7 julio 2025 | Taller Reconectando con LA CIUDAD a través de las emociones
Reflexiones del segundo taller con los chicos del campamento Lamarr
15 ago 2025 - 11:37 CET
Poco se habla del papel que tienen las emociones en la percepción de nuestro entorno. Pues bien, en esta ocasión, en el segundo taller de recorridos urbanos que se basó en la visita al barrio Villaverde Alto, y cuya crónica la pueden leer aquí, nos conectamos con el barrio desde una mirada más individual e introspectiva. Bajo la dirección de Julia Morla, también profesora de la Facultad de Bellas Artes, nos adentramos a explorar y reconocer esas emociones que casi siempre quedan fuera de los análisis urbanos tradicionales, pese a que condicionan la forma en que interpretamos los espacios, establecemos vínculos con ellos o, si por el contrario, los rechazamos. Y es que comprender estas capas emocionales nos permite detectar tensiones entre el trazado físico del barrio y su vivencia, evidenciando cómo la arquitectura, el uso del espacio público o la memoria colectiva influyen de manera directa en la experiencia cotidiana y en la identidad misma del lugar.
Es así como la primera actividad diseñada por Julia comenzó con globos de colores que cada uno infló, mientras compartíamos una emoción que habíamos experimentado durante el recorrido por el barrio en la mañana. Aunque pueda parecer un ejercicio sencillo, en la práctica no lo fue, y es porque muchas veces no sabemos identificar con precisión lo que sentimos y tendemos a irnos a las cuatro o cinco emociones más evidentes, que son las mismas que la película Inside Out popularizó y nos resultan fáciles de nombrar. Por tanto, el ejercicio se repitió después de que Julia leyera una lista con más de 100 emociones, ampliando nuestro vocabulario afectivo permitiéndonos elegir con mayor precisión la que realmente había marcado nuestra experiencia del recorrido. De ahí surgieron más de 21 emociones distintas, cada una acompañada de una breve explicación sobre por qué había sido escogida. Este momento, más que una simple dinámica, se transformó en un ejercicio individual de introspección, pues las emociones se convirtieron en revelaciones de las conexiones personales de los chicos, y recuerdos activados por lugares específicos, ya que muchos de ellos viven o han vivido en este barrio, lo que demuestra un gran apego por este lugar. Aun así, también salieron emociones de aburrimiento, incomodidad y tensión, ya fuera por ser un barrio que ya conocían, o por el cansancio y agotamiento generados por el sol, pero también por singularidades que se presentaron y que marcaron su experiencia del recorrido como ver un perrito encadenado a un poste, o unos pájaros en jaula emitiendo sonidos de reclamo. Esto, nos permitió comprender cómo cada persona lee un mismo territorio de forma única, y que el espacio urbano, aunque se camina, implícitamente se siente, y resulta ser el primer paso para entender su impacto en las personas. Algunas de las emociones que salieron fueron: confianza, gratitud, orgullo, admiración, cansancio, aburrimiento, monotonía, sorpresa, asombro, compasión, serenidad, frustración, empatía, apego, entusiasmo, alivio y nostalgia.
Con este mapeo afectivo y jugando con las bombas de colores, se pasó a la segunda parte del taller, donde por parejas se trabajó una nueva técnica artística muy divertida que consistía en esparcir con un rodillo pintura acrílica, ya fuera terracota o negra, en un acetato. Luego, la parte pintada se ponía sobre una cartulina, y los chicos dibujaban con lápiz sobre el acetato lo que más les hubiera llamado la atención de la excursión urbana. Ayudados con revistas, impresiones y fotocopias a color del lugar y otros materiales, los resultados dejaron ver unas composiciones que reflejaron ese mapeo afectivo, integrando recuerdos, detalles y emociones en capas superpuestas. Y es que, entre risas, música, manchas de pintura y un poco de incertidumbre por ver cómo funcionaba esta técnica, se fortaleció la memoria visual, y permitió reinterpretar el barrio desde una mirada creativa y personal.
Esto nos da para reflexionar sobre la importancia que tiene el codiseño de nuestras ciudades, en especial de Madrid, porque es con la gente, los vecinos, los jóvenes, los mayores, quienes construyen el verdadero significado de los espacios. Por ello, es que al incorporar sus miradas en los procesos de diseño urbano no es un capricho o un gesto participativo superficial, sino que se vuelve una estrategia para que el espacio público cotidiano responda a las necesidades reales, preserve las memorias colectivas y genere entornos que, más allá de ser funcionales, se sientan propios y sigan generando apego. Por ello, creemos que este enfoque es coherente con la Misión de Madrid, pues no solo se debe prestar atención a la transformación de los espacios para hacerlos más frescos y en teoría más habitables, sino que también es imprescindible dotarlos con propósito y significado colectivo.