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Cuando aprender inglés también es aprender a opinar

Autoras: Dra. Elena Domínguez-Romero y Dra. Anda-Lucía Ciltan

27 feb 2026 - 09:38 CET

Durante la pandemia, millones de estudiantes tuvieron que cambiar el aula por la pantalla. Clases por videollamada, tareas enviadas a través de plataformas digitales, menos contacto con compañeros. Fue una experiencia intensa. Pero, ¿qué pasó cuando esos estudiantes tuvieron que escribir sobre lo que estaban viviendo?

Un grupo de investigadores analizó casi 300 redacciones de estudiantes que aprendían inglés como lengua extranjera, tanto de primaria como de secundaria. Querían descubrir algo muy concreto: cómo expresaban sus opiniones, sus dudas y sus emociones al hablar de la educación en línea.

El resultado va mucho más allá de la gramática. Nos muestra que aprender una lengua también significa aprender a posicionarse en el mundo. Y ahí entra en juego algo fundamental: el pensamiento crítico. Porque opinar no es solo decir lo que uno piensa. Es aprender a argumentar, a matizar, a considerar otras perspectivas y a cuestionar las propias certezas.

No es solo lo que dices, sino cómo lo dices

Cuando escribimos, no solo transmitimos información. También mostramos si estamos seguros o no, si estamos de acuerdo o no, si algo nos preocupa o nos entusiasma. En inglés, esto se refleja en expresiones como ‘I think’, ‘maybe’, ‘I believe’, ‘we should’, ‘I can’.

El estudio distingue entre dos grandes formas de posicionarse. Por un lado, están las expresiones relacionadas con el conocimiento y la certeza, es decir, cómo mostramos que creemos algo o que lo consideramos cierto (conocidas como epistémicas). Por otro lado, están las expresiones más orientadas a la acción, cuando sugerimos, proponemos o indicamos lo que se debería hacer (conocidas como efectivas).

Puede parecer un detalle técnico, pero no lo es. Estas pequeñas palabras revelan cómo los estudiantes entienden lo que viven y cómo se sienten frente a ello; muestran hasta qué punto están desarrollando su capacidad para pensar de manera crítica, para evaluar situaciones y para formular juicios razonados.

Diferencias según la edad

En sus redacciones sobre la educación en línea, muchos estudiantes mencionaron tanto ventajas como desventajas. Sin embargo, lo más interesante no fue solo qué decían, sino cómo lo decían. Uno de los hallazgos más interesantes es que la manera de expresarse cambia con la edad.

Los estudiantes más jóvenes tienden a usar más expresiones sencillas como ‘can’ o ‘going to’. A medida que avanzan en su escolaridad, su forma de escribir se vuelve más compleja y diversa. Además, con el paso de los años disminuye el uso de ciertas expresiones más directas y aumenta la capacidad de matizar, interpretar y reformular ideas. En otras palabras, no solo mejoran su inglés, sino también su manera de pensar y argumentar, desarrollando, pues, su capacidad para expresar sus propios puntos de vista y para interpretar los puntos de vista de los demás.

Esto tiene una implicación clara. No se puede enseñar igual a un estudiante de 12 años que a uno de 16. La forma en que cada grupo expresa sus opiniones refleja su momento de desarrollo lingüístico cognitivo.

Diferencias entre chicos y chicas

El estudio también detectó patrones relacionados con el género. Las chicas, especialmente en niveles más tempranos, utilizaban con mayor frecuencia expresiones más complejas para expresar lo que pensaban y justificar sus ideas. Mostraban antes una forma de comunicación más reflexiva. Los chicos, en cambio, tendían más a utilizar expresiones orientadas a la acción o a señalar qué habría que hacer.

Estos resultados no implican que unos escriban mejor que otros; más bien indican la existencia de estilos comunicativos diferentes, posiblemente influidos por factores sociales y educativos, así como por el desarrollo lingüístico-cognitivo.

La pregunta es clara. Si sabemos que existen estas diferencias, ¿no deberíamos tenerlas en cuenta en el aula?

Más que vocabulario y gramática

El estudio subraya algo fundamental. Expresar opiniones con matices, mostrar acuerdo o desacuerdo, justificar ideas; todo eso forma parte de la competencia comunicativa. No basta con aprender tiempos verbales. También es necesario aprender a distinguir los matices, ver las diferencias entre decir ‘creo que’, ‘puede que’, ‘deberíamos’, o ‘estoy convencido de que’.

Esto les ayuda a participar en debates, escribir trabajos académicos y comunicarse con eficacia en contextos formales. Pero, más importante aún si cabe, les ayuda a desarrollar el pensamiento crítico. Permite a los estudiantes formular opiniones fundamentadas y, al mismo tiempo, procesar de manera más crítica las opiniones de los demás.

En un mundo cada vez más polarizado, donde los mensajes circulan rápidamente y las posturas tienden a simplificarse, saber matizar, cuestionar y analizar discursos se convierte en una habilidad clave.

Además, los investigadores destacan que la enseñanza debería adaptarse tanto a la edad como a las características de cada grupo. Los estudiantes más jóvenes necesitan más guía y actividades estructuradas. Los mayores pueden beneficiarse de tareas que fomenten la autonomía y la reflexión.

¿Qué podemos aprender de todo esto?

La pandemia obligó a cambiar la forma de enseñar. Pero también nos dio una oportunidad para escuchar a los estudiantes. Sus redacciones no eran solo tareas escolares. Eran testimonios. A través de pequeñas palabras como ‘maybe’ o ‘should’, estaban mostrando cómo entendían el mundo que los rodeaba.

Este estudio señala que enseñar inglés no es únicamente enseñar una lengua extranjera. Es enseñar a expresar opiniones con fundamento, a desarrollar pensamiento crítico y a descodificar los mensajes y las opiniones de los demás. Así que, profes, cuando leemos la redacción de un estudiante deberíamos preguntarnos no solo si está bien escrita, sino también cómo está construyendo su manera de ver el mundo.

Así que, profes, al corregir un texto no basta con valorar si está bien escrito: también deberíamos preguntarnos qué visión del mundo están aprendiendo a formular, y a normalizar, nuestros estudiantes con sus palabras.

 

Porque aprender a decir ‘I think’ puede ser el primer paso para aprender a tener voz propia.

*Basado en: Domínguez Romero, E., Sanhueza-Campos, C., Díaz-Vargas, C., Vildósola Campos, M., y Sáez Carrillo, K. 2025. Exploring the Use of Epistemic and Effective Stance Strategies in the EFL Classroom: Evidence From Reflective Writing. SAGE Open, octubre-diciembre, 1-19. https://doi.org/10.1177/21582440251378837.

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