daña progresivamente las neuronas ganglionares de la retina, encargadas de enviar la información visual al cerebro. Sus axones forman el nervio óptico. Cuando estas neuronas se deterioran, la señal visual deja de transmitirse correctamente y el campo visual comienza a reducirse.
Tradicionalmente, el glaucoma se ha asociado al aumento de la presión intraocular. Por eso, los tratamientos clásicos se centran en reducir esa presión mediante colirios, láser o cirugía. Y sigue siendo fundamental hacerlo.
Sin embargo, la práctica clínica nos ha mostrado algo importante: en algunos pacientes la enfermedad progresa incluso con cifras de presión aparentemente bien controlada. Este hecho ha cambiado la forma de entender el problema. El glaucoma no es solo una cuestión de presión; es una enfermedad neurodegenerativa compleja y multifactorial.
En su desarrollo intervienen múltiples mecanismos como el estrés oxidativo (un desequilibrio entre radicales libres y defensas celulares), la inflamación crónica, alteraciones en el flujo sanguíneo, disfunción de las mitocondrias, que son las “centrales energéticas” de la célula y fallos en el transporte interno de las neuronas. Todos estos mecanismos contribuyen al deterioro progresivo del tejido nervioso retiniano.
La neuroprotección: una nueva frontera terapéutica
En este contexto, en las últimas décadas ha cobrado fuerza un concepto clave: la neuroprotección.
La neuroprotección busca preservar la función y la supervivencia de las neuronas manteniendo su “equilibrio interno”, lo que en biología llamamos homeostasis. En términos sencillos, se trata de ayudar a las células nerviosas a conservar las condiciones adecuadas para vivir y funcionar: su energía, sus mecanismos de defensa y su capacidad de reparación, frente a los procesos que favorecen su degeneración.
No sustituye a los tratamientos que reducen la presión intraocular, sino que aspira a complementarlos, abordando la enfermedad desde una perspectiva más global: no solo bajando la presión, sino protegiendo directamente al nervio óptico.
Este cambio de paradigma ha impulsado a investigadores, clínicos e industria farmacéutica a explorar moléculas capaces de intervenir en los distintos procesos implicados en el daño neuronal.
Moléculas emergentes: ¿qué se está investigando?
Entre las sustancias más estudiadas destaca la citicolina, una molécula con potencial efecto neuroprotector que ha mostrado resultados prometedores en estudios experimentales y en algunos ensayos clínicos, tanto por vía oral como tópica, con mejoras en parámetros funcionales y estructurales. Su mecanismo podría estar relacionado con la mejora del metabolismo neuronal y la estabilización de membranas celulares.
También se ha investigado la coenzima Q10 -conocida por todos los anuncios en las cremas antiedad- por su capacidad antioxidante y su efecto sobre la función de las mitocondrias que la convierten en candidata potencial para contrarrestar el estrés oxidativo observado en el glaucoma. Estudios preliminares sugieren posibles beneficios cuando se emplea como terapia complementaria.
Asimismo, compuestos de origen natural como el azafrán o extractos ricos en antioxidantes, entre ellos algunas bayas como las de goji, están siendo objeto de investigación por su potencial efecto modulador sobre el estrés oxidativo y la inflamación. No obstante, aunque los resultados preliminares son interesantes, aún se necesita más evidencia clínica sólida antes de considerarlos tratamientos estándar.
El presente y el futuro del tratamiento
Hoy por hoy, reducir la presión intraocular sigue siendo la piedra angular del tratamiento. La detección precoz continúa siendo nuestra mejor herramienta.
Pero entender el glaucoma como una enfermedad neurodegenerativa abre la puerta a estrategias combinadas más sofisticadas: controlar la presión y, al mismo tiempo, proteger las neuronas.
El glaucoma es un ladrón silencioso. No avisa cuando empieza a actuar. Por eso, más allá de las nuevas terapias que puedan llegar, la revisión oftalmológica periódica sigue siendo fundamental. Porque en esta enfermedad, ver bien hoy no garantiza seguir viendo bien mañana.
José A. Matamoros y Elena Salobrar-García, los autores de este texto, son investigadores del Instituto de Investigaciones Oftalmológicas Ramón Castroviejo. Departamento de Inmunología, Oftalmología y ORL. Facultad de Medicina, Universidad Complutense.
Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI)
Universidad Complutense de Madrid
uccucm@ucm.es - Tlf.: 913946448
Con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología - Ministerio de
Ciencia, Innovación y Universidades

