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Aprender inglés en Educación Infantil mediante el Aprendizaje Basado en Proyectos

Autora: Dra. Lidia Mañoso-Pacheco

27 feb 2026 - 09:10 CET

Una de las frases célebres del famoso filósofo suizo Jean Piaget dice: «Todo lo que se le enseña a un niño se le impide inventarlo o descubrirlo». Su cita tiene plena actualidad en nuestros días, dado que hemos abandonado la idea clásica de que la enseñanza debe ser un escenario en el que el docente se presente como un sabio al que escuchar sin rechistar y los alumnos permanezcan pasivos absorbiendo su conocimiento cual esponjas. Por fortuna, las clases se caracterizan hoy en día por el dinamismo, la interacción y el flujo constante de información en todas las direcciones, no solo del docente al alumno, permitiendo así un aprendizaje significativo y duradero en el tiempo. 

En este panorama actual, el Aprendizaje Basado en Proyectos (en adelante, ABP) cobra especial relevancia en el aula de idiomas, dado que el eje central de esta metodología docente es aprender haciendo. En esta entrada veremos la utilidad del ABP para el aprendizaje del inglés como lengua extranjera en el aula de Educación Infantil. En concreto, veremos en qué consiste el ABP para el aprendizaje del inglés y las mayores dificultades que puede presentar esta metodología cuando se pretende aplicar al aprendizaje del inglés con alumnos de corta edad, como son los del segundo ciclo de Educación Infantil (3 a 6 años). 

¿Qué significa aprender inglés bajo el ABP?

Cuando el aula de idiomas se rige por el ABP, los alumnos aprenden inglés a través de la realización de un proyecto en grupo. El proyecto debe estar centrado en una temática particular y próxima a la realidad del alumno (por ejemplo, animales, la familia, etc.) e incluir una serie de tareas o actividades intermedias necesarias para poder elaborar una tarea final vinculada al mismo (por ejemplo, una presentación oral tipo role play, un póster, una canción, etc.). 

Como hemos mencionado al principio, los alumnos deben dividirse en pequeños grupos (cuatro o cinco personas) en los que trabajar de manera colaborativa realizando las tareas propuestas por el maestro. De esta forma, los alumnos van adquiriendo la lengua extranjera de manera natural y casi inconsciente. 

Además de aprender inglés, conviene tener en cuenta que el ABP permite que los más pequeños empiecen asumir pequeñas responsabilidades individuales (por ejemplo, cuidar el material escolar) y aprender normas básicas de convivencia social (por ejemplo, saber escuchar al otro), las cuales son necesarias para el buen funcionamiento del grupo. Esto les servirá de gran ayuda en su buena integración en la sociedad cuando sean adultos. 

Dificultades del ABP en Educación Infantil

Aunque el ABP es un método docente que se utiliza cada vez más para el aprendizaje de idiomas, dado su versatilidad y el aumento de la práctica oral en lengua inglesa, no está tan asentado en la etapa de Educación Infantil como en otros cursos académicos superiores. En este periodo escolar, los alumnos no suelen tener un gran dominio del idioma (en muchas ocasiones tampoco son fluidos en su lengua materna), tanto a nivel oral como escrito, y los maestros se enfrentan a la dificultad añadida de “dejarles trabajar solos”, cuando las responsabilidades que pueden asumir son muy limitadas y en esas edades todavía precisan de supervisión constante por parte de una figura adulta. Por ello, conviene tener en cuenta una serie de pautas para que la experiencia en el aula sea positiva, atendiendo a dos de los problemas más frecuentes reportados por los maestros cuando se plantean utilizar el ABP en el aula de idiomas por primera vez.

“Mis alumnos no saben hablar ni escribir en inglés”

El segundo ciclo de Educación Infantil, los niños tienen en muchos casos su primer acercamiento a la lengua extranjera y esta se suele dar en pleno proceso de desarrollo de su lengua materna, por lo que la experiencia debe ser lo más positiva posible para que la transición hacia el inglés sea satisfactoria. 

Para ello, el maestro debe orientar el proyecto hacia el juego, basando su contenido en cuestiones que los alumnos puedan ver reflejadas en la vida real (por ejemplo, el cuerpo, las emociones, hábitos saludables, etc.), como antes mencionamos, con expresiones en inglés muy sencillas y repetitivas para crear rutina en el aula. 

Además, se debe dar prioridad a la comprensión auditiva (la escucha en inglés) por encima de la producción oral (hablar en inglés), respetando el “tiempo de silencio” de los más pequeños, es decir, el periodo en el cual el niño no puede hablar en inglés o no muestra predisposición para ello, a pesar de llegar a tener cierto nivel de comprensión oral. Así, debemos permitir a los alumnos demostrar su comprensión de las instrucciones en inglés del docente o las de sus compañeros de grupo mediante cualquier medio de expresión, por ejemplo, su cuerpo, realizando gestos o pequeñas acciones que demuestren su entendimiento, e incluso, desde el uso de su propia lengua materna. 

Por último, el aprendizaje debe producirse no solo desde la práctica de la propia lengua inglesa, sino desde la experiencia, integrando en los proyectos objetos manipulativos (por ejemplo, marionetas, flash cards, etc.) que permitan a los niños realizar tareas que faciliten su desarrollo psicomotriz. 

En definitiva, aunque en el aula de idiomas se espera que los alumnos aprendan inglés, este debe ser el objetivo secundario del maestro. Es importante que los niños se diviertan en los proyectos y vean las clases de inglés como un espacio seguro en el que seguir desarrollándose a todos los niveles y potenciar su creatividad.

“Mis alumnos son muy pequeños para trabajar solos”

Como mencionamos anteriormente, para que los alumnos trabajen mediante ABP, deben estar divididos en grupos. Esto lleva al temor de ¿podrán apañárselas solos? ¿Sabrán qué hacer cuando el maestro esté supervisando otro grupo? Para que no ocurran situaciones no deseadas, es importante que el docente fije un “contrato de compromiso” desde el primer día, en el cual los alumnos sean conocedores de cómo deben comportarse dentro del grupo. Este contrato se debe comunicar de todas las formas posibles para facilitar su comprensión (ayudas visuales, gestos, etc.) e incluir normas muy sencillas para que el alumno vaya aprendiendo desde bien pequeño cómo relacionarse con otros desde el respeto (por ejemplo, “si un compañero está hablando, escúchalo”).

Además de esto, sería conveniente que el maestro fijase roles en cada grupo, los cuales podrían rotar en los siguientes proyectos, y su cumplimiento precisaría de su supervisión. Así, los alumnos tendrán una mayor implicación en la realización de las tareas y sabrán cuál es su papel dentro de su pequeña comunidad de trabajo. Los roles deben ser muy sencillos y su tipología atenderá a la función desempeñada por el alumno. Por ejemplo, speaker (el portavoz del grupo), materials manager (el alumno encargado de recoger, repartir y hacer que se respete el material que usa el grupo en las distintas tareas) o helper (el alumno encargado de prestar ayuda a sus compañeros cuando estos lo necesitan). La lista de roles es diversa y tan amplia como quiera el maestro. 

Conclusiones

Aunque la incorporación del ABP en el aula de idiomas del segundo ciclo de Educación Infantil presenta particularidades que hay que atender, y el maestro debe contar con un gran repertorio de recursos didácticos para poder cubrir las necesidades de todos los niños, plantear soluciones a estos dos problemas frecuentes podría suponer un buen punto de partida para su aplicación en el aula. 

La enseñanza de idiomas no solo consiste en sacar a los alumnos de la zona de confort, sino también a los propios docentes, probando nuevos métodos de enseñanza que permitan explorar las capacidades de los pequeños, por grande que a priori parezca el reto.

Referencia

Mañoso-Pacheco, L. y Estrada-Chichón, J.L. (en prensa). Formación inicial de docentes de inglés (lengua extranjera) en el Aprendizaje Basado en Proyectos. Una guía para su implementación en Educación Infantil. Gruppo Editoriale Les Flaneurs.

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