¿Cómo se construye la imagen de las personas refugiadas en la prensa?
Autora: Dra. Anda-Lucía Ciltan
6 feb 2026 - 12:15 CET
Cuando leemos una noticia sobre personas refugiadas, solemos pensar que estamos accediendo a hechos objetivos. Pero ¿alguna vez nos hemos preguntado cómo se cuentan esos hechos? ¿Quién habla, desde dónde y con qué intención? El lenguaje nunca es neutro, y la forma en que los medios y los actores políticos hablan de las personas refugiadas influye directamente en cómo las percibimos como sociedad.
Este texto resume, en un lenguaje accesible, los principales resultados de una investigación que analiza cómo se construye la imagen de las personas refugiadas en la prensa rumana y en el discurso político de derechas. Aunque el estudio se centra en Rumanía, muchas de las conclusiones son fácilmente reconocibles en otros contextos europeos, incluido el español.
No solo qué se dice, sino cómo se dice
Imaginemos dos frases distintas:
- “Es evidente que la llegada de refugiados supone un problema”.
- “Yo creo que la llegada de refugiados supone un problema”.
Ambas transmiten una idea similar, pero no funcionan igual. En la primera, nadie asume explícitamente la responsabilidad de la afirmación. Parece una verdad objetiva, casi incuestionable. En la segunda, alguien se posiciona claramente y muestra que se trata de una opinión personal.
Este tipo de diferencias son clave. En el estudio se analizó cómo periodistas y políticos utilizan el lenguaje para presentar la información como un hecho neutro, como una opinión personal o como una llamada a la acción. Y los patrones son muy claros.
Más específicamente, se analizan dos formas de usar el lenguaje. Por un lado, el lenguaje epistémico, que tiene que ver con cómo se presenta la información, si algo se comunica como un hecho seguro, una opinión, una suposición o una verdad incuestionable. Por otro, el lenguaje efectivo, que orienta al lector hacia determinadas acciones o respuestas sociales, por ejemplo cuando se sugiere que “hay que actuar”, que “no se puede permitir” algo o que “es necesario tomar medidas”.
La aparente neutralidad y distancia de la prensa
En los artículos de opinión de la prensa, incluso cuando tratan temas sensibles como las crisis de personas refugiadas, se tiende a evitar un posicionamiento personal explícito. En lugar de decir “yo pienso” o “nosotros creemos”, los textos recurren con frecuencia a expresiones como:
- “Los datos muestran que…”
- “Todo indica que…”
- “Parece claro que…”
Este tipo de formulaciones crean una sensación de objetividad. El mensaje se presenta como algo que “se deduce” de la realidad, no como una interpretación concreta. Así, el medio mantiene una imagen de neutralidad, aunque en la práctica esté orientando la interpretación del lector.
Además, los artículos suelen centrarse en evaluar la información, en presentar cifras, informes o comparaciones. Se habla mucho de probabilidades, de escenarios posibles, de consecuencias. Menos de emociones, menos de responsabilidad directa, menos de acciones concretas.
Esto no significa que la prensa no influya, sino que lo hace de una manera más sutil.
Más implicación y más presión en el discurso político
El discurso político funciona de otra manera. En los discursos de políticos de derechas analizados, es mucho más frecuente encontrar frases como:
- “Creo firmemente que…”
- “No podemos permitir que…”
- “Debemos actuar ya”.
Aquí el hablante se implica directamente. Se presenta como alguien que sabe, que decide y que marca el rumbo. No solo se evalúa la situación, sino que se indica qué hay que hacer y quién debería hacerlo.
Este tipo de lenguaje busca movilizar. No se limita a describir la realidad, sino que intenta influir en ella. Por eso aparecen más expresiones de obligación, de necesidad y de urgencia. Se habla de lo que “hay que hacer”, de lo que “no se puede aceptar”, de lo que “es imprescindible”.
En términos simples, mientras la prensa tiende a decir “esto es así”, el discurso político suele decir “y por eso hay que hacer esto otro”.
Personas refugiadas: entre cifras y decisiones
Un efecto importante de estas estrategias es que las personas refugiadas aparecen a menudo como objetos del discurso, no como sujetos. Se habla de ellas en términos de números, flujos, impactos o problemas a gestionar. Rara vez se les da voz directa o se enfatizan sus experiencias individuales.
Cuando el lenguaje elimina a las personas concretas y las convierte en categorías abstractas, es más fácil que surjan discursos de deshumanización o de rechazo. No es lo mismo hablar de “miles de refugiados” que de “familias que huyen de una guerra”.
Aquí el lenguaje cumple un papel decisivo. No solo informa, también construye empatía o distancia.
¿Y qué pasa cuando el conflicto está cerca?
Un aspecto especialmente interesante del estudio es el análisis del caso de Ucrania. Al tratarse de un país vecino de Rumanía, cabría esperar un discurso más empático. Y, en parte, esto ocurre, pero sobre todo en el discurso político.
En ese contexto, los políticos utilizan más expresiones que indican intención y voluntad de actuar. Se habla más de ayuda, de compromiso, de respuesta. Sin embargo, incluso en este caso, la prensa mantiene en gran medida su estilo distante y evaluativo.
Esto muestra que la cercanía geográfica o emocional no garantiza automáticamente un cambio profundo en la forma de comunicar. Depende mucho del género discursivo y de los objetivos de quien habla.
¿Por qué importa todo esto?
Porque el lenguaje moldea nuestra percepción de la realidad. Si los medios presentan ciertos discursos como hechos incuestionables y otros como opiniones marginales, están influyendo en cómo entendemos fenómenos complejos como las migraciones forzadas.
Aprender a detectar estas estrategias nos permite leer con más espíritu crítico. Nos ayuda a preguntarnos quién habla, desde dónde y con qué intereses. Y, sobre todo, nos permite resistir discursos que normalizan el rechazo, el miedo o la exclusión.
Como dice el proyecto D-TRANS, el primer paso para transformar el racismo discursivo es detectarlo. Solo así podemos desactivarlo y avanzar hacia formas de comunicación más justas, responsables e inclusivas.
Entonces, después de leer esta entrada, quizá la próxima vez que leas una noticia sobre personas refugiadas, te fijes no solo en lo que dice, sino en cómo lo dice.