Noticias - D-TRANS: De la reflexión a la acción – detectar, desactivar y transformar el racismo discursivo

El racismo que cabe en una frase hecha

Auror: Dr. Víctor-Emanuel Ciuciuc

29 may 2026 - 13:20 CET

El racismo que cabe en una frase hecha

Una mirada pragmática a las rutinas verbales que sostienen el racismo cotidiano y por qué la lingüística puede convertirse en una herramienta para detectarlas, desactivarlas y transformarlas

Hay una creencia bastante extendida de que el racismo, para serlo, tiene que sonar racista. Que se reconoce por el insulto, por la consigna directa, por el gesto de exclusión sin matices. Quien se mueve con cierta frecuencia en debates sobre integración, migración o convivencia sabe, sin embargo, que esa imagen es solo la punta visible. La mayor parte del racismo que circula hoy por las conversaciones del trabajo, los titulares de portada y los comentarios de Instagram no se presenta como tal: se desliza en construcciones que parecen neutras, en cumplidos aparentemente bienintencionados, en giros tan repetidos que ya nadie repara en ellos. Detectarlo exige otra clase de oído, y aquí la pragmática presta una ayuda decisiva.

Dos nociones resultan particularmente útiles para entender ese funcionamiento sutil: los pragmatemas y las inferencias pragmáticas, entre ellas las implicaturas y las presuposiciones. Conviene presentarlas con calma, porque son las herramientas que después permitirán hacer el trabajo que D-TRANS propone: detectar, desactivar y transformar.

Las fórmulas que ya no nos sorprenden

Un pragmatema es una unidad lingüística prefabricada cuya forma queda fijada por la situación en que se usa, y no por su mero significado literal. Lo formuló con precisión Igor Mel’čuk en el marco de la Teoría Sentido-Texto, y ha sido desarrollado, en el ámbito hispánico, por autores como Xavier Blanco y Salah Mejri. La diferencia con una colocación o una frase hecha cualquiera está en su anclaje pragmático: el pragmatema funciona porque encaja con una situación social tipificada. Decir «que aproveche» cuando alguien come, «lo siento mucho» en un velatorio o «encantado de conocerte» en una presentación no son simples elecciones léxicas. Página 13 | Imágenes de Pragmatica - Descarga gratuita en FreepikSon piezas casi automáticas que la comunidad reconoce y espera.

Algunos pragmatemas, sin embargo, vehiculan racismo. Y lo hacen precisamente porque su automaticidad los vuelve invisibles. La fórmula «no es por ser racista, pero…» es probablemente el ejemplo más estudiado. Su valor pragmático no consiste en negar el racismo, sino en autorizar el enunciado que viene a continuación con una especie de inmunidad anticipada. Quien la pronuncia activa un guion conversacional conocido, y el interlocutor entiende, sin necesidad de explicación, que lo que sigue será una observación que el hablante mismo intuye problemática. Otros pragmatemas operan en la misma franja: «yo no soy racista, tengo amigos de allí», «es que son muy suyos», «qué bien hablas español» dirigido a alguien nacido y criado aquí. Funcionan como rutinas, y su carácter rutinario es lo que les permite circular sin levantar resistencias.

Lo que se dice sin decir

A las fórmulas se les suma una segunda capa, menos visible aún: la de las inferencias que el hablante no enuncia pero invita a reconstruir. Aquí Grice y sus continuadores aportan la lente decisiva. Las implicaturas conversacionales son aquello que se comunica sin decirse, lo que el oyente infiere a partir del enunciado y del contexto. Cuando un titular informa de que «un ciudadano de origen marroquí» ha cometido un delito y, paralelamente, omite la nacionalidad o el origen cuando el autor es español, la implicatura se construye sola: la procedencia explicaría algo, sería pertinente, ayudaría a entender. No hace falta que el periodista lo afirme; basta con la asimetría sistemática para que el lector saque sus propias conclusiones.

Las presuposiciones añaden otra dimensión. Una presuposición es información que el enunciado da por sentada, no como contenido nuevo, sino como base compartida. Si alguien dice «todavía no se han adaptado a nuestras costumbres», presupone que existe un nosotros homogéneo, dueño de unas costumbres claras, y un ellos que debería adaptarse. La discusión no recae sobre ese marco implícito, sino sobre el detalle de la adaptación. El marco se cuela como dado, y discutirlo cuesta más porque exige primero hacerlo visible.

En medios y redes, estas mecánicas se amplifican. Página 4 | Imágenes de Redes - Descarga gratuita en FreepikUn titular sobre «la avalancha de migrantes» no describe un hecho neutro: la metáfora hidráulica presupone una amenaza incontrolable, evoca un esquema cognitivo de desbordamiento y borra de un trazo la dimensión humana de las trayectorias singulares. Un comentario que abre con «yo no tengo nada contra ellos, pero…» reproduce, calcada, la fórmula del descargo previo. Un vídeo en redes que muestra a una mujer racializada hablando con acento y añade el subtítulo «increíble lo bien que se expresa» activa, sin nombrarla, la presuposición de que no se esperaba que lo hiciera. En cada caso, lo discriminatorio no se enuncia: se inscribe en lo que la frase asume como evidente.

Del análisis a la acción

La pragmática no es, por tanto, un saber meramente descriptivo. Convertida en herramienta de análisis, ofrece criterios para identificar dónde se aloja el sesgo cuando este no se declara. Permite distinguir entre una expresión ofensiva, fácil de censurar, y una fórmula naturalizada, mucho más difícil de cuestionar porque pertenece al repertorio compartido. Permite, sobre todo, mostrar que el problema no está en una palabra aislada, sino en el conjunto de rutinas, inferencias y presuposiciones que sostienen una determinada manera de mirar al otro.

Imágenes de Detectar - Descarga gratuita en Freepik

Aquí entra la propuesta transformadora de D-TRANS. Detectar es el primer paso, y exige atención al detalle: aprender a notar la fórmula que se repite, la implicatura que se desliza, el marco que se asume sin discusión. Desactivar significa interrumpir la rutina, hacer visible lo que el automatismo oculta, devolver al enunciado su carácter de elección y no de inevitabilidad. Transformar requiere algo más exigente: sustituir esas piezas por otras que reconstruyan la conversación en términos más justos. No se trata de imponer un nuevo manual de fórmulas obligatorias, sino de ensanchar el repertorio disponible, de ofrecer alternativas que no presupongan jerarquías y que no necesiten descargos previos para enunciarse.

Esa es, en última instancia, la apuesta del proyecto: trabajar el lenguaje no como un envoltorio del mundo, sino como una de las formas concretas en que ese mundo se construye y se sostiene. Lo que un pragmatema fija, otro puede desplazarlo. Lo que una implicatura asume, otra puede cuestionarlo. Cambiar la frase de siempre, esa que ya nadie nota, es una manera modesta y a la vez profunda de empezar a cambiar la convivencia.

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