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Cómo congelar momentos de vida

Cristina García Rodero imparte un taller de fotografía documental

7 JUL 2016 - 19:54 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Miren la foto, es la protagonista. Este texto sólo acompaña. Cristina García Rodero, en primer plano. Sus alumnos del taller de fotografía documental, arropándola. Es un momento de vida congelado. Así define ella las fotos. Miren esta foto una vez más, porque es la protagonista.

Carla (de negro, ojos inquietos) tiene 17 años, “bueno casi 18” y es la más pequeña del taller. Cree que no ha aprovechado su ciudad, que la tiene que captar más con su cámara. “Soy tímida, me da corte tirar fotos, pero Cristina me ha dado fuerza y motivación”. La autora de la inolvidable España oculta le aconseja actuar con naturalidad y generosidad.

Sandra (manos en los bolsillos, piernas cruzadas, descaro), de 20 años y estudiante de Bellas Artes, escucha a su “icono” cómo debe entrometerse en el día a día de la gente que quiere fotografiar, pero siempre con límites. Su cámara va con ella en sus viajes. La India, aquí se nota la inspiración de García Rodero, le seduce y quizás vaya pronto.

La fotógrafa de la agencia Magnum pretende facilitar a los aprendices del taller el camino hacia la profesión, pero sobre todo “que amen su trabajo, que tengan pasión, que saquen fuerza de donde puedan, que no se aburran, que puedan crecer”.

Viajar, “para abandonar la burbuja de aquello que te protege”, arriesgar, investigar, descubrir, lanzarse al vacío, y abrazar la experiencia y la casualidad son acciones que Cristina García Rodero quiere que tengan en cuenta sus alumnos del taller.

En sus encuentros con los periodistas sigue dando voz a sus pensamientos. Agazapados, sus alumnos la retratan, mientras escuchan: “Necesito emocionarme para disparar, mi deseo es conocer” o “Mira por dónde vas y mira lo que otros han mirado”. Recuerda ante sus interlocutores que parte de su obra se basa en las fiestas populares porque allí encuentra alegría y la necesidad de la gente de romper con la rutina, de intentar ser feliz, “y eso es maravilloso para captarlo”.

En el jardín del María Cristina, una de las sedes de los cursos, García Rodero habla de la masificación de la fotografía, de los selfies, de cómo las redes sociales te quitan tiempo de vida, de la preponderancia de los famosos ante los descubridores de vacunas, del Holi –la fiesta del color de la India-… surgen más temas, pero sus alumnos la reclaman para exponer sus trabajos fotográficos. Cristina García Rodero entra la última en el aula.

Miren la foto, miren sus fotos.

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