COLECCIÓN DE DIAPOSITIVAS DE VIDRIO

 

Colección de 90 diapositivas de vidrio, de interés geológico, conservadas en dos estuches de madera. Pertenecieron al Profesor D. Eduardo Hernandez-Pacheco que debió utilizarlas en sus clases, como material de apoyo docente. D. Eduardo dedicó durante toda su vida mucho tiempo y esfuerzo a la actividad docente que comenzó nada más doctorarse en la Universidad Central de Madrid en 1896. Primero fue profesor de bachillerato en Cáceres y profesor adjunto en la Universidad de Valladolid. En 1899 obtuvo una plaza de catedrático  de instituto en Córdoba y, en 1910, la Cátedra de Geología de la Universidad Central. Esta cátedra llevaba asociada la jefatura de la Sección de Geología y Paleontología del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Su principal discípulo fue D. Bermudo Meléndez.

En primer término se observa una diapositiva del río Pisuerga en Valladolid, con un grupo de paseantes en sus orillas y una barquita al fondo. Fotos: V. López-Acevedo.

Esquemas del mar Eoceno (izqda.) y Mioceno (dcha.) dibujados en papel vegetal, que introduce entre dos placas de vidrio, fabricándose así una diapositiva muy útil para sus clases. Foto: V. López-Acevedo

En la diapositiva central, se puede ver una imagen del Tajo con una maderada, cerca del molino de Rocha, en Zahorejas (Guadalajara). Foto: V. López-Acevedo

Donadas por D. Alfredo Hernandez-Pacheco

Más.-

D. EDUARDO HERNANDEZ-PACHECO Y ESTEVAN (Madrid, 1872 – Alcuéscar / Cáceres, 1965)

Foto donada por Dña. Margarita Diaz Molina. (La letra del nombre que figura al pie de la foto se corresponde con la del propio D. Eduardo Hernadez-Pacheco).

Eduardo nació en Madrid durante el vertiginoso y convulso período conocido como el Sexenio Democrático (1868-1874). Iniciado con la Revolución del 68 -conocida popularmente como La Gloriosa que culminó con el destronamiento de Isabel II- concluyó con la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII, su hijo.

Las ideas de promoción de la ciencia como vía para regenerar la sociedad que caracterizaron este período cristalizaron en algunos hechos concretos. Uno de los más relevantes fue la fundación en 1871 de la Real Sociedad Española de Historia Natural (RSEHN), hasta hoy nuestra asociación científica más antigua. Es oportuno resaltar que surgió como iniciativa privada de naturalistas españoles dispuestos a enmendar el retraso que la geología, la botánica o la zoología tenían en nuestro país. Una iniciativa que suplió la falta de apoyo estatal y con la que se inició un verdadero renacimiento de las ciencias naturales en España. Ignacio Bolívar, Salvador Calderón, Francisco Quiroga y José Macpherson, futuros profesores de Eduardo, participaron activamente en ella desde el principio.

Algo se mueve en esta etapa decimonónica y el año en el que nace Eduardo Hernández-Pacheco, es el año en el que una Real Orden firmada por Amadeo I permite la entrada a Elena Maseras –la primera universitaria española- en la Facultadde Medicina de Barcelona. La sociedad aprovecha la libertad traída por La Gloriosa para satisfacer sus inquietudes y en muchos foros se divulgan y discuten las ideas darwinistas publicadas pocos años antes. 

Tras la restauración borbónica en 1875, el gobierno de Alfonso XII abolió la libertad de cátedra en un intento de frenar en las aulas el estudio o debate de todas aquellas ideas que resultaran incómodas para los estamentos más conservadores del poder político y religioso.  Los profesores que se opusieron fueron represaliados y algunas de las figuras expulsadas de las universidades fundaron en 1876 un centro educativo, con sede en Madrid, bautizado con el revelador nombre de Institución Libre de Enseñanza (ILE).  El principal promotor del proyecto fue Francisco Giner de los Ríos y entre los primeros participantes encontramos nuevamente a Quiroga, Bolívar, Calderón y Macpherson. 

Eduardo entró en contacto con este estimulante ambiente científico de la mano de sus maestros -especialmente, de  Salvador Calderón- y durante toda su vida permaneció ligado a las instituciones responsables de ese florecimiento de las ciencias naturales, la RSEHN y la ILE (hasta su eliminación en 1936 por los vencedores de la guerra civil). De ellas heredó el interés por la naturaleza silvestre y el espíritu integrador y multidisciplinar de sus investigaciones.

Por iniciativa suya se construyó la Fuente de los Geólogos en la Sierra de Guadarrama, como un homenaje a Casiano Prado, José Macpherson, Salvador Calderón y Francisco Quiroga, según sus propias palabras  “los primeros hombres de ciencia que sintieron profundamente el amor por la naturaleza y el paisaje”.

Esa sensibilidad para apreciar la naturaleza la plasmó también en el  plano práctico y así mantuvo una intensa actividad en la política conservacionista desde la promulgación en 1916 de la primera Ley de Parques Nacionales.

DIAPOSITIVAS DE VIDRIO (*)

Las primeras imágenes negativas se obtenían exponiendo a la luz, durante un cierto tiempo, en el interior de una cámara fotográfica, unas placas de vidrio revestidas por una fina película sensible. Esta película sensible podía estar preparada a partir del blanco de huevo -básicamente clara de huevo a punto de nieve con un poco de yoduro de potasio- y nitrato de plata (Nièpce de Saint-Victor, 1848) o a partir de colodio - básicamente mezcla de dinitrocelulosa, alcohol y éter sulfúrico- y nitrato de plata (Scott Archer, 1851). Una vez expuestas a la luz, la imagen impresa en ellas se desarrolla y se fija en forma de negativo, a base de introducir estas placas en diversos líquidos.

Si estos negativos se colocan sobre un papel sensible y se exponen a la luz, se obtienen las imágenes positivas, y si en lugar de utilizar un papel sensible se emplea otra placa de vidrio (con las mismas características y/o propiedades que hemos explicado en el párrafo anterior para hacer los negativos) se obtienen los fotogramas de vidrio o imágenes diapositivas que se emplean para proyectar y que permiten ampliar a voluntad las imágenes obtenidas.

Los primeros aparatos de proyección fueron las linternas mágicas. Éstas inicialmente eran como un juguete, pero poco a poco fueron mejorando y perfeccionándose hasta jugar un papel esencial como medio educador e instructivo.

(*) Texto extraído de “LOS GRANDES INVENTOS” de Francisco Reuleaux, 1888.Traducida al español por Federico Gillman.

TEXTO: Victoria López-Acevedo y Belén Soutullo

IMÁGENES: Victoria lópez Acevedo

Año 2011