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“La vida no la podemos limitar única y exclusivamente a lo que nos enseñaron en el colegio”

Entrevista al astrobiólogo José Antonio Rodríguez Manfredi

12 JUL 2019 - 11:14 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Sorprende que alguien habituado a escrutar la superficie y la meteorología de Marte, considere “idílico” el entorno del terrestre Real Colegio Universitario María Cristina, sede de los Cursos de Verano y del seminario 20 años de astrobiología en España, dirigido por el investigador Víctor Parro. La curiosidad por todo y la observación del entorno, sea el que sea, laten en el corazón de un científico muy ligado a la búsqueda de vida exoplanetaria. José Antonio Rodríguez Manfredi, ingeniero del Departamento de Instrumentación y Exploración Espacial del Centro de Astrobiología (CAB), desarrolla los instrumentos que, probados en ambientes extremos en la Tierra, facilitan información sobre la caracterización ambiental y geobiológica de otros astros. Su labor está presente en la estación REMS, a bordo del róver Curiosity, en TWINS, de la misión InSight, y en MEDA, módulo inserto en la futura operación Mars 2020, también de la NASA. La ciencia española ya ha pisado Marte, pero la aventura tendrá más capítulos.

(ENTREVISTA UCM TV. Enlace)

P: Resulta complicado encadenar tres misiones españolas con la NASA: una simboliza el presente, otra nos va a dar pistas sobre el futuro y la tercera va ligada a nuestro destino en 2020. ¿Cómo define cada una de estas tres implicaciones del Centro de Astrobiología, haciendo un especial hincapié en esta última, decisiva para analizar Marte?

R: Desde el comienzo de nuestra relación con la NASA, nuestro Centro ha liderado las estaciones a cargo de la caracterización ambiental, entendida como una extensión de la propia y pura meteorología. REMS, el instrumento español que está en el róver Curiosity, fue nuestro bautismo de fuego, pero a partir de ahí hemos acumulado una cierta experiencia y relaciones con otros grupos que nos ha permitido estar en la misión que aterrizó en Marte en noviembre con InSight, que si bien no está orientada a la caracterización de la vida, sí requiere también de ese conocimiento en profundidad de la atmósfera marciana. Lo que hemos aprendido con estas misiones lo hemos integrado en el diseño y en el nuevo desarrollo del instrumento MEDA, que será el que tenga la oportunidad de volar a Marte el año que viene, el 17 de julio, si todo va bien. Sin lugar a dudas, estos tres instrumentos han supuesto un aporte de información como nunca antes se había hecho en la historia, una caracterización muy precisa y continua a lo largo de los años marcianos que, sin duda, ha supuesto un valor añadido muy importante al conocimiento de la atmósfera marciana. Es verdad que con tres estaciones no puedes conocer la meteorología y la climatología de todo el planeta, pero aporta una información vital para que luego con los modelos en la Tierra, con los sistemas computacionales, combinemos todo eso y entendamos mucho mejor cómo funciona el planeta.

P: ¿Qué supone para la ciencia española estas tres aportaciones del Centro de Astrobiología?

R: El hecho de participar en una de estas misiones no se limita a la meteorología y a la aplicación de los instrumentos, sino que también posibilita el poder compartir toda la información registrada por los distintos instrumentos meteorológicos y geológicos. En este contexto, el participar en una misión desde dentro, aporta puntos de vista distintos y el establecimiento de vínculos importantes dentro de la comunidad científica marciana, algo que no es desdeñable. Para la comunidad científica española ha supuesto indudablemente un paso adelante en la presencia de nuestra ciencia y nuestro sistema en la comunidad científica global. Desde una mirada científica, muchos de estos datos que estamos recabando hacen cambiar los paradigmas que ya teníamos sobre cómo era el planeta Marte.

P: ¿Estudiar Marte es también estudiar el futuro de la Tierra?, ¿estamos viendo en el planeta rojo una fotografía de nuestro mañana terrestre?

R: Así es. Los dos planetas han evolucionado de una manera distinta pero se formaron de una manera similar. El estudio en profundidad de Marte nos va a ayudar a conocer mejor la Tierra. Hay que salir algunas veces fuera para mirar hacia dentro, no solo desde un punto de vista humano sino también para ver la evolución de nuestro planeta. Esto va a ser clave a la hora de atender cómo puede evolucionar nuestro planeta en un contexto incluso político.

P: ¿Incluso político?

R: En el sentido de las distintas políticas que se están poniendo hoy en marcha para la preservación de nuestro entorno. El cambio climático o la evolución del planeta Tierra, con sus diferencias, van a aportarnos el conocimiento sobre hacia dónde puede tender nuestro planeta.

P: ¿Quedan muchos pasos para generar nuestros propios recursos de supervivencia en una futura misión a Marte?

R: En la actualidad suena a ciencia ficción, pero está dentro de los objetivos estratégicos a muy largo plazo establecer una colonia permanente fuera de nuestra Tierra, en Marte o en la Luna, pero hoy por hoy hay una reto tecnológico anterior a todo eso que es poder poner sobre la superficie de Marte, de manera segura, una tripulación, incluso con retorno. De momento, para generar las cosas, los alimentos o los nutrientes allí, todavía queda bastante, pero, por ejemplo, la misión Mars 2020, en la que participa la NASA, va a colocar unos demostradores tecnológicos para obtener recursos de Marte. No hablamos de alimentos, de ese tipo de recursos, sino de obtener oxígeno de la atmósfera marciana en lugar de tener que llevarlo de aquí. Eso significaría un ahorro de peso en todo lo que tenemos que mandar para allá que puede ser complementado con más instrumentalización o sistemas más complejos.

P: La búsqueda de agua, sin embargo, sigue necesitando evidencias. El cráter que se formó hace 3.800 millones de años puede contener ese indicio de vida. La noticia del hallazgo de una señal de vida le haría muy feliz…

R: La confirmación de esos hallazgos fue importante desde la perspectiva de los objetivos planteados, de la búsqueda de vida fuera de nuestro planeta. Hoy no tenemos ninguna prueba directa de que haya existido vida en otro planeta. Lo que las misiones se plantean es caracterizar cómo de viable es que la vida pudiera haber surgido en otros planetas. En ese sentido, y comparándolo con la vida en la Tierra, que siempre está ligada al agua líquida, el hecho de que Curiosity, y anteriormente Spirit,  Opportunity y Mars Exploration Rover, pudieran constatar y evidenciar que en aquel planeta hubiera agua, fue un verdadero espaldarazo, pero hay más… Curiosity confirma que las condiciones de esa agua pudieron ser de un PH neutro, de una salinidad baja; para entendernos, hace 3.800 millones de años, hubo un lago en el lugar donde está Curiosity, de haber estado allí podríamos haber bebido esa agua. No prueba que haya vida, pero las condiciones no pueden ser más idílicas para que pudiera haber surgido vida en ese entorno. Las futuras misiones, sin duda, van a tratar de buscar vida en Marte, ahora que sabemos que las condiciones pudieran haber sido ideales para que existiera.

P: En esa ruptura de fronteras interplanetarias para encontrar vida, los científicos experimentan en lugares “infernales” en la Tierra, ¿se pueden extrapolar estas investigaciones que incluso han encontrado microorganismos en el desierto de Etiopía a Marte?, ¿se puede elucubrar sobre ellas?

R: Es una línea de investigación y de exploración de análogos marcianos. A esos microorganismos los llamamos extremófilos porque viven en condiciones realmente extremas. En este caso viven en un cráter que alcanza temperaturas de cincuenta grados con una acidez bajísima, como si fuera ácido sulfúrico. Tampoco tenemos que ir tan lejos. En el río Tinto también existe un entorno curioso. A medida que vamos desarrollando tecnología para poder ir a esos sitios terrestres o bajar a la dorsal oceánica, utilizar microscopios para ver qué hay dentro de los cristales de sales, o meternos en una tubería de refrigeración de una central nuclear donde la radiación es altísima… encontramos que hay vida y la vida nos sorprende y nos dice todos los días que ha sido capaz de adaptarse a condiciones muy adversas. ¿Y podría por tanto la vida haberse adaptado a esas condiciones tan adversas en Marte o en otros cuerpos del Sistema Solar? La lógica dice que sí. No debemos caer en el antropocentrismo o en el geocentrismo de pensar que la vida que puede haber fuera de nuestra Tierra vaya a ser similar a la que tenemos aquí. Si es capaz de adaptarse a ese tipo de entornos, seguro que se habrá podido adaptar a otros. Busquemos esa vida no por lo que parezca aquí, la forma que tenga aquí, sino por esos mecanismos de adaptación que haya podido tener en otros planetas. Va  ser clave a la hora de desarrollar tecnología que busquemos vida fuera de la Tierra.

P: ¿Los astrobiólogos son también “extremófilos”, viven en condiciones extremas en la vida científica y económica, sobre todo, en nuestro país?

R: Somos en cierto modo extremófilos, pero tremendamente pasionales, a pesar de todas las dificultades, que no son exclusivas de nuestro país. La ciencia al final es esa pasión, esas ganas de poder encontrar respuestas a esas preguntas que nos hacemos constantemente. Cada vez que encontramos respuestas a una pregunta, surgen veinte más. Esa pasión nos hace seguir adelante, a pesar de todo, y tratar de buscar esa vida fuera de nuestro entorno.

P: El siglo pasado hablábamos con Juan Antonio Pérez Mercader, fundador del CAB, que debatía sobre los límites de la vida en diversas materias como la ciencia e incluso la filosofía? ¿Ha cambiado esa forma de acercarse a la vida?

R: Ha pasado mucho tiempo y todos hemos evolucionado como personas y como científicos en particular. En esa línea, no tenemos una definición de vida puramente estricta ni un decálogo de condiciones que debe cumplir un sistema para considerarlo vida, lo que sería de enorme utilidad. Si en Marte vemos algo que no hemos visto nunca, para saber si eso está vivo o no le tendremos que hacer una serie de preguntas o pruebas. No tenemos muy claro lo qué es vida en la Tierra porque hay muchas definiciones más termodinámicas, otras más teóricas y algunas rozando la filosofía. La astrobiología se nutre de esas otras aceptaciones como la de la filosofía. Toda la comunidad tiene algo que aportar en la definición. La vida no la podemos limitar única y exclusivamente a lo que nos enseñaron en el colegio, que es algo que nace, crece, se reproduce y muere… es mucho más complejo que todo eso. Ir a otro planeta y buscar vida no es una pregunta fácil y por eso requiere conocer varias disciplinas.  

P: En este sentido, ¿habrá que cambiar los libros de texto dentro de treinta años?

R: Probablemente, ojalá podamos encontrar eso que nos dé pautas para poder definir qué es vida.

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