Pensando en el movimiento
Villard de Honnecourt , Album de dessins et croquis
La Edad Media, misteriosa y oscura en el imaginario de algunos, se revela sorprendente y brillante para quienes deciden mirar más allá de convencionalismos obsoletos y sumergirse en las fuentes y en la cultura material de este periodo. Con esta propuesta buscamos alimentar la curiosidad intelectual trayendo a escena algunas de las ideas más espectaculares de los saberes técnicos y científicos del mundo medieval: los autómatas. Lo haremos de la mano de Villard de Honnecourt, maestro de obras itinerante y testigo de algunas de las principales empresas arquitectónicas ejecutadas en Francia entre 1220-1240. Gran parte de sus intereses profesionales se conocen gracias a un cuaderno de dibujos en el que registró elementos que captaron su atención. Lejos de constituir un repertorio sistemático de modelos, este cuaderno parece funcionar como un diario visual que documenta sus observaciones a lo largo de sus desplazamientos y visitas a las fábricas de templos como Notre-Dame de París, Reims o Chartres. Entre una amplia variedad de motivos -decoraciones arquitectónicas, fragmentos constructivos, esculturas, estudios de rostros y representaciones de animales reales y fantásticos-, se documentan algunos ejemplos de ingenios mecánicos animados que, gracias a las notas del autor, se pueden interpretar en toda su complejidad como elementos propios de una escenografía más amplia, dotados de capacidad de movimiento, efectos sonoros y, en ocasiones, incluso olfativos ¡toda una sorpresa multisensorial!
Cuaderno de Villard de Honnecourt. París, BnF Ms. Français 19093, f. 9r
Estos autómatas no son exclusivos de este Album de dessins et croquis, sino que se inscriben en una tradición técnica ampliamente difundida en el occidente europeo que tiene antecedentes en la Grecia clásica, y episodios de esplendor en el mundo
bizantino e islámico. Más que concebirse como objetos aislados o fruto de invenciones individuales, estos artefactos deben entenderse en el marco de una cultura material que articula saberes técnicos, prácticas científicas, creatividad artística y formas de ocio vinculadas a las élites. Jardines, fuentes o espacios destinados al estudio del firmamento –como los observatorios astronómicos– constituyen algunos de los contextos en los que desplegarían sus efectos estos pequeños –y no tan pequeños– objetos artificiales animados. En este sentido, los autómatas evidencian un notable grado de sofisticación en el diseño y la capacidad tecnológica de las sociedades que los produjeron.
En el cuaderno de dibujo de Villard de Honnecourt podemos identificar, al menos, diez ejemplos de maquinarias y autómatas. Destacan entre ellos una copa con un pájaro sobre un pedestal que mediante un sistema de conductos ocultos parece beber vino al llenarse el recipiente, así como el águila de bronce del folio 22v, un dispositivo concebido para generar y transmitir movimiento a través de poleas hasta un eje de rotación ubicado en la cabeza del ave. Este mecanismo le permitía girar el cuello y
dirigir la mirada al diácono en el momento preciso del oficio con tan solo accionar una palanca; al hacerlo, se liberaría el contrapeso poniendo en marcha dicho sistema, lo que sin duda generaría gran expectación.
Tanto el poder religioso como el civil se contaban entre los principales beneficiarios del potencial simbólico de estos artefactos. En las fuentes bizantinas e islámicas son descritos como elementos capaces de suscitar asombro y cautivar a quienes eran
recibidos en la corte para visitar al soberano. En la actualidad, en un contexto marcado por el desarrollo de la automatización informática, la inteligencia artificial y la robótica, estos ingenios continúan despertando admiración. Pero no debemos olvidar,
que tanto nuestros autómatas medievales, como los robots contemporáneos, lejos de constituir una novedad radical, se inscriben en una larga tradición histórica que evidencia el constante interés humano por reproducir el movimiento y dotar de agencia aparente a los objetos.
Autómatas medievales
mecanismos para epatar
Estos autómatas respondían a diversas necesidades e intereses de las sociedades medievales. Entre sus funciones había aplicaciones prácticas, como las fuentes automáticas destinadas a las abluciones rituales o los dispositivos para la medición del tiempo materializados a través de complejos relojes astronómicos, junto a otras de carácter lúdico, vinculadas al disfrute de la sorpresa y el asombro, como los autómatas de jardín o las fuentes de mesa con surtidores automáticos.
Entre los múltiples ejemplos privilegiados de estos automatismos medievales, destacamos por su ingenio y efectismo el llamado Gallo de Estrasburgo, una llamativa fuente de mesa y el Grifo de Pisa.
El Gallo de Estrasburgo (h. 1352), asociado al primer reloj astronómico ubicado en la catedral que le da nombre –el conocido como reloj de los Reyes Magos–, fue realizado en hierro forjado, sobredorado y policromado sobre alma de madera. Este autómata cantaba y batía las alas a cada hora, y mientras sonaba una melodía, los reyes se inclinaban frente a la Sagrada Familia. La medición del tiempo, que alcanzará un desarrollo más sistemático en la Edad Moderna con sus aplicaciones comerciales, se concebía en este contexto como un instrumento para la organización de la vida social y ritual, estrechamente vinculado al espacio litúrgico y a la vivencia religiosa. Este caso constituye un ejemplo elocuente de la comunión entre religión, la ciencia y el arte: la institución religiosa promovía y financiaba la obra, el conocimiento técnico posibilitaba el artificio y la práctica artística aportaba la estética y la factura final. El valor simbólico y material del autómata propició su reutilización en el segundo reloj del siglo XVI, lo que ha permitido su conservación hasta la actualidad. La fuente de mesa del Cleveland Museum of Art (h. 1320-1340), concebida como una arquitectura gótica en miniatura, constituye un ejemplo destacado de la producción de objetos de entretenimiento cortesano destinados a la exaltación del estatus de su propietario. Realizada en París, en láminas de plata sobredorada y decorada con esmaltes traslúcidos, su riqueza material y simbólica se ve enfatizada por la incorporación de elementos de carácter musical. Esa dimensión sonora se activaría de forma directa al sonar los cascabeles de la parte superior integrados en un complejo diseño mecánico. Esta pequeña máquina escénica incorporaba además un sistema hidráulico que permitía la circulación de agua, -probablemente perfumada- y otros líquidos como el vino, ampliando así su carácter performativo y multisensorial.
Fig. 1. Reproducción de reloj medieval islámico del entorno sirio, 1315. El Reloj del elefante es una combinación de numerosas activaciones que generan una animada coreografía. Una suerte de efecto mariposa medieval que acompaña y marca el paso del tiempo, recordándonos el constante interés por su observación y control en el mundo medieval de todas las latitudes. Isma'il al-Jazari, Libro del conocimiento de aparatos mecánicos ingeniosos, 1315. New York, The Metropolitan Museum of Art, inv. 57.51.23.
El Grifo de Pisa (h. 1085-1110), realizado en bronce a la cera perdida, dorado y decorado con una trama de círculos secantes con un efecto semejante a la decoración textil, presenta además una cenefa epigráfica en la parte inferior. Se trata de una de las piezas de metalistería islámica de gran formato mejor conservada. La figura, un animal alado con cabeza de águila, orejas de equino, cuerpo de león y extremidades híbridas, fue realizado en al-Ándalus, probablemente en los talleres vinculados a la ciudad palatina de Madinat al-Zahra o con la producción de bronces de los talleres toledanos. Aunque no se puede establecer con certeza su función original, se ha propuesto que pudo desempeñar un papel vinculado a la escenificación simbólica del poder del soberano. Se presume que estaría ubicado en un entorno ajardinado o en las proximidades del Califa, en un espacio de representación áulica de especial relevancia. Se desconoce de qué manera se activaría el mecanismo y los efectos que produciría, pero
las hipótesis principales apuntan a que podría ser un surtidor de fuente o un dispositivo sonoro capaz de emitir rugidos. Cuenta con un sistema interno de contenedores que, en combinación con una suerte de vejiga de almacenamiento, podría generar sonidos al ponerse en funcionamiento. Estos efectos acústicos recordarían a los rugidos del animal mitológico y realzarían la posición de poder de su propietario, mediante la evocación del dominio sobre criaturas peligrosas y legendarias. El grifo cuenta con un azaroso periplo histórico que lo condujo al duomo de Pisa, donde se dispuso sobre una gran columna en el extremo oriental del ábside, uno de sus puntos más visibles. En ese nuevo contexto cristiano la pieza se tornó en símbolo cívico y adquirió una probable función apotropaica. Llegó a Pisa entre finales del siglo XI y comienzos del XII, tal vez como botín de guerra proveniente del asedio Pisano de las Islas Baleares (1113-1115) o como regalo diplomático.
PIEZAS SELECCIONADAS
Album de dessins et croquis
Villard de Honnecourt
h. 1220-1240
23,2 x 15,2 cm
Pergamino, tinta y aguadas a color, encuadernación en cuero París, Bibliothèque nationale de France, f. 22v. La obra de Villard de Honnecourt constituye el único ejemplo conservado del cuaderno de un arquitecto en este periodo; se trata de un compendio de anotaciones que abarca representaciones de diversa índole entre las que se encuentra el autómata del ave. Este objeto se colocaba sobre un atril y era accionado durante la liturgia a través de un sistema de poleas, cuerdas y pesos que permitían que el ave girase la cabeza hacia el diácono durante las lecturas. Sin embargo, la descripción es muy breve y el dibujo demasiado esquemático como para conocer exactamente su funcionamiento.
Gallo de Estrasburgo
Autor desconocido
h. 1350
120,5 x 40 x 110 cm
Estrasburgo, Musée des Arts décoratifs, MAD XXIII.105 a
Este autómata, probablemente el más antiguo conservado del Occidente cristiano, se encontraba originalmente en la parte superior del primer reloj de la catedral de Estrasburgo y fue reutilizado posteriormente. Consta de un alma de madera cubierta por un forjado de hierro que simula el plumaje del ave, antes sobredorado y policromado. Formaba parte de un conjunto escenográfico con más autómatas, un ritual coordinado en el que el gallo, batiendo las alas y
alzando el cuello, anunciaba las horas desde lo alto. El lomo, abierto, permite observar el sistema de palancas, bielas y fuelles que daban vida al ave.
Fuente de mesa
Taller de París
h. 1320-40
33,8 x 25,4 x 26
Láminas de plata sobredorada y esmaltes traslúcidos
Cleveland, The Cleveland Museum of Art, 1924.859
Esta fuente de mesa presenta una estructura tripartita organizada según un diseño arquitectónico de filiación gótica. Su riqueza material combina plata sobredorada y esmaltes traslúcidos con escenas figurativas de temática musical. Funcionaba mediante un sistema hidráulico de agua bombeada a presión que con su movimiento hacía sonar los cascabeles. El agua caía por las terrazas de los distintosniveles, recorriendo la arquitectura como una cascada. Es una pieza de pequeño formato, acorde con su función como objeto de mesa, concebida para su exhibición como objeto de lujo. Su complejidad estructural y artística propiciaba una experiencia dinámica y multisensorial, en la que convergían efectos visuales, sonoros y olfativos.
Grifo de Pisa
Autor desconocido
h. 1085-1110
107 x 87 x 43 cm
Bronce dorado
Pisa, Museo dell’Opera del Duomo, inv. 2014OPAOA00235583
Realizado en al-Ándalus, este ser híbrido coronó la catedral de Pisa desde el siglo XI hasta el siglo XIX, cuando fue sustituido por una réplica. Se desconoce su función original, así como las circunstancias de su llegada a Pisa, quizás como botín de guerra o regalo diplomático. Presenta tres aberturas que comunican con su interior, donde se ha
identificado una estructura metálica de carácter semiesférico, interpretada como parte de un posible sistema funcional. Asimismo, se han documentado inscripciones cúficas distribuidas por toda la superficie, con fórmulas de carácter propiciatorio como: «Bendición perfecta, bienestar completo, felicidad perfecta, paz eterna, perfecta
salud, felicidad y buena fortuna al propietario».