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Marte, la prioridad para la búsqueda de vida

10 JUL 2019 - 14:36 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Las agencias espaciales han renovado su apuesta por Marte para hallar indicios de vida o ambientes donde esta pueda darse. Las sondas, los róveres  y los landers enviados al planeta vecino siguen robando el foco al descubrimiento de exoplanetas y a una hipotética base lunar. Víctor Parro, vicedirector del Centro de Astrobiología (CAB), analizó, en el curso 20 años de astrobiología en España, que él mismo dirige, algunas de las misiones que van allanando el camino para una futura exploración humana, aunque admitió que muchas de ellas siguen albergando “dudas” en la demostración de la existencia de vida.

En esta tarea, las operaciones marcianas han recorrido, según Parro, tres etapas: la búsqueda de evidencias de que hubo agua líquida o agua congelada, la comprobación de ambientes habitables y la indagación para encontrar “restos de vida más atrevida” con las misiones Mars 2020 (Nasa) y ExoMars (ESA). En este sentido, el investigador del CAB especificó que, para los astrobiólogos, la vida es un sistema “lo más sencillo posible” que incluye una maquinaria metabólica, un sistema de membranas y un componente genético que se transfiere de unas generaciones a otras. “Para nosotros una bacteria es lo mismo que un elefante. Si viéramos una bacteria en Marte nos pondríamos realmente muy contentos”, exclamó.

La identificación en general de la vida, de acuerdo con sus palabras, se basa en los biomarcadores que se pueden localizar gracias a la visualización directa, la bioquímica, las construcciones hechas por la propia vida, como los termiteros, o los fósiles bioquímicos. Parro, de todas formas, subrayó que no todos los biomarcadores moleculares son marcadores de vida, lo que proyecta sombras sobre el origen biológico de ciertos descubrimientos.

No obstante, el vicedirector del CAB afirmó que hace cuatro mil millones de años Marte tenía agua líquida suficiente para cubrir su superficie y hasta 140 metros de profundidad. El agua congelada, ubicada al menos en el norte del planeta, donde ya aterrizó la sonda Phoenix en 2008, podría ser objeto de estudio para futuras misiones. “Como la atmósfera marciana se pierde en el espacio desde hace millones de años, también pierde el efecto invernadero y parte del agua. Lo que queda es agua congelada”, argumentó.

Perforar el planeta rojo

Siguiendo el hilo de su discurso, Parro analizó que la perforación de la superficie de Marte es la clave para la búsqueda de agua congelada. Mientras el róver de la misión de la ESA ExoMars 2020, en el que se integra el espectómetro español Rama,  perforará hasta dos metros para hallar restos de vida, la Mars 2020 (NASA), también con la estación meteorológica de nuestro país MEDA, tiene previsto tomar pequeñas muestras de unos 10 centímetros para, después de encapsularlas, aplicarles su análisis pertinente. Icebreaker, una misión todavía en estudio de la Nasa, puede ayudar también en posibles descubrimientos en el subsuelo marciano. De hecho, el módulo SOLID, de Icebreaker, ya ha podido analizar muestras recogidas en el río Tinto (Huelva), uno de “esos ambientes extremos” terrestres análogos a Marte.

Asimismo, Parro disertó sobre las misiones históricas a Marte. El Mariner 9, la primera sonda espacial en orbitar otro planeta (1971), inauguró una etapa que se alejaba de la fantasía que sobre Marte había imperado hasta entonces. Este instrumento, que tomó 7.329 imágenes en sus 349 días de funcionamiento, ya apuntó la existencia de volcanes de gran altura, cañones, lechos de ríos e incluso tormentas de polvo. Las Viking 1 y 2, de 1976, fueron capaces de analizar la superficie, “con resultados positivos, pero inconcluyentes”. Tras citar la discusión entre los científicos sobre un indicio biológico de fósiles de microorganismos en el meteorito marciano ALH84001, Parro subrayó la labor de la sonda Phoenix (2008), que descubrió la existencia de agua a pocos centímetros del suelo y la presencia de cantidades de perclorato, una sal que tiene una alta capacidad higroscópica (absorción de la humedad del medio). Además, Phoenix ya dio los primeros pasos para identificar salmueras líquidas en las pendientes de los cráteres, unas “líneas de humedad que luego desaparecen”.

En su recorrido diacrónico, Parro argumentó que la nave MRO detectó en infrarrojo sistemas similares a los patrones de sales de la Tierra: “Esas manchas de perclorato de magnesio son sales hidratadas fundamentales para la vida”.

La última parada del astrobiólogo del CAB fue el Curiosity, astromóvil todavía en funcionamiento, que, gracias a descubrir cantos rodados y conglomerados similares a la Tierra, prueba de un lecho fluvial, ha demostrado que hubo agua líquida que en su tiempo corrió por la superficie del planeta.

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