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EDITORIAL

 

EDITORIAL M+A REVISTA ELECTRÓNICA DE MEDIOAMBIENTE

 

Cada tiempo y cada espacio dan lugar a sus propias realidades; uno de los rasgos diferenciadores de nuestra época es el “gusto” por la naturaleza y la preocupación por su degradación y su destrucción. Hoy, fenómenos como la globalización se nos muestran desde una perspectiva, eminentemente, espacial; ocupando un espectro que iría, por un lado, de lo local a lo nacional, por otro, de lo supranacional a lo global. La globalización genera flujos de actividad, interacción y poder “extrarregionales” y transcontinentales; se trata de interconexiones en campos que van desde lo penal, a lo cultural, pasando por lo financiero y lo medioambiental (aunque para algunos estudiosos no deja de ser un mito; el actual orden económico mundial, considerado en términos históricos, seguiría lejos de estar estrechamente integrado, pues los flujos netos entre las principales economías son hoy notablemente menores a las de hace un siglo). No debemos olvidar que la globalización de la economía reporta muy notables beneficios. Pero no se reparten equitativamente; muy al contrario, los países e desarrollados cada vez se benefician más que los subdesarrollados, e incluso, en un mismo país, los ricos logran más ganancias que los más pobres. A lo largo de los próximos años, la liberalización del comercio reportará entre 215.000 y 520.000 millones de euros. Sin embargo, los cuarenta y ocho países más subdesarrollados tendrán unas pérdidas anuales de 600 millones en material comerciable, y los del África subsahariana, alcanzarán pérdidas que superarán los 1.200 millones. También ha crecido el Producto Interior Bruto mundial, en términos globales, sin embargo, el de 44 naciones subdesarrolladas se ha visto seriamente mermado. ¿Dónde queda, por tanto, la realidad medioambiental? Sin duda, en la superación de la Pobreza. “M + A”, Revista electrónica de Medio Ambiente de la Universidad Complutense, publicada en el ámbito de las Investigaciones del Instituto de Ciencias Ambientales, nace como publicación con un objetivo fundamental: saber y conocer para actuar, en la superación de las consecuencias que sobre el Medio Ambiente –en el ámbito de los espacios y las sociedades- tienen procesos y fenómenos como los anteriormente descritos. La eclosión de las ideas medioambientales en las postrimerías del pasado siglo y en los prolegómenos del siglo XXI -desde los contextos de la conservación y la protección del medio ambiente-, nos permite aproximarnos a temas de tanta importancia como el “Cambio Climático”, el “Paisaje”, los “Riesgos Naturales, Antrópicos y Tecnológicos”, la “Educación Ambiental”, y tantos otros que son punto de partida y destino de los estudios e investigaciones que se desarrollan en el Instituto de Ciencias Ambientales de la Universidad Complutense. Las metáforas –identificación de una parte real con otra imaginaria- llegan a la conciencia, pero, de un modo general, están lejos de proporcionar los instrumentos de análisis de la realidad. Hoy sabemos que los conceptos deben unir su tiempo para ser operacionales y, para ello, la inspiración es la historia del Presente. Esa nueva etapa del proceso de racionalización se debe esencialmente al surgimiento de un medio “técnico-científico-informacional”, que busca sustituir el medio natural y el propio medio técnico. Ese nuevo medio produce los espacios de la racionalidad y constituye el soporte de las principales acciones globalizadas. Este resultado se debe al papel de las técnicas del mundo de hoy en la revolución planetaria actual. Presente en todos los aspectos de la vida, esa técnica constituye en si misma un orden, el orden técnico sobre el que se asienta un orden social planetario y del cual es inseparable. Ambos órdenes crean, juntos, nuevas relaciones entre el “espacio” y el “tiempo”, ahora unificados sobre bases empíricas. En estos ámbitos, sin lugar a dudas, el Cambio Climático se nos muestra como una verdadera realidad, siempre que lo entendamos como la crisis por la que está pasando el clima de nuestro planeta, especialmente acusada a partir de mediados del pasado siglo, y que en los últimos años –lejos de remitir- se está mostrando cada vez de forma más nítida. “El cambio climático es una amenaza global mucho mayor que el terrorismo”, afirmaba a mediados del mes de octubre el profesor David King, el principal asesor científico del primer ministro británico, Tony Blair. Este catedrático de Química de la Universidad de Cambridge ha impulsado la reducción de emisiones de los gases que provocan el efecto invernadero en el Reino Unido, que ya son el 13% menos sobre las del año 1990. Algo muy diferente a lo que está sucediendo en países como Estados Unidos de Norteamérica o España. Por otra parte, el “Paisaje”, sus estudios, cada vez están más marcados por lo “racional”; es decir, nos encontramos con una realidad recogida bajo un significante con un significado más racionalista vs. positivista, en el que se ha sustituido la razón histórica por la razón abstracta, principalmente, en el tratamiento de los paisajes culturales. En ellos se ha dado una evolución de lo biológico a lo cósmico, del quién al qué, olvidándose en no pocos casos de las personas a favor de las cosas. Igualmente, los procesos naturales que actúan sobre la superficie terrestre pueden dar lugar a situaciones de catástrofe, provocando daños y causando pérdidas de vidas humanas y elevados daños económicos. El desarrollo industrial y los procesos productivos conllevan un riesgo de provocar impactos ambientales, especialmente cuando se producen accidentes. Tanto los accidentes industriales como los fenómenos naturales extremos tienen un grado alto de incertidumbre, por lo que ambos se consideran "riesgos" a efectos de predicción y gestión de los mismos. En las últimas décadas, las pérdidas sociales y económicas por catástrofes naturales en el mundo han aumentado considerablemente. Aunque el número de sucesos graves no ha aumentado de forma importante, el número de personas afectadas es cada vez mayor debido, entre otras razones, al incremento de la población en las zonas de riesgo. Los terremotos, deslizamientos, inundaciones, tormentas y vendavales son frecuentemente devastadores en términos de pérdida de vidas humanas, daños económicos y ambientales. En Europa, el número de víctimas por desastres naturales sobrepasa con mucho a las causadas por accidentes industriales (95% del total para el período 1985-96). Las inundaciones del 2002 y, sobre todo, la ola de calor del verano de 2003, han elevado las cifras de un modo espectacular (aún queda por evaluar las repercusiones del actual ciclo hidrológico, y de un verano –el del 2005- plagado de incendios forestales). Los temas apuntados, y tantos otros, relacionados con las realidades que circundan el “Medio Ambiente, se sintetizan entre los objetivos buscados en una publicación que intenta alcanzar el esfuerzo por investigar y formar a la población mediante una adecuada Educación Ambiental, síntesis de unas presentes y futuras l políticas medioambientales.

Prof. Dr. D. José Antonio Sotelo Navalpotro