Placa litográfica de Carlos Gimbernat

 

Colección: Departamento de Cristalografía y Mineralogía (Fac de CC Geológicas, UCM. Custodia cedida al Museo de la Fac. de CC Geológicas de la UCM (noviembre 2011).

 

 

Historia

En los primeros años del siglo XIX, Alois Senefelder ideó un nuevo método de reproducción de imágenes: la litografía. Sobre una piedra caliza pulida, se dibujaba la imagen a imprimir (de forma invertida) con un lápiz graso y después se trataba con una solución ácida que, al final del proceso, dejaba la piedra preparada para retener la tinta de impresión en las zonas dibujadas y repelerla en las que no lo estaban. De esta manera, la tinta de impresión se transfería al papel, reproduciendo con ello la imagen o el texto dibujados previamente.

La litografía permitió, mediante la utilización de sucesivas piedras litográficas, la realización de imágenes coloreadas, especialmente importantes para los libros de ciencias naturales y los mapas geológicos.

El naturalista español Carlos Gimbernat que fue subdirector del Real Gabinete de Historia Hatural (actual Museo Nacional de Ciencias Naturales) aprendió esta técnica en Alemania (1806), junto a Karl Senefelder (hermano de Alois) y fue el introductor de ella en nuestro país, donde promovió la creación de un establecimiento gráfico que utilizara esta técnica; iniciativa que fracasó debido al estallido de la Guerra de Independencia.

 http://www.madrimasd.org/informacionIDI/biblioteca/Publicacion/Doc/museosdeciencia.pdf

 

Más.-

1807: Soldados españoles en el Báltico

El Tratado de San Ildefonso, de 1796, le valió a Godoy el título de príncipe, inexistente en la nobleza española fuera del heredero de la Corona, y dio lugar a una alianza igualmente inusual: la de la muy tradicional monarquía borbónica española con la Francia revolucionaria, a la que antes había hecho la guerra sin éxito.

Una Francia que enseguida iba a dejar de ser revolucionaria para convertirse en napoleónica. Lo que podría tomarse por una diplomacia prudente –Príncipe dela Paz se nombró a Godoy–, pues la superioridad militar del vecino era incontestable, se reveló a la larga como una política de consecuencias desastrosas.

Gracias a ella, Napoleón pudo ocupar España y hacerse dueño de sus destinos sin pegar un solo tiro, como aliado. Tuvo que ser una revuelta popular la que, el 2 de mayo de 1808, echase el alto a esa entrega del país a Bonaparte, pero antes ya habían comenzado a manifestarse las consecuencias del Tratado de San Ildefonso. Este Tratado, a cambio de la cesión a Francia de la Luisiana, creaba el Reino de Etruria como corte para el Príncipe de Parma, casado con María Luisa, hija de los Reyes de España, la cual sobrevivió a su marido como Regente de aquellos territorios. Éramos aliados de los franceses y nada tenía de particular que, atravesando el sur de Francia, una División española se trasladase a la región toscaza, entonces Reino de Etruria.

En 1807, tras la conquista de Portugal, con Holanda sojuzgada y España, Dinamarca y Rusia aliadas, Napoleón estaba a punto de conseguir que entre Gibraltar y el Golfo de Botnia no hubiera ningún puerto donde los ingleses pudieran comerciar. Sólo quedaba por controlar, para cerrar el esquema, la costa báltica de Alemania; para ello tenía que ocupar las ciudades hanseáticas y echar de Pomerania a los suecos, últimos aliados de Inglaterra. En ese contexto, Napoleón invocó el Tratado de San Ildefonso, exigiendo a España que enviara un cuerpo expedicionario a la campaña del Báltico. En la primavera de 1807 comenzaron a salir hacia el norte de Europa, al mando del marqués de la Romana, las únicas tropas operativas que tenía España, a las que se unieron las hasta entonces destinadas en Etruria.

La astucia de Napoleón tenía una triple intención: ayuda para la campaña báltica, salida de España de tropas y abandono del reino de Etruria de aquel cuerpo expedicionario español allí destinado, que sostenía a los Borbones en un trono deseado por Napoleón para su hermana Elisa.

Al parecer, causaron estupefacción en Alemania los pintorescos soldados españoles y sus vicisitudes para enterarse de lo que, en 1808, estaba ocurriendo en la patria y regresar a ella.

 

Imagen litográfica en el Manual del Soldado Español en Alemania. Munich 1807

La piedra litográfica aquí expuesta sirvió para imprimir un aviso publicitario destinado a aquellas tropas españolas destinadas en el Báltico, comunicándoles que disponían en Hamburgo de dos libros en venta que podían servirles para aliviar su problemática y azarosa estancia tan lejos de la patria.

[Texto extraído, ligeramente retocado, de: http://www.elmundo.es/ladh/numero106/todo3.html]