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El ángel de Machín



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El ángel de Machín

Para Pablo,

por tanto, por todo

 He vuelto.

 

He vuelto para alzarme, una vez más,

por encima del rojo de los atardeceres,

de los tonos ocres de tu espalda

y el aliento esperado de las sombras

al final del túnel sin cortinas ni cuadros.

 

He vuelto.

 

Mil alas vuelven a batirse una vez más

y las sonrisas de los encuentros

llenan de misterios la casa deshabitada

de nuestros recuerdos, de aquellos

que aún no hemos compartido

y ya son parte de nuestro álbum fotográfico.

 

He vuelto.

 

A tus brazos, a tu pecho, a esa mirada

que me devuelve el fondo del lago azul,

cristalina, limpia, alegre y ansiosa,

esa mirada que me acompaña a través

del verde hilo de las conversaciones telefónicas.

 

He vuelto.

 

Y lo he hecho para quedarme

acurrucado entre tus abrazos y tus besos,

para dejarme querer una vez más

y sonreírte las gracias y los lamentos,

los susurros con que pronuncias mi nombre

en medio de una noche de aire acondicionado.

 

He vuelto.

 

Ya no alzaré nunca más el vuelo.

Mis alas tan solo me llevarán a ti

y en ti han encontrado su nido.

He vuelto desde la dorada juventud

para protegerte con mis alas enrojecidas.

Ahora ha llegado el momento de abrir los ojos.

El momento de cerrar este cuaderno

mientras mis alas abiertas te buscan

y te encuentran detrás de tu sonrisa alada,

aleteo compartido a las puertas del cielo.