Conocimiento en la palma de la mano: geología inclusiva con la sordoceguera
Son las 11 de la mañana de un día caluroso en la Ciudad Universitaria de Madrid y el autobús llega a la Facultad de Ciencias Geológicas. En él, viajan 15 personas adultas dispuestas a aprender sobre geología y paleontología. De la mano de los investigadores y con el apoyo de sus mediadores de la Fundación ONCE, estos alumnos con sordoceguera sentirán el pasado, el presente y el futuro de la Tierra.
Carolina Meroño, 19 de junio de 2026.
Entramos en el aula 22 de la segunda planta de la Facultad de Ciencias Geológicas y nos encontramos tres mesas de laboratorio con una gran variedad de estaciones. En ellas, se ofrecen diferentes actividades relacionadas con la geología y la paleontología preparadas por Alejandra García Frank, vicedecana de Grado, Estudiantes y Divulgación de la UCM, y su equipo de investigadores.
En los cinco talleres disponibles, Nacho, Teresa, Celia o Pilar, personas con sordoceguera –discapacidad visual y auditiva en diferentes grados– van a poder tocar conceptos tan complejos como el tiempo geológico, la cristalografía, la tectónica de placas o el cambio climático. A un lado, tumbado en el suelo junto a un cuenco con agua, se encuentra un perro guía que acompaña a una de las participantes, descansando después de su gran labor.
Esta actividad inclusiva forma parte de la conmemoración del Día Internacional de la Sordoceguera que tiene lugar el 27 de junio. Según una estimación de 2023, en España hay unas 34.137 personas sordociegas con dificultades moderadas o graves en audición y visión que no se corrigen con medios técnicos.
La curiosidad insaciable de Nacho, psicólogo y músico
Nacho toca una estructura que le muestra Omid./ M.M.
Nacho lleva 45 años ciego y más de 10 sordo a raíz de una enfermedad genética, aunque conserva restos de capacidad auditiva. A lo largo de su vida, ha estudiado psicología y música, y ha podido ejercer de ello a pesar de las dificultades, que, como nos cuenta, ha ido solventando: “aunque la tecnología ayudó mucho, requería de mucha constancia, imaginación y abstracción, y en algunos casos era muy complicado”.
Apoyado en su bastón plegable, Nacho llega a la mesa de Omid Fesharaki, profesor del departamento de Didáctica de Ciencias Experimentales, Sociales y Matemáticas, encargado de explicar la constitución de la materia. Con ayuda de diferentes rocas, los participantes descubren que hay materia con forma definida, pero también materia amorfa, y sienten en sus manos el concepto de densidad – dos rocas del mismo tamaño pueden tener pesos muy diferentes –.
Con una sonrisa en la cara, Nacho confiesa que esta actividad le ha gustado mucho: “Es muy curioso que nos hablen de algo que sucedió hace cientos de miles de años como si no costara”. Contento, destaca la importancia de poder tocar y agradece iniciativas como esta que ponen “un trocito de cultura en las manos”. Una vez terminada la actividad con Omid, saca de nuevo su bastón plegable del bolsillo y se dirige a la siguiente estación.
Una oportunidad única para tocar sin barreras
Fátima Peinado, jefa de servicios sociales de la ONCE en Madrid, nos explica que, aunque todos los participantes son sordociegos, la situación de cada uno es diferente: algunos nacieron sordos y después perdieron capacidad visual, mientras que otros nacieron ciegos y luego fueron perdiendo audición, alcanzando grados de sordera y de ceguera diversos. A lo largo de su vida, algunos de ellos han podido escuchar perfectamente y conocen el lenguaje oral, mientras que otros han visto el mundo y han aprendido lengua de signos. Por ello, cada participante tiene un mediador específico y ajustado a sus necesidades comunicativas.
Si conservan capacidad auditiva, les repiten la información de viva voz al oído, formando un coro armónico de transmisión del conocimiento. Si tienen capacidad visual, traducen el discurso a la lengua de signos. En caso de combinar una gran pérdida auditiva y visual, utilizan la lengua de signos apoyada: la persona coloca sus manos sobre las del mediador para percibir los signos a través del tacto, el movimiento y la presión.
Una asistente descubre con su apoyo y Angélica Torices un fósil. / M.M.
En todas las actividades, los participantes pueden – y deben – tocarlo todo. Es su mejor forma de entender el mundo, aunque pocas veces pueden hacerlo. Fátima lo tiene claro: “En los museos, hay maquetas, pero están dentro de vitrinas o protegidas con cuerdas que impiden acercarse y tocarlas”. Sin embargo, ahora, con los avances en impresión 3D, es mucho más sencillo hacer réplicas, que les permiten comprender mucho mejor la realidad al poder percibir las dimensiones, el volumen o la proporcionalidad. La tecnología está facilitando enormemente la vida de estas personas. Fátima nos enseña un dispositivo de braille tecnológico conectado a su móvil vía Bluetooth que le permite comunicarse por WhatsApp o navegar por internet de forma sencilla y rápida.
Así se sienten pasado y futuro
Acompañamos a Teresa a descubrir los efectos del cambio climático utilizando una caja con agua y unas islas de corcho. Con ayuda de sus manos, descubre lo que sucede cuando los polos se deshielan: sube el nivel del mar y las islas quedan sumergidas. En ese momento, se dibuja una sonrisa en su rostro y le brillan los ojos. Se acaba de transportar al pasado: nos cuenta que ella vio algo parecido cuando estuvo en Venecia.
Nos dirigimos con Teresa a la siguiente parada, una excavación paleontológica portátil. Gracias a una caja con arena que simula el sedimento – capas de suelo formadas por la erosión de montañas por el viento o la lluvia – y una concha marina, comprendemos cómo se forma un fósil por enterramiento. Nosotras, gracias a la explicación de Alejandra García Frank; Teresa, a través de las manos de su mediadora. Así, reconoce la concha con sus manos y siente la necesidad de acercarla a su oído: sabe que ahí se esconde el sonido del mar.
Durante más de una hora, los asistentes recorren todos los talleres y aprenden – literalmente – de la mano de sus mediadores. Mientras reciben la información de sus manos, su cara y sus gestos demuestran su fascinación por lo que están aprendiendo.
Recuerdos para toda la vida
Alejandra García Frank enseña los talleres a Luis Natalio y Fátima Peinado. / M.M.
Como colofón, los voluntarios de la Facultad de Ciencias Geológicas obsequian a los asistentes con un llavero en forma de martillo que van descubriendo al pasar sus manos sobre este.
Luis Natalio Royo, delegado en Madrid de la fundación ONCE, enuncia un emotivo discurso de despedida dirigido “a los que ven, a los que escuchan, y a los que reciben información de las manos de sus personas de confianza”. Destaca la importante labor que realiza la Universidad Complutense de Madrid ayudando a las personas y colaborando con este colectivo.
El delegado anuncia una sorpresa final: la entrega de una réplica del cupón conmemorativo del Día Internacional de la Sordoceguera a Alejandra García Frank y a todo su equipo. “Si al comprarlo, una única persona habla de la sordoceguera, ya habrá merecido la pena”, explica emocionado.
Es hora de regresar, el autobús espera en la puerta. En él se suben muchas sonrisas y la satisfacción de haber aprendido y haber contribuido a que todos tengamos acceso al conocimiento.
La autora de esta crónica es Carolina Meroño Ortega, estudiante del Diploma de Experto en Comunicación Pública, Divulgación de la Ciencia y Asesoramiento Científico de la Universidad Autónoma de Madrid
Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI)
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Con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología - Ministerio de
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